Análisis previo a la elección del 16 de noviembre de 2025
Por Fernando Vaccotti
Chile llega a las elecciones de mañana con un clima político cargado, una ciudadanía inquieta y un sistema institucional que todavía arrastra las heridas del proceso constitucional fallido y de los años posteriores al estallido social. No es una elección más: es, quizás, la primera elección verdaderamente definitoria desde 2019, porque determina el rumbo de un país que aún no logra volver a una narrativa de estabilidad, orden y crecimiento sostenido.
Lo particular de este proceso es la combinación de tres vectores que, juntos, están redibujando el mapa político chileno:
Seguridad y crimen organizado como eje dominante del voto. El país pasó de ser un caso atípico de baja criminalidad regional a convivir con delitos violentos, crimen transnacional y estructuras asociadas a bandas como el Tren de Aragua. La ciudadanía lo siente de forma directa y vota en consecuencia.
Migración como factor estructural del debate. No solo por el fenómeno en sí, sino por cómo se percibe su vínculo con la inseguridad. Es un discurso que favorece a los sectores más duros y penaliza cualquier ambigüedad gubernamental.
Cansancio político y polarización. El péndulo chileno -que recorrió izquierda, centro y derecha en la última década- vuelve a reordenarse. Y lo hace con voto obligatorio, lo que puede movilizar tanto frustración como rechazo.
En este marco, la contienda se ordena alrededor de dos polos:
Jeannette Jara, candidata oficialista respaldada por la izquierda, con énfasis en políticas sociales, fortalecimiento del Estado y continuidad del proyecto iniciado por Boric.
José Antonio Kast, líder de ultraderecha que capitaliza la demanda de orden, control fronterizo, deportaciones masivas y autoridad fuerte.
La foto final dependerá de factores finos como participación, voto escondido, niveles de fragmentación en la derecha y la capacidad del oficialismo de movilizar sectores jóvenes y urbanos.
Qué está en juego
Chile define mucho más que a su próximo presidente. Si mantiene un rumbo progresista o gira hacia una derecha dura con mandato de “recuperar orden”. Si reconstruye confianza en las instituciones o continúa el desgaste. Si logra estabilidad parlamentaria o entra en un ciclo de bloqueo permanente. Y, sobre todo, si supera la fase de inestabilidad post-2019 o si se encamina a un nuevo ciclo de polarización social y política.
Escenarios Probables
Escenario 1 – Jara lidera la primera vuelta y enfrenta a Kast en un balotaje extremadamente polarizado
Probabilidad alta.
Este es el escenario que muestran la mayoría de los análisis políticos: una izquierda competitiva pero sin mayoría absoluta, y una derecha que, pese a su fragmentación, consolida a Kast como el rival más fuerte en seguridad y migración.
Características de este escenario.
La participación masiva del voto obligatorio puede favorecer a la izquierda en sectores populares, pero la derecha mantiene voto duro muy disciplinado. El centro político queda casi sin capacidad de moderación entre las dos propuestas. La elección de segunda vuelta se transforma en un plebiscito sobre dos modelos de país o sea Estado social vs. Estado securitizado y de control migratorio rígido. La gobernabilidad futura será compleja para cualquiera, ningún bloque lograría mayoría clara en un Congreso fragmentado.
Riesgo principal. Un balotaje extremadamente polarizado que reproduzca las tensiones de 2019–2022, debilitando la capacidad del próximo presidente de gobernar desde el día uno.
Escenario 2 – La derecha fragmentada desplaza a Kast y genera un “balotaje sorpresa” entre Jara y un candidato de derecha moderada
Probabilidad media.
No es el escenario más probable, pero sí posible si parte del electorado de derecha teme que Kast no gane en segunda vuelta, la campaña anti-polarización toma fuerza a última hora, o si el oficialismo moviliza masivamente a jóvenes, reduciendo el margen de Kast.
Características.
Permitiría un balotaje menos ideologizado y más centrado en economía, empleo y gobernabilidad. Sería un balotaje más “clásico” del sistema chileno, con moderación y búsqueda de acuerdos. El candidato de derecha moderada podría aglutinar apoyos anti-izquierda y ampliar su base.
Riesgo principal marcado por un gobierno de derecha moderada pero sin fuerza parlamentaria suficiente para ejecutar reformas, atrapado entre el ala dura y la izquierda legislativa.
Una conclusión primaria.
Chile vota en un momento crítico.
Mañana no solo se elige quién administra el Estado, sino qué narrativa domina los próximos años, la del orden y la frontera, o la de la redistribución y el Estado social.
Ambas tienen respaldo social real. Ambas expresan miedos y aspiraciones profundas. Lo que defina esta primera vuelta no cerrará la discusión, simplemente la llevará al terreno definitivo del balotaje.
Fuentes OSINT