“La isla apagada: el final del mito revolucionario”
Resumen Ejecutivo
Seguramente los románticos de la revolución deben estar bastante tristes. Por lo menos mantuvieron una cierta ilusión y «militaron» la narrativa de la inexistente revolución cubana durante más de cinco décadas. Algunos hasta se lo creyeron realmente. Pero la realidad los alcanzó finalmente porque Todo Pasa. Y como casi siempre, las élites gobernantes se enriquecieron y el pueblo se arrastró entre el hambre y la pobreza. Los resultados están a la vista.
Cuba atraviesa el peor momento de su historia reciente: la crisis de combustible dejó de ser un problema técnico y se transformó en una amenaza existencial para el régimen. Apagones crecientes, caída del tránsito, parálisis logística y cancelación de vuelos por falta de jet fuel muestran un país que se apaga mientras Estados Unidos incrementa una presión integral que opera como bloqueo energético de facto.
La estrategia no se limita a sanciones: se expande hacia el control de rutas, intermediarios y proveedores, con señales claras de presencia naval en el Caribe. En este escenario, el castrismo vuelve a quedar expuesto: un sistema que vendió soberanía, pero vivió siempre del subsidio externo. Hoy Cuba ya no enfrenta una crisis económica: enfrenta una crisis de supervivencia política.
- Qué está pasando: colapso energético, apagones y deterioro de servicios básicos; crisis del turismo y logística.
- Por qué importa ahora: sin combustible no hay electricidad, transporte, hospitales ni alimentos.
- Qué cambia: el cerco energético se vuelve geopolítico: presión indirecta, naval y financiera.
- Impactos clave: caos social, mercado negro, migración masiva y posible fractura interna.
- Escenarios: negociación urgente, endurecimiento represivo, transición pactada o colapso desordenado.
Cuando el combustible se corta, el poder empieza a resquebrajarse.
Cuba se apaga: no es metáfora, es realidad
Cuba hoy no discute ideología: discute gasolina, diésel y electricidad. Los apagones se multiplican, el tráfico disminuye, la movilidad urbana se reduce, el transporte público se vuelve errático y hasta el turismo comienza a sentir el golpe con crudeza, varias aerolíneas internacionales han cancelado o modificado vuelos porque no pueden garantizar el combustible necesario para operar y regresar.
Esta es la evidencia más dura y muestra que la isla no solo está en crisis energética, está entrando en una fase de parálisis logística.
Y cuando un país entra en parálisis logística, la economía no se desacelera: se detiene.
El combustible como arma: la guerra logística del siglo XXI
La clave del momento cubano no está solo en La Habana. Está en el Caribe. Estados Unidos no necesita declarar un bloqueo formal para estrangular a Cuba. Puede imponer un cerco indirecto, selectivo y progresivo que combina:
- sanciones económicas tradicionales
- amenazas arancelarias contra terceros países
- presión sobre intermediarios y navieras
- advertencias a aseguradoras y operadores portuarios
- vigilancia y control del entorno marítimo regional
- presencia naval y capacidad de interdicción en rutas clave
Dicho de forma simple: el cerco es el bloqueo sin decir la palabra bloqueo.
Hoy la presión no es ideológica. Es logística. Y en geopolítica moderna, la logística es poder.
El Caribe vuelve a ser un tablero estratégico
Durante décadas el Caribe fue visto como un espacio periférico, casi turístico. Pero en 2026 vuelve a adquirir el peso histórico de un tablero estratégico global.
Y es que hay una verdad casi incontrastable, si se controla el Caribe, se controla:
- el flujo energético hacia Cuba
- el comercio marítimo regional
- las rutas ilegales y el contrabando
- la movilidad migratoria hacia Florida y Centroamérica
- la proyección de influencia extra-regional (Rusia, China)
Y esto es central para entender la coyuntura actual: quien controla el mar controla el combustible.
Con quién negocia Cuba una salida (si es que aún tiene margen)
El régimen cubano está obligado a negociar, aunque lo niegue públicamente. Sus posibles ventanillas de supervivencia son pocas y cada una tiene límites claros.
Estados Unidos
La llave principal está en Washington. Sin una flexibilización parcial o una negociación indirecta, Cuba no podrá reconstituir su cadena de suministro energético. La presión estadounidense es clara: no se busca solo castigar al régimen, sino asfixiar su capacidad operativa.
México
México aparece como actor bisagra, pero también como rehén geopolítico. Su margen es estrecho: puede intentar ayuda indirecta, pero no puede exponerse a represalias económicas de EE.UU. sin pagar costos internos enormes.
Rusia
Rusia puede sostener la narrativa, denunciar “agresión imperial” y respaldar políticamente al régimen. Pero Rusia hoy no tiene capacidad real para sostener indefinidamente el suministro energético cubano sin entrar en un conflicto logístico y financiero de alto costo.
China
China puede aportar respaldo y asistencia limitada, pero Beijing no suele financiar revoluciones perdidas. Su lógica es pragmática: invierte donde hay retorno estratégico o económico. Cuba parece no figurar en ninguna lista de prioridades para el gobierno chino, ocupado más en llevar adelante la guerra comercial con USA y mantener sus contactos fuertes en Latinoamérica.
Vaticano / Iglesia Católica
En escenarios de colapso social, la Iglesia suele ser la única institución con legitimidad suficiente para habilitar un canal de negociación, contención y transición.
Quiénes siguen siendo aliado y quiénes solo declaman
Hoy para Cuba hay que decirlo con crudeza: aliado no es quien declara apoyo, aliado es quien puede poner combustible.
Y ahí Cuba se encuentra prácticamente sola.
- Venezuela ya no puede sostener lo que sostuvo durante años.
- México duda y calcula.
- Rusia denuncia, pero no abastece.
- China evalúa, pero no rescata.
Cuba se quedó con una alianza simbólica, pero sin respirador.
Y en un Estado que depende del combustible para sobrevivir, el simbolismo no alcanza.
¿Se cae el régimen? La pregunta correcta puede ser otra
La pregunta no es si Cuba está en crisis.

¿Cuánto tiempo puede sobrevivir un Estado moderno cuando el combustible deja de circular? sin energía, sin divisas y sin legitimidad al mismo tiempo?
Porque el combustible no sostiene solo autos o aviones. Sostiene:
- hospitales
- transporte público
- distribución de alimentos
- logística portuaria
- cadenas productivas
- turismo
- movilidad de fuerzas de seguridad
- control social y capacidad de respuesta estatal
Cuando el combustible se corta, no hay crisis económica: hay crisis de poder.
Y cuando el poder entra en crisis, aparecen tres amenazas letales:
- fractura interna de élites
- protesta social acumulada
- fuga migratoria masiva
La gran mentira castrista: una revolución que nunca existió como proyecto nacional
La revolución cubana fue, en gran parte, un relato de propaganda sostenido por dos pilares:
- control total interno
- subsidio externo permanente
Prometió dignidad y entregó racionamiento.
Prometió independencia y terminó atada a la URSS y luego a Venezuela.
Prometió igualdad y creó una casta política y militar privilegiada.
Prometió futuro y entregó apagones.
Y ahora, en 2026, entrega el símbolo final de derrota: un país donde ni siquiera el aeropuerto puede garantizar combustible.
Eso no es crisis económica. Eso es colapso estatal en cámara lenta.

¿Qué viene después? Escenarios reales (no románticos)
Si el régimen no logra reabrir el flujo energético, el futuro inmediato se define en cuatro posibles escenarios:
Escenario 1: Negociación de supervivencia
La Habana acepta concesiones económicas y políticas parciales para recuperar oxígeno energético.
Este escenario implica mediadores, acuerdos discretos y concesiones controladas.
Escenario 2: Endurecimiento represivo
El régimen prioriza combustible para sectores críticos (seguridad, hospitales, élites), mientras el resto de la población queda sometida a racionamiento extremo y represión selectiva.
Escenario 3: Transición pactada
Un acuerdo interno con garantías (probablemente con rol de Iglesia o actores externos) abre una transición ordenada, pero con alto riesgo de manipulación por la élite militar.
Escenario 4: Colapso desordenado
La peor opción: apagón sistémico, protestas, represión, caos social y una crisis migratoria regional sin precedentes.
El combustible como sentencia de muerte política
El régimen cubano está entrando en una zona donde el discurso ya no funciona.
Cuando no hay combustible, la propaganda no mueve ambulancias.
No ilumina hospitales.
No hace volar aviones.
No transporta alimentos.
No sostiene una economía.
La revolución cubana, como mito, se sostuvo durante décadas. Pero como sistema, dependió siempre de un respirador externo. Hoy ese respirador se corta. Y cuando el combustible se corta, el poder empieza a resquebrajarse.
Cuba no está viviendo una crisis. Está viviendo el final lógico del castrocomunismo. En Cuba el combustible no era solamente energía. Era estabilidad política.