Informe geopolítico y de seguridad Por Fernando Vaccotti
1. El país que casi nadie mira
Suriname es un punto apenas visible en el mapa de Sudamérica. Con poco más de 600.000 habitantes y una superficie menor a la de Uruguay, su ubicación parece irrelevante: una franja verde, húmeda y silenciosa entre Guyana y la Guayana Francesa, mirando al Atlántico.
Pero bajo esa aparente calma se mueve una maquinaria compleja de intereses, rutas ilícitas, explotación aurífera y crimen organizado que convierte a este pequeño Estado en una pieza clave – y poco analizada – del nuevo tablero del Crimen Organizado Transnacional (COT).

En los márgenes del continente, lejos del ruido de las grandes capitales latinoamericanas, Suriname se ha transformado en un espacio donde confluyen la minería ilegal, el tráfico de drogas, la trata de personas, la corrupción política y las redes internacionales de lavado de activos.
Todo ello, en un contexto de fragilidad institucional, historia autoritaria y un presente político que intenta navegar entre la pobreza estructural, la deuda externa y el boom petrolero que asoma en el horizonte.
2. Breve historia política: del militarismo a la fragilidad
Durante casi dos décadas, el nombre Desiré “Desi” Bouterse fue sinónimo del poder en Suriname. Golpista en 1980, acusado de narcotráfico por los Estados Unidos y condenado por crímenes de lesa humanidad, su figura marcó la historia reciente del país con una mezcla de populismo, corrupción y control militar.
Su salida del poder en 2020, y su posterior fuga de la justicia – hasta su muerte en diciembre de 2024 – cerraron un ciclo de impunidad y dejaron una institucionalidad profundamente debilitada.
En julio de 2025, Jennifer Geerlings-Simons, del Partido Nacional Democrático (NDP), se convirtió en la primera presidenta del país. Su llegada coincidió con el inicio de una nueva etapa: la promesa del petróleo offshore y la necesidad urgente de contener la expansión criminal en las zonas mineras y fronterizas.
3. Geografía criminal
Suriname es, en esencia, una selva sin control.
Más del 90% de su territorio está cubierto por bosques tropicales, atravesados por ríos caudalosos que funcionan como autopistas naturales para el contrabando. Las fronteras con Brasil y la Guayana Francesa son extensas y porosas; los controles, mínimos o inexistentes.
A través de esos corredores fluviales circulan oro, madera, combustible, armas, cocaína y personas.
En el litoral, los puertos del río Surinam y Nieuw Nickerie operan con escaso control aduanero, mientras el Aeropuerto Internacional Johan Adolf Pengel (PBM) mantiene conexiones directas con Ámsterdam, una de las principales rutas aéreas históricas del tráfico de drogas hacia Europa.
4. Economías ilícitas y convergencia criminal
El oro es hoy el verdadero motor – legal e ilegal – de Suriname.
Más del 70% de sus exportaciones dependen del metal, y gran parte de esa producción proviene de operaciones informales o directamente ilícitas, en manos de garimpeiros brasileños, redes chinas y empresarios locales que operan con protección política.
A la minería se asocian el trabajo forzoso, la trata de personas, la deforestación y el lavado de activos mediante empresas de fachada, comercios de oro y transacciones en efectivo.
La cocaína llega desde Venezuela y Brasil por vía fluvial y terrestre.
Parte sigue rumbo al Caribe; otra parte se embarca hacia Europa en contenedores o vuelos comerciales. En 2024 y 2025, varias incautaciones en Schiphol (Países Bajos) revelaron una red estructurada que utiliza vuelos regulares Paramaribo–Ámsterdam para transportar cientos de kilos de droga con la complicidad de personal aeroportuario.
Además, Suriname se ha convertido en un punto de tránsito y destino de trata de personas, especialmente para mujeres y niñas procedentes de Brasil, Haití, Venezuela y el Caribe, explotadas sexualmente o sometidas a trabajos forzosos en la minería, la pesca o la construcción.
5. Estado débil, captura y corrupción
El Estado surinamés exhibe una estructura institucional débil, permeada por la corrupción y la ineficacia.
Los organismos de control financiero y aduanero carecen de medios técnicos, el sistema judicial es lento y vulnerable, y las fuerzas de seguridad – con recursos limitados – enfrentan organizaciones criminales mucho más sofisticadas.
El resultado es una captura parcial del Estado, donde los intereses políticos y económicos se entrelazan con el crimen organizado en una red de complicidades que abarca desde los ministerios hasta los municipios fronterizos.
6. En la mira del futuro: petróleo, riesgo y oportunidad
El descubrimiento de grandes reservas offshore en el Bloque 58 (proyecto “GranMorgu”, liderado por TotalEnergies y APA Corporation) podría transformar la economía nacional en los próximos años.
Pero esa misma bonanza puede convertirse en el nuevo combustible del crimen organizado si no se establecen mecanismos sólidos de gobernanza, transparencia y control financiero.
Suriname enfrenta, así, una encrucijada histórica: o aprovecha su renta petrolera para fortalecer el Estado, o se convertirá en el nuevo “El Dorado criminal” del Atlántico, donde las economías ilícitas se mezclan con la política y el oro negro reemplaza al oro aurífero como vector de corrupción.
7. El tablero geopolítico del COT
En el contexto regional, las Guayanas – Suriname, Guyana y la Guayana Francesa – forman un corredor estratégico cada vez más codiciado por las redes criminales.
Al aumentar la presión policial y militar sobre Ecuador, Colombia y el Caribe hispano, las organizaciones del COT han desplazado parte de sus rutas hacia este eje amazónico y atlántico, aprovechando la débil presencia estatal y la cercanía con Europa vía el Atlántico Norte.
La ruta Suriname–Ámsterdam es, en la práctica, una autopista aérea del narcotráfico; los ríos interiores son las carreteras del oro y la trata; y los nuevos proyectos petroleros ofrecen un escenario de alto riesgo para el lavado, la corrupción y la infiltración de capitales ilícitos.
8. Reflexión final
Suriname no es una nota de pie de página. Es un punto caliente que conecta el Caribe, la Amazonia y Europa; un país donde el crimen organizado se camufla entre la selva, los minerales y la política.
Ignorarlo sería un error estratégico.
El desafío de Suriname es doble: sobrevivir a su riqueza y no hundirse en su oro.
Referencias seleccionadas – Suriname
- UNODC – World Drug Report
▪ Rutas de cocaína hacia Europa
▪ Corredor Guayanas–Caribe–Atlántico
▪ Convergencia drogas–oro–lavado - U.S. Department of State – Trafficking in Persons Report (Suriname)
▪ Trata laboral y sexual
▪ Explotación en minería aurífera, pesca y agricultura
▪ Evaluación de capacidades estatales (Tier 1) - OEA / CICTE – Country Reports
▪ Crimen organizado transnacional
▪ Seguridad portuaria y aeroportuaria
▪ Control fronterizo y cooperación regional - Global Initiative Against Transnational Organized Crime – Global Organized Crime Index
▪ Perfil criminal de Suriname
▪ Drogas, trata, lavado de activos
▪ Nivel de resiliencia institucional - Reuters – cobertura política y económica
▪ Transición política 2025
▪ Muerte de Desi Bouterse
▪ Riesgos de gobernanza y corrupción - TotalEnergies – Proyecto GranMorgu (Bloque 58)
▪ Descubrimientos offshore
▪ Proyección económica y fiscal
▪ Riesgos asociados a renta petrolera y captura del Estado - InSight Crime – análisis regional
▪ Suriname en el ecosistema criminal regional
▪ Conexiones con Brasil, Venezuela y Caribe
▪ Economías ilícitas convergentes - Dutch National Police / Schiphol Airport
▪ Incautaciones de cocaína vía Paramaribo–Ámsterdam
▪ Uso de vuelos comerciales y personal infiltrado
▪ Vínculos históricos con redes europeas