Uruguayos: el gris que asfixia

El país que lidera rankings que nadie quiere ganar

Un artículo de Beatriz López López, publicado en Contraviento.uy el 9 de diciembre de 2025.

El artículo “Uruguayos: el gris que asfixia”, publicado en Contraviento, constituye una radiografía lúcida, dura y sin maquillaje de la sociedad uruguaya contemporánea y del estado actual de sus valores. Lejos de la autocomplacencia y del relato edulcorado de la excepcionalidad, el texto expone con crudeza los mecanismos culturales, emocionales e institucionales que sostienen el estancamiento, el conformismo y la negación colectiva.

Su autora, Beatriz López, es una autoridad reconocida en el campo de la neurobiología y el estudio de los procesos cognitivos y emocionales, lo que le permite articular un análisis que trasciende la coyuntura política o social para adentrarse en las capas más profundas del comportamiento colectivo. Desde ese lugar, el artículo no describe solamente síntomas: interpela estructuras mentales, patrones culturales y consensos tácitos que explican por qué el “gris” no es un accidente, sino una construcción social sostenida en el tiempo.

Duro e imperdible.

Opinión : Fernando Vaccotti

Enlace al artículo en Contraviento.uy : https://contraviento.uy/2025/12/09/uruguayos-el-gris-que-asfixia/

Uruguay no es una sociedad serena, sino una sociedad gris, caracterizada por conformismo, resistencia al cambio y una cultura que castiga la diferencia y protege intereses consolidados. Lo que suele presentarse como prudencia o moderación, en realidad es desidia, rigidez cognitiva y estancamiento sistémico.”

Una lectura desde la neurobiología del conocer y la comunicación humana
El Uruguay que no se dice. Uruguay no es prudente. Es rígido. Sufre de esa rigidez cognitiva que la ciencia nos urge a desmantelar para pensar mejor, adaptarnos más rápido, sobrevivir al cambio. Pero acá la rigidez no es falla del sistema. Es el sistema. Y tiene dueños.
La narrativa oficial dice que el uruguayo es gris por sabiduría, que aprendió a no gritar, que eligió la calma como escudo. La realidad es otra: el gris uruguayo no es serenidad, es desidia y conformismo blindado. Una sociedad donde si pensás distinto, si cuestionás lo establecido, si querés hacer las cosas de otra manera, el sistema mismo te expulsa. No con violencia explícita. Con silencio. Con puertas que se cierran. Con ese «acá las cosas se hacen así» que funciona como candado invisible.


Desde la biología del conocer de Humberto Maturana, este fenómeno tiene un nombre preciso: acoplamiento estructural. Los uruguayos no nacemos grises; nos volvemos grises en la convivencia recurrente con un medio que premia el silencio y castiga la diferencia. Somos sistemas autopoiéticos moleculares que nos autoconstruimos en interacción con nuestro entorno. Y nuestro entorno cultural ha establecido que destacar es peligroso, que cuestionar es conflictivo, que innovar es amenazante… y que lo hermoso, destacado es prohibido, rechazado y brutalmente excluido ¿hablamos de esto? Alguna vez escucha a algún uruguayo decir: ¡qué inteligente que es esa persona! tendiendo a cero… pero si está listo el juzgar al otro desde la superioridad imaginaria.


La república de las chacras
Uruguay funciona como un archipiélago de feudos protegidos. Cada sector tiene su chacra, su territorio cercado donde nadie entra sin pagar peaje. Y el sistema político, lejos de desarmarlas, las custodia.
La chacra del taxi
Uber intentó operar y el gremio de taxistas movió cielo y tierra hasta bloquearlo. No importó que miles de usuarios prefirieran otra opción ni que muchísimos uruguayos se pusieran a trabajar (¿no es que somos vagos?) Lo que importó fue proteger el territorio. Resultado: monopolio intacto, servicio mediocre, tarifas cautivas.
La chacra del transporte
Basta caminar por la calle Guayabos en Montevideo. Dos carriles, uno exclusivo para buses. Un extranjero me preguntó: «¿el de los buses arregló algo con la intendencia para conseguir esto?» La pregunta ingenua revela lo que los locales ya naturalizamos: acá todo se negocia, todo tiene dueño, todo se intercambia.
La chacra de la educación
El sistema educativo uruguayo es quizás el ejemplo más claro de territorio protegido. Cualquier reforma, cualquier propuesta de cambio, se enfrenta a una resistencia feroz. No importa que los resultados sean mediocres, no importa que la deserción crezca, no importa que los estudiantes lleguen mal preparados al mercado laboral. Lo que importa es mantener las posiciones conquistadas, esto en neurobiología humana se llama conservación & cambio. Dos factores que van de la mano… pero aquí el cambio no lo veo.
Y así se suman: la chacra de los puertos, la chacra de las estibas, la chacra de los combustibles, el portland, la de las financieras, la chacra de cada gremio que consiguió blindar su parcela. El resultado es una economía llena de candados.
El fundamento neurobiológico: dominios consensuales cerrados
Desde la biología del conocer, las chacras son dominios consensuales cerrados: espacios de coordinación de acciones donde solo participan quienes ya pertenecen. No hay diálogo genuino con el afuera porque el afuera es percibido como amenaza… en verdad ¿existe el afuera? La comunicación se vuelve autorreferente y sobre todo excluyente.
Maturana diría que estas estructuras se mantienen porque las emociones que las fundan —el miedo a perder, la desconfianza al diferente, la vanidad, el apego al poder y el deseo de ser servido (basta ver cómo gastan en comidas de fin de año y algo más) y comodidad del statu quo— se reproducen de generación en generación. El gris no es solo una cultura; es una deriva emoAccional que se ha cristalizado en instituciones.
El empresariado que no negocia y su deriva natural.
Los empresarios uruguayos, en general, no negocian: pagan paz sindical y el sindicato lo tiene más que claro. Es más fácil ceder ante la presión que enfrentar el conflicto. Es más cómodo aceptar condiciones abusivas que sostener una posición. Y esto no es debilidad individual; es un patrón cultural que la sociedad completa habilita y reproduce.
¿Por qué? Porque en Uruguay la violencia gana. No la violencia física necesariamente, sino la violencia simbólica, el hostigamiento, el escrache, la presión sostenida… como escuché una vez decir: «lo importante es estar bien con el compañero, no los resultados que tengan los industriales». El que aguanta más, gana. Y como la cultura premia la evitación del conflicto, el empresario típico prefiere pagar y sacarse el problema de encima.
La expulsión por micro-minorías
En Uruguay, si te vas a meter en algunos lugares, eres simplemente expulsado por micro-minorías que no aceptan algo distinto. Y lo hacen de forma violenta. No necesitan ser mayoría; necesitan ser lo suficientemente ruidosos, lo suficientemente persistentes, lo suficientemente dispuestos a hacer daño.
Esto explica por qué tantas personas con talento, con ideas, con energía, terminan yéndose del país o refugiándose en nichos donde no molestan a nadie. No es que Uruguay no tenga gente capaz; es que el sistema expulsa sistemáticamente a quienes cuestionan el orden establecido.
La democracia de los ausentes y todavía hay que escuchar ¡nosotros ganamos las elecciones! -como si tuvieran 5 años-
En las elecciones de octubre de 2024, más de 85.000 uruguayos votaron en blanco o anularon su voto. Casi 65.000 votos en blanco, más de 52.000 anulados. ¿Quién gana cuando tanta gente dice «ninguno»?
Ganan los que ya están. Ganan los que no necesitan nuevos votantes porque ya tienen los suyos asegurados. El voto en blanco no es rebeldía; es rendición disfrazada de protesta.
Observemos a quienes nos lideran. Un presidente que no hace dos frases seguidas. Que no sabe. Que no contesta. Que evita las preguntas difíciles con silencios estratégicos o respuestas evasivas. Y esto no parece molestar a nadie.
O tomemos el caso de figuras mediáticas que hablan de todo diciendo un disparate atrás de otro. Y eso parece que al uruguayo le gusta. ¿Por qué? Porque en una cultura que desconfía de la competencia, el mediocre es percibido como cercano. El que sabe demasiado genera recelo. El que habla con propiedad lo tildan de soberbio… pero juzgan al «soberbio» y el que juzga ¿Qué es?… esto lo veo en la privada y en la pública. En definitiva el gris premia al que no destaca. ¿Qué país estamos construyendo así? 
Lo que se oculta a plena vista
El uruguayo oculta. Esta es quizás la característica más definitoria de la cultura gris. No se muestra, no se cuenta, no se expone.
Hay mucha gente que no trabaja en Uruguay y se nota. Empleados públicos que cumplen horarios mínimos y un 20% de ellos que son hiperresponsables y trabajan por todos los otros. Desproporcionalidad brutal que tienen que soportar día a día. Sectores enteros donde la productividad es un chiste. Estructuras que existen para justificar sueldos, no para producir resultados. Pero nadie lo dice en voz alta.
Hay patrimonios que no se explican con sueldos declarados. Fortunas silenciosas que todos conocen y nadie menciona. Y se mandan de callados, porque preguntar es de mal gusto, porque señalar es conflictivo, porque el gris protege tanto al honesto como al corrupto.
No es que en Uruguay no se pueda destacar. Es que no gusta. Porque si alguien destaca, si alguien muestra lo que tiene, si alguien exhibe su competencia, entonces la pregunta inevitable es: ¿y los demás qué estuvieron haciendo? Antes de mirarse al espejo eligen romperlo. 
El Estado obeso
Los números son obscenos. Uruguay tiene 9 senadores por cada millón de habitantes. Estados Unidos tiene 0,3. Brasil tiene 0,4. En diputados es peor: 30 por millón contra 1,3 de Estados Unidos y 2,4 de Brasil.
Pero nadie habla de reducir. Porque cada banca es un feudo. Cada cargo es una red de lealtades, empleos, favores, contratos. Tocar eso es tocar intereses. Y los intereses, en Uruguay, no se tocan. Y así Uruguay se vacía de gente ¿quién quiere habitar en una cultura tan difícil? Solo si hay guerra en Europa volverán hacia aquí. Ya está sucediendo con Argentina, ellos si saben crecer porque tienen un Presidente que SABE HACER, promete y cumple… algo que en Uruguay no se ve.
El impuesto infinito y el déficit eterno
El uruguayo paga impuestos por existir. Si ganás, IRPF. Si gastás, IVA. Si ahorrás, Patrimonio. Si regalás, Donaciones. Si te jubilás, IASS. Si vendés tu casa, ITP. Y en el camino: multas, tasas, peajes, tributos municipales, contribuciones varias.
Los números que nadie quiere ver
Déficit fiscal 2024: 4,1% del PIB, el más alto en más de una década
Deuda pública: Aumentó más de 10 puntos del PIB respecto a 2019, llegando al 71% del PIB consolidado
Gasto primario: Creció 4,7% en términos reales, muy por encima del tope legal del 2,8%
La usura legalizada: otra chacra
En cualquier país serio, los responsables irían presos. En Uruguay, ponen publicidad en horario central. Las financieras son otra chacra más, blindada y protegida.
La ley de usura permite tasas máximas de hasta 122% anual para préstamos de consumo. Ciento veintidós por ciento. Eso significa que si pedís $20.000 prestados, podés terminar pagando más de $44.000. Y es perfectamente legal.
El espejo que no queremos ver
Pero hay datos que revelan algo más profundo. Datos que hablan de quiénes somos cuando nadie mira.

Datos que cuentan lo que el gris esconde y campeones en lo que no se cuenta.
Uruguay es el mayor consumidor de cocaína per cápita de América Latina y uno de los primeros del mundo, según datos de la OCDE, el Banco Mundial y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.
No es un dato aislado. Uruguay ocupa el sexto puesto mundial en porcentaje de población que consume cocaína. Y es el país del mundo con mayor porcentaje de tratamientos por cocaína: 91% de todos los tratamientos por drogas son por esta sustancia.
Y eso no es todo. Según el último Informe Mundial sobre Drogas de la ONU, Uruguay también lidera en la región en consumo de cannabis (14,6% de la población), éxtasis y opioides.

La droga que sí es legal.
Según la Organización Mundial de la Salud, Uruguay tiene el consumo de alcohol per cápita más alto de toda la región de las Américas. Son 11,1 litros de alcohol puro por persona por año.
Para ponerlo en perspectiva: eso equivale a 77 litros de cerveza, 41 litros de vino y 6 litros de licores destilados por persona al año. Uruguay es primero en América y duodécimo en el mundo en consumo de vino per cápita.
Uno de cada cinco consumidores de alcohol presenta uso problemático: abuso en ingesta, dependencia o uso nocivo. El 25% de los adultos tuvo un episodio de consumo excesivo en el último mes. Y entre los jóvenes de 13 a 17 años, ese porcentaje sube al 28%.
Como decía el Sr. Escohotado… “las drogas son el miedo a sí mismo y el comunismo el miedo a los demás” que en definitiva, es lo mismo. Coraje & humildad se requiere ¿tendremos que importarla?


El país donde robar es casi normal, no está mal visto y la cultura lo sostiene. 
La tasa de hurtos en Uruguay es de 3.205 por cada 100.000 habitantes. El promedio mundial es de 783. Cuatro veces más que el promedio global.
La tasa de robos (rapiñas) es de 522 por cada 100.000 habitantes. El promedio mundial es de 105. Cinco veces más que el promedio global.
Uruguay tiene una de las tasas de encarcelamiento más altas del mundo: 372 por cada 100.000 habitantes, ubicándose en el puesto 14 a nivel mundial. La superpoblación carcelaria supera el 30% de la capacidad. Como dijo un especialista en seguridad: «La cárcel en Uruguay es una universidad del delito.»

La tragedia silenciada
Uruguay tiene una tasa de suicidio de 21,35 por cada 100.000 habitantes. La media mundial es de 10,5. El doble.
Dieciséis personas mueren por suicidio cada semana en Uruguay. En 2022 se suicidaron 823 personas, la cifra más alta registrada. El suicidio es la primera causa de muerte de adolescentes y jóvenes entre 15 y 24 años.
Hay un intento de suicidio cada tres horas. Las tasas han aumentado 60% en las últimas décadas. Y Uruguay es la única región del mundo donde las tasas van en aumento, según la OPS.


¿Qué dice esto de nosotros?
Estos datos no son casualidad. Son síntomas. Son la expresión medible de una cultura que enferma.
Desde la biología del conocer, las emociones fundan las acciones. Si una sociedad consume más drogas que cualquier otra en el continente, si se droga, se emborracha, roba y se mata más que el promedio mundial, no es porque tenga peor genética. Es porque el espacio emocional en el que vive es insoportable.
El gris asfixia. Y cuando la asfixia se vuelve crónica, la gente busca escape. Unos escapan con sustancias. Otros escapan robando porque no creen en si mismos. Otros escapan quitándose la vida.
Watzlawick diría que estos son síntomas de un sistema disfuncional: cuando la comunicación genuina está bloqueada, cuando no hay espacio para la diferencia, cuando el conflicto está prohibido pero la tensión persiste, esa energía tiene que ir a algún lado. Va a la droga, va al alcohol, va al delito, va al suicidio.
El uruguayo vive en un dominio emocional de resignación. No hay esperanza de cambio porque el sistema castiga a quien lo intenta. No hay expectativa de justicia porque las chacras protegen a los suyos. No hay sentido de pertenencia genuino porque el gris nivela todo hacia abajo.
Y en ese desierto emocional, ¿Qué queda? Anestesiarse. Escapar. O rendirse… o sacar el coraje.

La deriva de los resultados
Y entonces llegamos a los otros resultados. Porque la cultura no es abstracción; es la forma en que vivimos. Y cómo es el uruguayo lo cultivamos entre todos.
Pobreza que crece donde más duele
17,3% de la población en situación de pobreza
32% de los menores de 6 años son pobres — la pobreza se infantiliza y los políticos lucran con la pobreza, se convirtió en una excelente tapa de revista que oculta conductas más graves. 
18,9% de pobreza multidimensional — carencias en educación, vivienda, servicios y empleo
Desempleo y exclusión laboral
7,3% de desempleo general con regiones como Tacuarembó llegando al 14,8%
25,1% de desempleo juvenil — uno de cada cuatro jóvenes sin trabajo
21,5% de trabajadores no registrados — más de uno de cada cinco en informalidad
La calle como destino
2.800 personas en situación de calle en Montevideo — 55% más que en 2019
El 92% consume drogas, el 46,7% estuvo preso
¿Cómo se llama esto?
Esto no es casualidad. Esto no es mala suerte. Esto es la deriva natural de un sistema que expulsa sistemáticamente a la gente que sabe y protege a la gente que no sabe hacer la O con un vaso.
Un sistema que premia la mediocridad y castiga la excelencia termina poblándose de mediocres. Un sistema que expulsa a los innovadores y protege a los conformistas termina sin innovación.

El código de la tribu
Uruguay es una sociedad donde hay que hablar y hacer según lo que dicta la cultura. No hay manual escrito, pero todos conocen las reglas: no te destaques demasiado, no critiques en público, no cuestiones al que tiene poder, no rompas las formas, no hagas preguntas incómodas (el periodismo es una gran prueba de ello). El que transgrede no va preso. Va al ostracismo, la exclusión que le hacen las mayorías silenciosas en las decisiones que toman cada 2,45 segundos. 
Eso no es prudencia. Es rigidez. Es una sociedad que se protege de los cambios porque el cambio amenaza las posiciones conquistadas.
El gris como trampa
El problema no es ser tranquilo. El problema es confundir tranquilidad con parálisis. El problema es romantizar la quietud cuando esa quietud es miedo disfrazado.
Uruguay no necesita menos gris. Necesita preguntarse a quién beneficia ese gris. Quién gana cuando nadie protesta. Quién gana cuando las chacras permanecen intactas. Quién gana cuando el Estado crece y los servicios empeoran. Quién gana cuando el que piensa distinto prefiere irse antes que pelear.
La pregunta incómoda
El gris uruguayo no es profundidad. Es superficie. Es la capa que tapa las preguntas que nadie quiere hacer:
¿Por qué somos campeones en consumo de cocaína y alcohol?
¿Por qué tenemos el doble de suicidios que el promedio mundial?
¿Por qué nos roban cuatro veces más que en el resto del mundo?
¿Por qué tenemos tantos políticos y tan pocos resultados?
¿Por qué protegemos sectores en lugar de ciudadanos?
¿Por qué expulsamos al que sabe y premiamos al que no hace nada?
Mientras no respondamos eso, el gris seguirá siendo lo que siempre fue: el color de la connivencia. El tono perfecto para que nadie vea lo que pasa debajo. Y los políticos si tuvieran un mínimo de dignidad estarían planteando HOY bajar la cantidad de políticos a la mitad. 
Epílogo: La autopoiesis del cambio
La neurobiología del conocer y la comunicación humana también ofrece una salida. Si somos sistemas que nos autoconstruimos en la interacción con el medio, entonces podemos elegir con quién interactuamos y cómo. Si las emociones fundan las coordinaciones de acciones, entonces cambiar las emociones es cambiar el sistema.
El primer paso es ver. Ver que el gris no es inevitable. Ver que las chacras no son eternas. Ver que la mediocridad no es destino. Ver que somos campeones en cosas de las que nadie debería enorgullecerse.
El segundo paso es nombrar. Porque lo que no se nombra no existe en el dominio del lenguaje. Y lo que no existe en el lenguaje no puede ser transformado.
Este texto es un intento de nombrar. De hacer visible lo que se esconde a plena vista. De romper el silencio sin pedir permiso.
Un país que se droga, se emborracha, roba, y se mata más que el promedio mundial no es un país tranquilo. Se elige vivir en el gris cuando tenemos el arcoiris delante… ¿podremos elegir otra cosa?
Es un país que sufre en silencio y ejerce violencia pasiva. 
Y un país que se calla no es sereno. Es profundamente cómplice del futuro que les estamos dejando a nuestros hijos y nietos… y parece que esto a nadie le importa.
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Nota metodológica: Este análisis se fundamenta en la biología del conocer de Humberto Maturana y Francisco Varela, los axiomas de la comunicación humana de Paul Watzlawick, y datos estadísticos oficiales del INE, BCU, MIDES, MEF, MSP, OMS, PNUD, OCDE y Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (2022-2025).

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Autor: Fernando Vaccotti

Former Field Security Officer OIM AMCA Venezuela. Consultor Privado en FV Consulting. Experto en Seguridad Internacional. Security Consulting Services & Solutions. Consultor Experto en Seguridad WFP (Programa Mundial de Alimentos ONU). Field Security Officer en OIM ONU -Migración. Soluciones en Seguridad Multidimensional. Pensando soluciones fuera de la caja. Out of box thinking.

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