Por Fernando Vaccotti

La madrugada del 3 al 4 de agosto de 2025 marcó un punto de inflexión. En tres allanamientos simultáneos -dos en Montevideo y uno en Canelones- la Policía Nacional incautó más de 2.100 kilogramos de cocaína de alta pureza (94 %), valuada en más de 15 millones de dólares en Uruguay, y potencialmente 50 millones en su destino final: Europa.

La droga estaba enterrada y oculta en vehículos listos para ser embarcados. Según fuentes oficiales, se trató de una de las incautaciones más grandes desde 2019. El ministro del Interior, Carlos Negro, la calificó como un “golpe durísimo al narcotráfico”, en lo que parece ser el resultado de investigaciones iniciadas meses atrás.
Banda Fernández Albín: vínculos locales e internacionales
Según reveló El País, la banda implicada en esta incautación sería la organización criminal de los Fernández Albín, con base en Cerro Norte, Montevideo. Esta estructura, investigada desde abril, tendría un rol financiero dentro de una red más amplia con conexiones regionales.

Se sospecha que este grupo opera en coordinación con otras estructuras armadas lideradas por el conocido delincuente Luis “Betito” Suárez, y que podría haber vínculos con Sebastián Marset, el narco uruguayo más buscado del continente. Aunque esta conexión aún no fue judicializada, se están cruzando datos con otras causas abiertas en Paraguay, Brasil y Europa.

Los ladrillos de droga incautados tenían símbolos musicales, logos de marcas como “Hermès” y caracteres chinos con la palabra “Hong Kong”. Estos mismos signos ya han sido identificados en decomisos realizados en Amberes, Róterdam y Hamburgo. Uruguay ha solicitado apoyo a Interpol para rastrear estos códigos.
Comparativa histórica de incautaciones
A pesar de su magnitud, la operación “Nueva Era” no supera el récord absoluto del país:

No obstante, hay que destacar que muchas de las incautaciones más importantes no fueron detectadas en Uruguay, sino en puertos europeos de embarques originados en Montevideo, lo que muestra una debilidad estructural en el control portuario.
Uruguay como eslabón narco continental
Diversas investigaciones periodísticas y judiciales, tanto locales como internacionales, coinciden en una conclusión: Uruguay se ha transformado en un nodo logístico del crimen organizado transnacional. Su estabilidad institucional, baja percepción de riesgo y debilidad en controles portuarios y fronterizos lo han convertido en un país ideal para “blanquear” cargamentos antes de enviarlos a Europa o África.
La Operación A Ultranza PY, liderada por Paraguay con cooperación uruguaya, reveló cómo una red integrada por paraguayos, uruguayos y brasileños exportó más de 21 toneladas de cocaína en un solo año, utilizando vías legales y empresas fachada.
Marset: el rostro visible de un narco invisible
El nombre de Sebastián Marset aparece una vez más en el entramado delictivo. Líder del llamado Primer Cartel Uruguayo, Marset es buscado por Estados Unidos, Paraguay y Bolivia, y tiene conexiones con redes criminales en Emiratos Árabes, Brasil e Italia.
EE. UU. ofrece una recompensa de dos millones de dólares por información que permita su captura.
El escándalo por la entrega de un pasaporte uruguayo a Marset en 2021 aún resuena en el plano político uruguayo. Aunque el caso fue archivado por la Fiscalía, su figura sigue siendo un símbolo del narcotráfico sofisticado y empresarial, que opera en las sombras del Estado y con protección de redes legales.
Qué nos dicen los datos?
https://youtu.be/j6LydIhnwqc?si=KJDYwSWPuaOL4RM2
Según el último análisis de InSight Crime y los informes de UNODC:
En 2023, Uruguay incautó 3,3 toneladas de cocaína, la segunda cifra más alta de la región después de Colombia. Las principales rutas uruguayas hacia Europa se apoyan en contenedores contaminados con harina de soja, arroz o productos manufacturados. El puerto de Montevideo es uno de los más utilizados por el crimen organizado para exportaciones ilegales, principalmente hacia Amberes, Hamburgo y Róterdam.
Reflexiones finales: el crimen sin fronteras
El caso de las dos toneladas incautadas en Punta Espinillo es más que un hito operativo. Es una fotografía cruda del rol que Uruguay ha pasado a jugar en el nuevo mapa del narcotráfico global: ya no como mero país de paso, sino como plataforma de lanzamiento transcontinental.
Las bandas como los Fernández Albín, los vínculos con Marset, y las rutas internacionales exigen una revisión profunda de las políticas de control, cooperación regional y estrategia de inteligencia criminal.
En una era en que los delincuentes operan como multinacionales, el Estado debe actuar con la misma complejidad a riesgo de someterse a la captación por parte del COT.
Un pensamiento