En las últimas horas participé en el debate de France 24 sobre la escalada de tensión con Irán y la estrategia de presión impulsada por Estados Unidos.
El punto central es claro: la política de máxima presión no es solo un instrumento diplomático, sino también una herramienta de reconfiguración geopolítica, que busca condicionar no únicamente el programa nuclear iraní, sino el equilibrio completo del poder regional en Medio Oriente.
Washington intenta imponer límites estrictos al programa nuclear, a las capacidades misilísticas y a la proyección indirecta de Irán mediante actores aliados. Sin embargo, Teherán interpreta cada presión como una amenaza existencial, reforzando su narrativa de resistencia y consolidando una postura defensiva que reduce las posibilidades de negociación real.
En este marco, el riesgo es evidente: la presión sostenida puede contener, pero también puede acelerar dinámicas de confrontación, empujando a Irán a respuestas asimétricas y a una mayor aproximación estratégica con Rusia y China.
La clave no está únicamente en sanciones o despliegues militares: el verdadero desafío es construir una arquitectura de negociación con incentivos creíbles, mecanismos verificables y control del escalamiento.
La crisis con Irán no es un episodio aislado: es un capítulo central de la disputa global por el orden estratégico del siglo XXI.
Mi intervención en France 24 (video)
Claves del debate
La presión de EEUU no es solo nuclear: es estratégica y regional. Irán responde con lógica de supervivencia y disuasión. El escenario abre espacio para Rusia y China como beneficiarios indirectos. El conflicto tiene derivaciones sobre seguridad energética, rutas marítimas y guerra híbrida. Sin una diplomacia fuerte, la presión puede transformarse en un ciclo de escalada.