OPINION
Se avecinan momentos críticos en la Historia de la Argentina, con las próximas elecciones presidenciales se percibe la llegada de un cambio que puede marcar un hito político y a toda la región –particularmente a Uruguay– nos mantiene con una genuina preocupación al respecto.
La Argentina es un país geopolítica – social – estratégica – económica y culturalmente de gran importancia. Una potencia. Sus dinámicas internas tienen efectos insospechables a veces en el contexto de una Latinoamérica ya de por sí muy agitada y a su vez acostumbrada a los golpes de timón y cambios de rumbo frecuentes.
Luego de leer este análisis de Alejandro Fantino, que explica algunos conceptos iluminadores de la realidad política argentina desde su particular mirada, nos resulta interesante compartirlo.
También podemos hacer algunas comparaciones con nuestra clase política y reflexionar hasta qué punto somos parecidos en el Río de la Plata.
FV
26 de septiembre de 2023, Por Alejandro Fantino para Diario El Observador de Uruguay
Intentaré explicar por qué “monarquía” es un término que le calza mejor a la corporación política de Argentina que “casta”. Si bien los argentinos, al igual que la mayoría de los países de América, vivimos en democracias presidenciales, a veces el sistema se deforma y se desvía de su verdadera naturaleza.
Comencemos analizando la palabra preferida por Milei: “casta”. ¿Qué es y cómo se caracteriza? Se trata de una estructura social rígida y jerárquica. Si te toca nacer en una casta, morís en esa misma casta. En una monarquía, en cambio, podés “nacer príncipe” y “morir siendo mendigo”, como le ocurrió a Eduardo II de Inglaterra –fue rey desde 1307 hasta 1327, fue luego depuesto y murió en prisión como un delincuente común y corriente–. En India, hasta hace poco, las castas superiores e inferiores casi siempre vivían en colonias segregadas, los pozos de agua no se compartían, los brahmanes no aceptaban ni una fruta de los shudras y solo podían casarse dentro de su propia casta.
Si tienen ganas de trazar analogías y sacar nuevas conclusiones, piensen en las similitudes entre los políticos argentinos y la casta de los Brahmán, mientras que el pueblo se asemejaría a los Shudras. Si quieren ir todavía más lejos, conecten al laburante “salido del sistema” que lo vota a Milei con los dalits y por ahí entenderemos mejor lo que pasó en las elecciones primarias en Argentina.
Sé que ustedes, los uruguayos, viven en democracia. Préstenme un ratito de su tiempo y permítanme que les muestre lo que aún sobrevive de monárquico en mi país. Los políticos argentinos se refieren a los votantes potenciales como “pueblo”, “gente”, etc., todas palabras que marcan una separación entre “ellos y nosotros”. “Ustedes ahí abajo y nosotros acá arriba”. Se escuchan frases como “hay que salir a caminar el territorio” (definición que encubre que la tierra les es propia), salen de sus castillos y cabalgan por los campos donde viven los siervos de la gleba. Salen de vez en cuando, sobre todo en tiempos de elecciones, como lo hacían los señores feudales en las cruzadas para reclutar soldados que marcharan por la fe. Ahora se los recluta por la “religión del partido”.
Los monarcas de mi Patria se hacen retratar como Luis XIV de Francia. El Rey Sol reinó desde 1643 hasta 1715 y se lo recuerda como uno de los monarcas más retratados de toda la historia; en Argentina presidentes, gobernadores e intendentes pueblan rutas y calles con sus fotos e imágenes. Su narcisismo y desconexión con la realidad son evidentes. Velázquez pintaba a Felipe IV, la imprenta “Pepito” retrata a Alberto, a Horacio, a Axel, a Gildo, a Jorge y a quien venga. Comparemos ahora movilidades: Napoleón se trasladaba en su caballo llamado “Marengo”, el Duque de Wellington montaba a “Copenhague” (un padrillo de color blanco). Los monarcas de Argentina andan en camionetas Van Hyundai H1 modelo 2023, con vidrios polarizados cuyas ventanillas no pueden técnicamente abrirse, detalle que los aísla aún más.
El nepotismo también domina la política argentina y, si uno tira de la piola, aparecen mordiendo tíos, primos, hermanos, amigos, mientras que los que estudian y se preparan la miran desde afuera por haber nacido con apellido distinto al del monarca. Ya sean parte de una casta o de una monarquía (en algún punto da lo mismo), lo cierto es que los que miran desde afuera se están empezando a cansar y, cuando una sociedad se asquea y se harta, se producen cambios que quiebran hasta los cimientos.
Para finalizar, recordemos la frase de Thomas Jefferson: “Cada generación necesita una nueva revolución”. Esto no significa que ella deba ser violenta, pero algo debe cambiar en Argentina. La política no puede seguir viviendo en palacios mientras mis compatriotas sobreviven a lo “Sísifo”, subiendo una roca todos los días para poder subsistir.