Por Fernando Vaccotti
Hoy quiero hablar de algo que ya no es una hipótesis, ni un concepto teórico, ni una advertencia académica: es una realidad palpable, dolorosa, y profundamente peligrosa para todos nosotros. Me refiero al entrelazamiento indisoluble entre Seguridad y Defensa -dos áreas que, históricamente, nuestros países trataron de separar artificialmente- pero que hoy son una sola cosa. En Latinoamérica ya no se discute si Seguridad y Defensa se cruzan: la discusión es cuán tarde llegamos.
Seguridad bajo ataque es igual a Defensa Nacional en riesgo
En toda la región vemos el mismo patrón:
- Crimen organizado transnacional con poder militar
- Estructuras híbridas con inteligencia, financiamiento y alcance multinacional
- Actores estatales cooptados
- Territorios paralizados por el miedo
- Población sometida por la violencia
Cuando la Seguridad interna es atacada por organizaciones con capacidad militar, entonces lo que está en juego es la Defensa Nacional.
Así de simple.
Eso explica por qué las líneas se borraron. Porque ya no se trata de ladrones, pandilleros o “delito común”: hablamos de ecosistemas criminales, no de grupos. Redes que mueven dinero, armas, información, tecnología, discursos y narrativas. Redes que influencian política, economía, justicia y vida cotidiana.
La tercera y cuarta ola del crimen organizado llegaron para quedarse
Ya lo dijimos muchas veces:
- La tercera ola, como explican entre otros Douglas Farah y Pablo Zeballos y nosotros suscribimos y desarrollamos, es la del crimen organizado como actor político, financiero y territorial, con capacidad de captura estatal.
- La cuarta ola, que venimos documentando, es peor: es la ola del crimen híbrido transnacional, que opera como “proto-Estados” con alianzas estables, cadenas logísticas continentales y control social local.

La región entera está viviendo estas dos olas a la vez en diferentes niveles.
Aterrizaron. Se instalaron. Y están mutando más rápido de lo que los Estados pueden responder.
La evidencia está ahí, a cielo abierto:
- Ecuador con zonas completas bajo dominio criminal.
- Brasil con facciones que controlan puertos y barrios enteros.
- Chile con mafias extranjeras que ya operan como paraguas del delito local.
- Paraguay como corredor crítico del negocio global de drogas y armas.
- México con carteles que desafían al Estado desde hace tres décadas y siguen expandiéndose.
- Colombia con la capacidad de mutación criminal más sofisticada de la región.
- Uruguay sintiendo el remezón de lo que pasa alrededor, con puertos vulnerados y bandas conectadas al PCC, CV, Monos, Tren de Aragua y estructuras locales como los Albín y vinculaciones con el círculo del capo narco Marset.
Una región donde ser político, juez o periodista se volvió mortal

En este contexto, los asesinatos no son hechos aislados:
son advertencias. Son mensajes. Son mecanismos de gobernanza criminal.
Políticos ejecutados en México, Ecuador, Colombia, Haití.
Jueces y fiscales perseguidos, atacados, amedrentados.
Periodistas asesinados por investigar lo que nadie quiere ver.
Operadores humanitarios, voluntarios y líderes comunitarios silenciados.
Esto no es “delincuencia”: es terrorismo criminal. Es guerra híbrida contra la sociedad civil.
Cuando se mata a figuras públicas, el mensaje es claro:
“Nosotros decidimos quién vive y quién muere. Nosotros somos la autoridad”.
Ahí es donde Seguridad y Defensa se fusionan sin remedio.
Venezuela: el modelo de captura criminal del Estado
Y si queremos ver qué pasa cuando un país pierde la batalla a tiempo…
miremos a Venezuela.
Un país secuestrado por una estructura criminal que gobierna, recauda, reprime y negocia con otras redes criminales.
El Cartel de los Soles no es un “grupo criminal”: es el Estado.
Es el Estado capturado, funcionalizado, puesto al servicio de una organización delictiva con socios internacionales.
Eso es lo que pasa cuando los pueblos no reaccionan a tiempo.
Cuando las señales se ignoran.
Cuando la erosión institucional se normaliza.
Venezuela es el espejo incómodo donde el resto de la región se ve y no quiere reconocerse.
Lo que dejó el encuentro en Miami Dade College (IDEA
Hace muy pocos días, en Miami, durante la reunión del grupo IDEA en Miami Dade College, se dijo algo fundamental:
Latinoamérica está en un punto de quiebre. Y no hay espacio para la ingenuidad.
Las intervenciones de los expresidentes Álvaro Uribe y Andrés Pastrana fueron un baño de realidad. Una clase magistral de geopolítica regional.
Pastrana habló de la captura criminal del Estado venezolano como el epicentro de la desestabilización regional.
Uribe fue aún más directo: si el crimen organizado y las dictaduras aliadas siguen expandiéndose, Latinoamérica entrará en un ciclo de violencia política y criminal que puede durar décadas.
Ambos coincidieron en algo clave: la región está infiltrada, penetrada y amenazada por redes criminales que operan en coordinación con regímenes autoritarios.
Uribe, con su claridad habitual, dijo que si no se toman decisiones duras ahora, tendremos generaciones enteras viviendo bajo dominio criminal.
Pastrana advirtió que la desinformación, el financiamiento ilegal y la penetración institucional ya no son tácticas aisladas: son estrategias integrales.
Lo que dijeron -y lo que no dijeron- deja claro que estamos en una transición profunda hacia un nuevo mapa de poder en la región.
¿Y dónde quedan nuestros países? ¿Qué hacemos nosotros?
Los Estados latinoamericanos siguen tratando el crimen organizado con instrumentos del siglo pasado:
- policías sobrepasadas,
- jueces sin protección,
- fiscales expuestos,
- sistemas penitenciarios convertidos en cuarteles criminales,
- fronteras porosas,
- puertos vulnerados,
- discursos simplistas,
- diplomacias tímidas.
Mientras tanto, las organizaciones criminales:
- cooperan entre ellas,
- se integran,
- aprenden,
- se expanden,
- controlan territorios,
- compran lealtades,
- influyen en política,
- usan OSINT mejor que muchos Estados,
- usan drones, criptomonedas, inteligencia artificial, logística global.
Los Estados están en defensiva. Los criminales están en ofensiva. Ese es el problema.
Una conclusión dura, inevitable y necesaria
Y por eso lo repito:
Seguridad y Defensa dejaron de ser dos mundos separados. Hoy son una misma batalla.
Frente a la tercera y cuarta ola del crimen organizado: no alcanza con policías, no alcanza con reformas judiciales, no alcanza con buenos deseos.
Se necesita pensamiento estratégico de defensa, coordinación regional, Inteligencia avanzada, capacidad disuasiva, protección de autoridades, fortalecimiento institucional, Diplomacia de Seguridad. Y, sobre todo, anticipación.
Los pueblos deben reaccionar antes. No después. Porque después puede ser demasiado tarde.
Venezuela es la prueba viviente.
Estamos, como región, en un punto de inflexión.
Y este artículo en este espacio que construimos todos los días, intenta precisamente eso: anticipar, explicar, alertar, para que la reacción no llegue una década tarde.