OSINT y Tercera – Cuarta Ola del Crimen Organizado Transnacional

“Latinoamérica no está en crisis: está mutando de un orden conocido hacia uno incierto.” (FV)

Informe y análisis por Fernando Vaccotti

Resumen Ejecutivo

Latinoamérica atraviesa una mutación profunda: el orden criminal ya no opera en la sombra, sino en el centro mismo del poder político, económico y comunicacional. En este escenario, la inteligencia de fuentes abiertas (OSINT) dejó de ser un insumo técnico para convertirse en un campo de batalla dentro del dominio cognitivo, donde Estados y organizaciones criminales disputan legitimidad, influencia y control territorial en tiempo real.

La tercera y cuarta ola del Crimen Organizado Transnacional redefine la región: estructuras híbridas, redes con lógica empresarial, economías ilícitas diversificadas, alianzas geopolíticas inesperadas y actores armados que producen, manipulan y explotan información como si fuera un recurso estratégico. El crimen hace OSINT del Estado, analiza sus conversaciones, estudia sus patrones operativos y utiliza plataformas digitales como armas psicológicas.

En este entorno saturado de datos, desinformación, deepfakes y propaganda criminal, OSINT se vuelve forense: verificar, geolocalizar, contrastar y anticipar. La ventaja ya no está en acceder a la información, sino en interpretarla con precisión. La inteligencia abierta permite detectar rutas, convoyes, desplazamientos, mutaciones y alianzas que preceden a la violencia; anticipa escenarios que muchas veces los Estados solo perciben cuando ya estallaron.

Las organizaciones criminales comprenden mejor que gobiernos enteros el dominio cognitivo. Operan con estrategias de comunicación, campañas de intimidación, microoperaciones psicológicas y construcción de relato.

Publican videos, proclamas y demostraciones de fuerza para moldear percepciones, y lo hacen con una velocidad que desafía a las estructuras estatales. La irrupción de la inteligencia artificial amplifica aún más esa asimetría.

En este nuevo tablero, OSINT deja de ser una metodología para convertirse en una doctrina de supervivencia estatal. Quien domine las fuentes abiertas, quien comprenda cómo circulan los flujos de información, cómo se manipulan narrativas y cómo se reconstruye legitimidad en un entorno contaminado, será el actor que marque el ritmo del conflicto.

La lucha por el poder en Latinoamérica ya no se libra solo en las calles ni en los parlamentos, se libra en el espacio digital, en las redes, en los metadatos, en los audios filtrados y en las imágenes que definen la percepción pública de la autoridad.

En un continente donde el crimen muta más rápido que las instituciones, la ignorancia informativa es equivalente al desarme estratégico.

El Estado que no domine OSINT será gobernado por quienes sí lo dominan.

——————————-

Hace pocos días, y por tercera o cuarta vez en los últimos dos meses, me tocó hablar en mis clases, en conferencias y debates en foros latinoamericanos un poco más a fondo de un tema del que publicamos y hablamos reiteradamente hace tiempo, como lo es el concepto de OSINT y su importancia estratégica, sus características y diferencias con otros tipos de inteligencia que se utilizan actualmente. Este campo de estudio se ha vuelto cada vez más relevante en la era digital, donde la cantidad de información disponible en línea es abrumadora. Nosotros la utilizamos y la mencionamos como fuente en las publicaciones, resaltando cómo acceder y analizar datos de manera efectiva puede ofrecer una ventaja competitiva.

Además, exploramos las herramientas y técnicas que se emplean en la recopilación de esta información, así como su aplicación en distintos ámbitos, desde la seguridad hasta el marketing digital, permitiendo a organizaciones y profesionales tomar decisiones más informadas y fundamentadas.

La información abierta dejó de ser un insumo técnico.
Hoy es un espacio de poder.
En Latinoamérica, donde los Estados se debilitan y los actores criminales adquieren rasgos de autoridad territorial y política, OSINT se ha convertido en un campo de batalla dentro del dominio cognitivo. Ya no se trata de recolectar datos, se trata de comprender cómo el poder, la narrativa y la legitimidad se disputan en tiempo real sobre plataformas visibles para todos.

La tercera y cuarta ola del crimen organizado transnacional, tal como la definen conocidos analistas y operadores de la Seguridad regional, no es una metáfora académica. Es una descripción precisa de una mutación estructural en la que las organizaciones criminales ya no actúan desde la periferia, sino desde el centro del sistema político y económico.

Controlan territorios, regulan violencia, administran recursos, generan empleo y hasta imponen reglas sociales que afectan a la vida cotidiana de los ciudadanos comunes. Este nuevo paradigma pone de relieve la complejidad de las redes criminales, que operan con una lógica empresarial, utilizando métodos sofisticados para expandir su influencia.

En esa lógica, el acceso a la información pública -tweets, videos, audios, transmisiones, foros- se convierte en una fuente estratégica de conocimiento que permite a las organizaciones criminales anticipar movimientos de sus rivales y del propio Estado.


OSINT entonces permite ver lo que los Estados no siempre logran ver, brindando así herramientas valiosas para la vigilancia, el análisis y la toma de decisiones en un entorno donde la opacidad y la corrupción a menudo dificultan la lucha contra el crimen organizado.

El crimen produce información

Durante mucho tiempo, la inteligencia de fuentes abiertas se usó para observar al crimen.
Hoy, el crimen también observa -y produce- información sobre sí mismo y sobre el Estado.

En esta etapa de transición de la tercera a la cuarta ola, los grupos criminales ya no solo dejan rastros pues fabrican su propio relato.
Difunden videos de convoyes armados, comunican fugas, publican “declaraciones” o proclamas, y utilizan las redes sociales como instrumentos de intimidación, control territorial y proyección simbólica. La narrativa criminal se volvió una herramienta de poder. Y en ese terreno, OSINT no solo sirve para recolectar datos, sino para neutralizar narrativas que buscan legitimar al crimen o debilitar la imagen del Estado.

Telegram, X, TikTok, Instagram y YouTube se han transformado en escenarios de competencia política. Cada mensaje o video se convierte en una microoperación psicológica. En muchos casos, el crimen actúa con mayor comprensión del “dominio cognitivo” que las propias instituciones.

El desafío OSINT en entornos contaminados

El entorno informativo actual es un espacio de guerra híbrida.
Desinformación, deepfakes, audios manipulados, videos editados y cronologías falsas conviven con datos reales. En este ambiente saturado, el trabajo del analista OSINT se vuelve forense. La tarea ya no consiste en acumular información, sino en verificarla, contrastarla, ubicarla geográficamente y evaluar su coherencia con otras fuentes.

Un claro ejemplo de la falta de ética de una cadena internacional manipulando un discurso del presidente Donald Trump, que al ser denunciado provocó la mayor crisis de la BBC en la era moderna.

Cada fotografía, cada metadato o cada sombra en una imagen puede ser un dato clave. Pero la velocidad con la que circula la información también puede convertir la verificación en un cuello de botella. Por eso, la credibilidad de una operación de inteligencia abierta depende de la capacidad del analista para discernir lo auténtico de lo manipulado.

OSINT ya no es una disciplina “blanda”. Se convirtió en un campo de combate informacional donde los errores se pagan con decisiones estratégicas equivocadas.

Otros ejemplos accesibles en las redes incluyen convoyes del CJNG en TikTok, videos del Tren de Aragua antes de operaciones, publicaciones de Los Choneros detectadas previo a ataques, Geolocalización OSINT de campamentos criminales en el Putumayo.

OSINT como herramienta de anticipación

“OSINT no es blando: es un campo de combate informacional.”

La utilidad real de OSINT no está en la descripción del presente, sino en su potencial de anticipación y generación de prospectivas.
Permite detectar patrones, rutas, desplazamientos y alianzas que preceden a los hechos.
Cuando se analizan con rigor, los datos abiertos permiten prever la mutación criminal antes de que el Estado la experimente.

Esto es particularmente claro en Latinoamérica, una región en dónde la expansión marítima del Caribe como corredor híbrido; la presencia balcánica en Sudamérica; las redes venezolano–iraníes; la guerra por la gobernanza narco en Ecuador y las economías criminales basadas en oro y minería ilegal pueden rastrearse con fuentes abiertas, y todo eso está redefiniendo el mapa del poder.

La inteligencia basada en OSINT no es observacional, es proactiva.
Permite anticipar la escalada y entender la lógica de transformación criminal.

El crimen hace OSINT del Estado

La tercera y cuarta ola ha llegado con una clara inversión de roles inédita: los grupos criminales hacen inteligencia abierta sobre el Estado.
Analizan redes sociales de policías y militares, detectan patrones de patrullaje, estudian horarios, discursos, contradicciones políticas, filtraciones internas y movimientos logísticos. Cada publicación institucional o personal se convierte en materia prima para planificar operaciones o medir capacidad de respuesta.

Enlace recomendado : https://www.crisisgroup.org/es/latin-america-caribbean/mexico/b50-fear-lies-lucre-how-criminal-groups-weaponise-social-media-mexico

En este contexto, OSINT deja de ser solo una herramienta de análisis.
Se convierte en un mecanismo de autoprotección institucional.
El Estado necesita dominar las mismas herramientas que usan quienes lo enfrentan.

La inteligencia artificial como multiplicador de poder

La irrupción de la IA ha cambiado radicalmente el equilibrio de poder informacional.
Ya no se trata de analistas humanos procesando datos, sino de sistemas capaces de analizar en segundos miles de imágenes, rostros, vehículos o patrones de comportamiento. La IA permite interpretar sentimientos sociales, detectar rumores, clasificar contenido sensible y construir alertas automáticas ante términos o coordenadas específicas.

Mientras los Estados aún discuten protocolos de adopción, los grupos criminales ya usan herramientas comerciales y automatizadas para inteligencia de fuente abierta.
La brecha tecnológica entre ambos actores se ensancha, y con ella, la vulnerabilidad institucional.

OSINT como doctrina de supervivencia estatal

En la tercera -cuarta ola, la lucha por el poder dejó de limitarse a la política y la violencia física.
Hoy se disputa también en los flujos de información.
La narrativa, la percepción y la capacidad de interpretación son los nuevos vectores de control.

OSINT no es una técnica, ni una moda tecnológica: es una doctrina de supervivencia del Estado contemporáneo.
Permite reconstruir autoridad en un entorno donde el crimen busca ocupar ese vacío.
Quien domina la información abierta -quien entiende cómo se produce, circula y manipula- domina el ritmo del conflicto.

La guerra por la legitimidad ya no se libra solo en las calles ni en los parlamentos.
Se libra en el espacio digital, en las redes sociales, en los mapas, en los audios filtrados y en las conversaciones públicas que moldean la percepción del poder.

Y en esa guerra, la ignorancia informativa equivale a desarme estratégico.

“El Estado que no domine OSINT será gobernado por quienes sí lo dominan.”

Avatar de Desconocido

Autor: Fernando Vaccotti

Former Field Security Officer OIM AMCA Venezuela. Consultor Privado en FV Consulting. Experto en Seguridad Internacional. Security Consulting Services & Solutions. Consultor Experto en Seguridad WFP (Programa Mundial de Alimentos ONU). Field Security Officer en OIM ONU -Migración. Soluciones en Seguridad Multidimensional. Pensando soluciones fuera de la caja. Out of box thinking.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.