Venezuela, poder fragmentado y el error de celebrar la decapitación
Introducción
Días antes de que comenzaran a circular nuevos informes de centros de análisis internacionales, publiqué en este espacio un artículo que partía de una premisa incómoda pero necesaria: la captura del liderazgo en Venezuela no resolvía el problema del poder, lo fragmentaba.
Ese diagnóstico – lejos de ser una opinión aislada – hoy encuentra confirmación empírica en los trabajos de la Fundación Paz y Reconciliación (PARES), InsightCrime y en el documento estratégico de Douglas Farah y Pablo Zeballos, Criminal Decapitation Is Not the End of the Problem.
Este artículo no reescribe aquel análisis. Lo confirma, amplía y conecta con evidencia producida posteriormente.
Artículo previo:
1. PARES: transición sin Estado es fragmentación, no estabilidad
La Fundación Paz y Reconciliación ha sido clara en su advertencia: Venezuela no enfrenta un vacío de poder, sino una redistribución informal del control territorial y coercitivo.
En sus análisis sobre escenarios de transición, PARES sostiene que:
- El Estado formal perdió el monopolio de la fuerza
- Los actores armados no estatales son estructurales, no marginales
- Las economías ilícitas funcionan como sistema de gobernanza real
En este contexto, una transición política sin reconstrucción institucional no conduce a pacificación, sino a una reconfiguración violenta del poder.
Informes PARES:
https://www.pares.com.co
https://www.pares.com.co/post/venezuela-y-los-riesgos-de-una-transicion-sin-estado
2. InsightCrime: el crimen como arquitectura de poder
InsightCrime observa el mismo fenómeno desde el terreno operativo del crimen organizado. Su conclusión converge con PARES y con el análisis previo publicado en este blog: la criminalidad en Venezuela no es una consecuencia colateral del colapso, sino uno de sus pilares funcionales.
Sus investigaciones documentan que el país opera hoy como:
- Plataforma logística del narcotráfico
- Santuario para grupos armados
- Exportador regional de criminalidad (Tren de Aragua)
Estas redes no dependen de un liderazgo central, sino de rutas, mercados, protección armada y complicidades institucionales.
InsightCrime:
https://insightcrime.org/venezuela-organized-crime-news/
https://insightcrime.org/investigations/tren-de-aragua/
3. Farah y Zeballos: la decapitación como detonante de fragmentación
El documento de Douglas Farah y Pablo Zeballos aporta la clave estratégica que completa el cuadro:
Eliminar al liderazgo sin desmontar estructuras y economías ilícitas multiplica el problema.
Documento completo:
https://www.ibiconsultants.net/_upload/mediaandpublications/document/criminal-decapitation-is-not-the-end-of-the-problem.pdf
Los autores demuestran que la “decapitación” produce:
- Fragmentación criminal
- Competencia violenta entre sub-estructuras
- Alianzas oportunistas y mutación organizacional
- Violencia más imprevisible y expansiva
Este patrón se ha repetido en Colombia, México y Brasil. Venezuela reúne todas las condiciones para una versión agravada.
4. Factores que agravan el escenario venezolano
Farah y Zeballos identifican aceleradores específicos que refuerzan el diagnóstico adelantado:
- Colectivos armados urbanos fácilmente reconvertibles en milicias criminales
- Sistema penitenciario autogobernado, exportador de violencia
- Circulación descontrolada de armas, con impacto urbano y regional
La caída de una figura central rompe equilibrios informales y desata disputas, no ordena el sistema.
5. Tres miradas, un mismo diagnóstico
| Dimensión | PARES | InsightCrime | Farah & Zeballos |
|---|---|---|---|
| Enfoque | Gobernabilidad y transición | Crimen organizado | Estrategia criminal |
| Estado | Debilitado y fragmentado | Cooptado funcionalmente | Capturado estructuralmente |
| Riesgo | Fragmentación territorial | Expansión regional | Violencia adaptativa |
| Error común | Confundir transición con estabilidad | Minimizar redes | Celebrar decapitaciones |
Una visión común
Los informes no contradicen el análisis previo. Lo confirman.
Venezuela ya opera como un sistema pos-estatal, donde el poder real se ejerce desde redes armadas, criminales y económicas. La decapitación del liderazgo no cierra el ciclo: abre otro más complejo y peligroso.
El desafío no es político-simbólico. Es estructural.
Y su impacto excede largamente las fronteras venezolanas.