Ecuador en alerta máxima: la guerra que desnuda la fragilidad del Estado

El crimen organizado avanza bajo fuego y silencio

Por Fernando Vaccotti

El espejo roto del Estado

Ecuador se ha convertido en el epicentro más reciente de la mutación criminal latinoamericana. Lo que en otros tiempos fue una república relativamente estable, hoy es un escenario de guerra híbrida donde las estructuras del crimen organizado han reemplazado al Estado en varias funciones básicas: seguridad, economía y hasta justicia paralela.

Los recientes incidentes registrados en Ecuador no hacen más que confirmar algo que venimos advirtiendo desde hace meses en nuestros medios y en particular el programa “El OJO”: el Estado ecuatoriano ha perdido el monopolio del poder coercitivo.

La violencia en Ecuador ha alcanzado niveles récord. Explosivos, atentados, asesinatos selectivos, motines carcelarios y ataques directos a cuarteles y comisarías muestran un país bajo fuego.

Las bandas ya no actúan en la sombra: dominan el terreno, los puertos y la política local.

De la gobernabilidad al control territorial

El gobierno de Daniel Noboa enfrenta un escenario de erosión acelerada del poder estatal. La estrategia de militarización y estados de excepción prolongados logra ganar tiempo, pero no territorio.

Bandas como Los Choneros, Los Lobos y Los Tiguerones se transformaron en verdaderas franquicias criminales transnacionales, articuladas con carteles mexicanos (Sinaloa, Jalisco Nueva Generación) y con redes balcánicas –especialmente la mafia albanesa– que controlan los flujos marítimos de cocaína hacia Europa.

Estas alianzas criminales se nutren de una geografía funcional al narcotráfico (puertos, rutas y selva) y de una institucionalidad corroída por la corrupción y la impunidad.

Ecuador es hoy un punto nodal del crimen organizado global, un territorio que dejó de ser ruta para transformarse en plataforma logística y operacional del narco.

La guerra híbrida y la captura del Estado

Lo que ocurre en Ecuador no es una simple ola de violencia, es una guerra híbrida criminal, donde el poder armado de las bandas se combina con la infiltración política, judicial y financiera.

En mis publicaciones anteriores -“El crimen organizado y la captura institucional en América Latina” y “Ecuador, un país sitiado”– señalé cómo estas estructuras avanzan sobre el Estado mediante la lógica de la sustitución funcional: proveen “seguridad”, controlan barrios, administran cárceles y compran voluntades.

Asimismo en reciente visita al país y entrevistas en vivo para mi programa con expertos de seguridad e inteligencia, académicos, militares en retiro y otros, he presentado una imagen de la realidad que se vive allí.

En este modelo, el crimen organizado deja de ser un actor marginal para convertirse en un poder paralelo que disputa legitimidad.

La violencia, por tanto, no es un fin sino un medio, es una forma de negociación territorial con el propio Estado.

Daniel Noboa bajo presión: la delgada línea del poder

El joven presidente ecuatoriano enfrenta una guerra interna de múltiples frentes.

La narrativa del “Estado en guerra” puede sostener su imagen de firmeza, pero también puede convertirse en un boomerang político. Si la ciudadanía no percibe resultados tangibles, el discurso se derrumba.

La pregunta que sobrevuela hoy Quito, Guayaquil y Esmeraldas es una sola:

¿Puede Noboa recuperar el control territorial o Ecuador seguirá deslizándose hacia un modelo de Estado fallido?

El tiempo juega en su contra.

El crimen no necesita ganar una guerra, ya solo le basta con mantener al Estado en jaque permanente.

Ecuador como advertencia regional

Lo que hoy sucede en Ecuador es una radiografía adelantada del futuro de Latinoamérica.

La combinación de debilidad institucional, economías ilícitas, corrupción y fragmentación política reproduce el mismo patrón que ya observamos en Venezuela, Haití y partes del norte argentino.

Estamos ante la Tercera/ Cuarta Ola del Crimen Organizado Transnacional; las organizaciones dejan atrás la lógica cartelizada del siglo XX para adoptar estructuras flexibles, descentralizadas y con alianzas políticas y financieras globales.

Ecuador es hoy el laboratorio de esa transformación, se ha montado un Estado asediado desde adentro y condicionado desde afuera.

El enemigo ya no lleva uniforme ni bandera.

Su territorio es el dinero; su ideología, el poder.

El precio del silencio ?

Cada vez que el Estado se repliega, el crimen avanza.

Lo hemos visto en Colombia, en México, en Brasil, y ahora, con crudeza, en Ecuador.

Mientras los gobiernos miran hacia las encuestas, los grupos criminales planifican a 20 o 30 años.

Por eso, como repito en El OJO, el desafío no es solo policial o militar: es estratégico, político y cultural.

La guerra en Ecuador no se libra solo en las calles, sino en la mente de sus ciudadanos.

Y esa, la guerra cognitiva, es la más peligrosa de todas.

Fernando Vaccotti es autor de “Bandas Criminales en Latinoamérica Tomos I y II”, disponibles en Amazon.

Programa en YouTube y LinkedIn “EL OJO: Estrategia, Seguridad y Poder”

🌐 www.vaccottifer.com | @vaccottifer

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Autor: Fernando Vaccotti

Former Field Security Officer OIM AMCA Venezuela. Consultor Privado en FV Consulting. Experto en Seguridad Internacional. Security Consulting Services & Solutions. Consultor Experto en Seguridad WFP (Programa Mundial de Alimentos ONU). Field Security Officer en OIM ONU -Migración. Soluciones en Seguridad Multidimensional. Pensando soluciones fuera de la caja. Out of box thinking.

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