Una jugada silenciosa en el tablero del Cuerno de África
El reconocimiento por parte de Israel de la región separatista de Somalilandia – territorio no reconocido internacionalmente como Estado independiente – debe leerse menos como un gesto diplomático y más como una maniobra estratégica de alto impacto geopolítico y militar.
Somalilandia, separada de facto de Somalia desde 1991, ocupa una posición geográfica crítica: domina la ribera sur del Golfo de Adén, frente al estrecho de Bab el-Mandeb, uno de los cuellos de botella marítimos más sensibles del planeta. Por allí circula cerca del 12–15 % del comercio mundial, incluido petróleo, gas y mercancías estratégicas que conectan Asia, Medio Oriente y Europa.
¿Qué gana Israel?
Para Israel, Somalilandia representa tres ventajas clave:
Proyección directa sobre el Mar Rojo Permite ampliar el radio de acción israelí más allá de Eilat, sumando profundidad estratégica frente a un espacio hoy tensionado por: a) Ataques hutíes a buques comerciales, b) Presencia iraní indirecta Intereses navales chinos, rusos y occidentales y c) Plataforma avanzada contra los hutíes.
A su vez, desde el Cuerno de África se puede: a) Vigilar lanzamientos de misiles y drones hutíes b) Interferir rutas logísticas y de abastecimiento c) Apoyar operaciones de inteligencia, ISR y guerra electrónica
También se puede posicionar como nodo en la guerra híbrida regional. El reconocimiento rompe el molde diplomático tradicional y normaliza el uso de “Estados no reconocidos” como piezas funcionales, algo que Israel ya ha explorado históricamente en otros escenarios periféricos.
El eje Israel – EAU – EE.UU.
Nada de esto ocurre en el vacío. Somalilandia ya había sido sondeada por Emiratos Árabes Unidos, que opera infraestructura portuaria en Berbera y la concibe como: punto logístico Hub comercial y plataforma de seguridad marítima.
Israel se suma a un eje pragmático que incluye a EE.UU. y EAU, donde el objetivo no es la estabilidad institucional de Somalia o Yemen, sino el control del espacio marítimo, la disuasión frente a Irán y la protección de rutas críticas.
Impacto directo en Yemen
Este movimiento empeora el entorno estratégico para los hutíes, pero también aumenta el riesgo de escalada:
Refuerza la narrativa hutí de “asedio israelí-estadounidense”.
Incentiva ataques más audaces contra el tráfico marítimo.
Consolida a Yemen como campo de batalla indirecto de una guerra regional ampliada.
En términos simples: Yemen deja de ser solo una guerra civil y pasa a ser una pieza más de un tablero que va del Mediterráneo oriental al Índico occidental.
Una lectura de este momento
El reconocimiento de Somalilandia por Israel no busca crear un nuevo Estado, sino crear una nueva palanca estratégica.
Es una jugada silenciosa, pero profunda, que confirma que el conflicto en Yemen ya no es local, ni siquiera regional: es estructural, y forma parte de la disputa por el control de los mares, las rutas y los equilibrios de poder del siglo XXI.