Petro en el ojo de la tormenta: sanciones, crimen y geopolítica de Colombia

Por Fernando Vaccotti

Colombia atraviesa una de las etapas más críticas desde la firma del Acuerdo de Paz.

La violencia regresó al corazón político y urbano del país, con atentados dirigidos contra senadores, gobernadores, instalaciones públicas y oleoductos estratégicos.

Lo que antes se leía como “conflicto armado interno” hoy se manifiesta como una guerra híbrida, donde el crimen organizado, la política y la geopolítica regional se entrelazan.

Desde 2022, bajo el gobierno de Gustavo Petro, Colombia vive una mutación estructural de su violencia, representada por la fragmentación territorial, las alianzas criminales y las tensiones diplomáticas que se han convertido en un solo fenómeno.

El país oscila entre la paz prometida y el caos funcional. El factor Álvaro Uribe Vélez y su resurgimiento público sigue siendo una variable estructural en la política colombiana.

Geografía del riesgo: un país fracturado

La violencia ya no responde a lógicas ideológicas ni a territorios definidos, responde al control de economías criminales y poder local.

Así, el mapa se ha reconfigurado en tres niveles:

Suroccidente (Cauca, Valle, Nariño, Putumayo): el laboratorio del nuevo conflicto. Aquí se cruzan minería ilegal, narcotráfico, control social y ataques de visibilidad mediática.

Nororiente (Arauca, Catatumbo): dominio del ELN, guerra de oleoductos, frontera caliente.

Bogotá y eje cafetero: irrupción del crimen urbano organizado, atentados selectivos y células híbridas con motivaciones mixtas.

La inteligencia estatal opera en modo reactivo. El Estado llega después del estallido, nunca antes. Y en ese vacío, los grupos ilegales actúan como autoridades de facto.

Nuevos actores y métodos

El rostro del conflicto cambió.

El EMC-FARC (Estado Mayor Central) se consolidó como el actor armado más agresivo, con frentes como Jaime Martínez y Dagoberto Ramos. El ELN mantiene control territorial y una diplomacia armada que alterna mesa de diálogo con ofensiva táctica. El Clan del Golfo opera desde la economía criminal, integrando rutas, minería, puertos y lavado.

ELN

La violencia ya no distingue entre lo civil y lo militar: motos bomba, carrobombas, drones improvisados, sabotajes a energía y oleoductos forman parte del repertorio habitual.

El mensaje es simple: mostrar poder, crear miedo y disputar soberanía.

Casos emblemáticos: el salto al centro político

El atentado contra Miguel Uribe Turbay.

El 7 de junio de 2025, el senador y precandidato presidencial fue atacado a tiros en Bogotá.

El agresor – un menor de edad armado con una Glock 9 mm- marcó el regreso de los magnicidios como lenguaje político.

Uribe Turbay murió semanas después, convirtiéndose en símbolo del deterioro de la seguridad política.

Ataques coordinados en Cali y Cauca (junio 2025)

Más de 20 acciones simultáneas entre carrobombas, hostigamientos, explosiones.

El EMC-FARC mostró capacidad de planificación y control de narrativa y envió un poderoso mensaje: el Estado no domina el territorio.

Doble camión bomba en Cali (agosto 2025)

Siete civiles muertos y decenas de heridos.

El ataque confirmó que los grupos insurgentes reconfigurados ya no operan en la selva: operan en las avenidas.

Carrobomba en Suárez, Cauca (noviembre 2025)

Dos muertos y más de una docena de heridos.

El patrón se repite con ataques de alto impacto, sobre blancos simbólicos, en municipios que funcionan como frontera entre el Estado y el crimen.

Un cambio de actitud de Petro: diplomacia, sanciones y crimen transnacional

Maduro y Petro

El escenario interno se agravó con una crisis diplomática inédita. En julio 2025, los Estados Unidos de Norteamérica designaron al Cartel de los Soles – brazo criminal del régimen de Maduro – como organización terrorista internacional, y desplegaron un cerco naval en el Caribe para cortar rutas de narcotráfico y contrabando. Se ofrecen recompensas por brindar información que ayude a la captura de Maduro, Cabello y Padrino.

La reacción de Petro marcó un quiebre histórico al declarar su apoyo explícito a Nicolás Maduro, mientras el líder venezolano era formalmente requerido por delitos de narcotráfico. Revocación de su visa por Washington y sanciones personales a su familia (octubre 2025) como ser congelamiento de cuentas y bloqueo financiero. Discurso desafiante: “ni un paso atrás, y nunca de rodillas”.

El resultado fue un cambio de alineamiento estratégico. Por primera vez en décadas, Colombia dejó de ser un aliado central de EE.UU. en la lucha antidrogas y pasó a ocupar una posición ambigua entre Caracas y Washington.

Las consecuencias se proyectan en tres niveles:

Seguridad interna debilitada: los grupos armados perciben grietas políticas y operativas.

Inteligencia en retroceso: ruptura en los flujos de información y cooperación antinarcóticos.

Geopolítica alterada: Colombia pasa a ser escenario de competencia entre crimen, Estado y potencias.

Infraestructura crítica bajo asedio

El conflicto actual se libra en la red arterial del país:

Oleiducto atacado por bandas criminales

Oleoducto Caño Limón–Coveñas: ataques y derrames; operaciones suspendidas en julio 2025. Oleoducto Transandino: voladuras repetidas; paralización ordenada por la Corte Constitucional. Estaciones policiales y carreteras estratégicas: objetivos tácticos de alto valor.

Estos ataques combinan impacto económico, ecológico y político e interrumpen exportaciones, generan pánico y proyectan la imagen de un Estado vulnerable.

Efectos políticos y económicos

La violencia híbrida reconfigura la vida política:

La política se encarece, seguridad privada, chalecos, logística. La ciudadanía se retrae, miedo, abstención, autocensura.

El crimen coloniza el discurso público, apropiándose del relato de “orden”. La economía se resiente: bloqueos, rutas cerradas, fuga de capitales. Las democracias vecinas miran con alarma el efecto contagio regional.

Prevención e inteligencia de anticipación

La única respuesta viable es inteligencia de anticipación, no represión tardía.

Detectar señales antes del estallido como movimientos financieros anómalos, compras de vehículos o insumos sospechosos, patrones de reclutamiento juvenil, y nuevas alianzas territoriales entre crimen y política.

Se requiere una arquitectura de inteligencia regional, cooperación con países afines y trazabilidad de flujos económicos que financian la violencia.

Sin eso, el país seguirá actuando a ciegas.

Algunas conclusiones

Colombia está en transición entre la paz discursiva y la violencia funcional.

Los atentados ya no son episodios, son instrumentos de poder.

El crimen opera como un proto-Estado paralelo que regula miedo, economía y política.

“La violencia política no es un retorno al pasado: es la manifestación contemporánea de una soberanía en disputa.”

Si el Estado no reconstruye legitimidad, otros lo harán. Y en ese vacío, la gobernabilidad se reemplaza por la administración del miedo.

Datos destacados

  • En años recientes Colombia recibía hasta ≈ US$ 440 millones anuales por parte de USAID para programas de construcción de paz, derechos humanos, iniciativas de reintegración y desarrollo alternativo.
  • Entre 2018 y marzo de 2024, la cooperación bilateral de EE.UU. con Colombia (incluyendo asistencia militar) acumuló aproximadamente US$ 3.23 mil millones.
  • Para el 2023, se estimaba que Colombia había recibido más de US$ 740 millones en asistencia de EE.UU. según datos periodísticos.

Vacíos y dinámicas de cambio

  • En 2025 se reportó que varios programas de USAID fueron congelados o suspendidos, lo que genera incertidumbre sobre montos futuros.
  • También en 2025 se anunció un recorte o suspensión de parte de la ayuda de EE.UU. a Colombia, lo que impactará la cifra total.

Rubros principales de asistencia

Cooperación humanitaria / desplazados internos.

Ayuda para construcción de paz y reintegración (desmovilización de combatientes, programas sociales en zonas de conflicto).

Asistencia militar y de seguridad (equipamiento, entrenamiento, cooperación antinarcóticos).

Desarrollo económico-social y programas de sustitución de cultivos ilícitos.

Medio ambiente/conservación (por ejemplo programas en la Amazonía).

La cooperación de los Estados Unidos con Colombia se ha dado durante décadas bajo múltiples rubros: asistencia militar, seguridad, desarrollo social, construcción de paz, medio ambiente y humanitaria. Sin embargo, los montos, distribución por rubro y condiciones han variado sustancialmente en los últimos años, y más aún bajo el gobierno de Gustavo Petro, cuando empezaron a observarse interrupciones y congelamientos de programas.

Tabla: Ayuda de EE.UU. a Colombia (rubros seleccionados)

Año / PeriodoRubroMonto estimado*Fuente / Notas
2023Asistencia total bilateralUS$ 743 369 476“U.S. Foreign Assistance by Country – Colombia” sitio oficial.
Últimos años (hasta mar-2024)Cooperación bilateral (militar + desarrollo)~ US$ 3.23 mil millonesReuters señala que entre 2018 y marzo de 2024 acumuló ese monto.
Circa 2024/25Programas de la USAID (desarrollo / paz)Hasta US$ 440 millones/añoReuters indica suspensión de fondos; ese era el nivel estimado.
2025 (proyección)Programas de USAID para ColombiaUS$ ~ US$ 413 millonesSegún el Ministro de Ambiente colombiano, propuesta para 2025.

* “Monto estimado” porque no siempre están desglosados públicamente por rubros muy finos (militar vs desarrollo vs medio ambiente vs paz).

Seguridad, legitimidad y poder en disputa

Escenarios hacia las elecciones 2026 en Colombia

Colombia se aproxima a unas elecciones marcadas por una atmósfera de violencia política, desconfianza institucional y reacomodo geopolítico.
La combinación de atentados, sanciones internacionales y fragmentación del orden interno crea un entorno electoral de alto riesgo y consecuencias hemisféricas.

Proyección regional

El proceso colombiano trasciende sus fronteras.
Si el país entra en un ciclo de inestabilidad electoral, los efectos de desborde se sentirán en:

  • Ecuador y Panamá (rutas del narcotráfico y migración irregular).
  • Venezuela (uso del territorio como retaguardia de grupos armados y lavado).
  • Caribe y EE.UU. (cerco naval, monitoreo de inteligencia y control marítimo de flujos ilícitos).

El Caribe se transforma así en un espacio estratégico de contención: no solo contra el narcotráfico, sino también contra el contagio político.

Colombia se enfrenta a una elección que definirá no solo un presidente, sino el tipo de Estado que sobrevivirá a esta etapa.
El país deberá elegir entre:

  • reconstruir legitimidad, seguridad y alianzas,
    o
  • profundizar la deriva hacia una gobernabilidad de supervivencia, donde el crimen organiza la política y el Estado gestiona su propia fragilidad.

“La política colombiana entra en modo de emergencia.
Cada voto será una decisión entre orden o disolución, entre autoridad o miedo.”

Matriz de Riesgo Político (2025-2026)

Variable claveDescripciónImpacto
Violencia políticaMagnitud y frecuencia de atentados contra candidatos, sedes o votantes.Alto
Seguridad territorialControl real de FF.AA. sobre corredores estratégicos.Muy alto
Cooperación internacionalNivel de cooperación USA-Colombia (inteligencia, antinarcóticos, financiación).Alto
Economía y desempleoCondición socioeconómica general y percepción de bienestar.Medio
Percepción presidencialNivel de aprobación de Petro y su capacidad de sostener alianzas.Muy alto
Polarización mediáticaIntensidad del enfrentamiento discursivo en medios y redes.Medio-alto

Escenario “Desbordamiento y crisis de gobernabilidad” (probabilidad media-alta / indeseable)

El Estado no logra controlar la escalada de violencia ni garantizar condiciones electorales en regiones clave.

  • Se multiplican los atentados, secuestros y desplazamientos previos a los comicios.
  • Zonas enteras o “territorios grises” quedan fuera de la administración electoral formal.
  • Grupos criminales o armados interfieren directamente en la elección local mediante coerción o manipulación de votos.
  • El discurso anti-EE.UU. y el alineamiento con regímenes autoritarios profundizan el aislamiento diplomático.

Resultado probable:
Una elección fragmentada, con resultados contestados, baja participación (<40 %), y crisis de gobernabilidad inmediata.
Riesgo: ruptura del equilibrio institucional, protestas masivas y posibilidad de estado de excepción parcial.

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Autor: Fernando Vaccotti

Former Field Security Officer OIM AMCA Venezuela. Consultor Privado en FV Consulting. Experto en Seguridad Internacional. Security Consulting Services & Solutions. Consultor Experto en Seguridad WFP (Programa Mundial de Alimentos ONU). Field Security Officer en OIM ONU -Migración. Soluciones en Seguridad Multidimensional. Pensando soluciones fuera de la caja. Out of box thinking.

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