Qué pasó este martes en Ginebra: Irán y Estados Unidos realizaron una segunda ronda de negociaciones indirectas sobre el programa nuclear en la sede de mediación facilitada por Omán. Según Teherán, se alcanzó un entendimiento sobre principios generales que podrían sustentar un acuerdo futuro, pero no hay un pacto definitivo ni plazos concretos para un texto final.
Contexto político y militar: Estas conversaciones ocurren en un ambiente de mucha tensión geopolítica. Washington ha elevado la presencia militar en el Golfo y la administración de Donald Trump ha advertido que, si no se logra un acuerdo sustantivo en poco tiempo, “cosas malas” podrían ocurrir, en un claro ultimátum diplomático con implicancias estratégicas.
La realidad detrás del discurso: El diálogo no ha superado las barreras estructurales: Irán insiste en preservar su derecho al enriquecimiento nuclear bajo supervisión internacional, mientras Estados Unidos quiere garantías estrictas sobre el límite de ese programa y otras cuestiones de seguridad regional. El progreso registrado es tímido y limitado a “principios”, pero es significativo porque mantiene canales abiertos justo cuando las tensiones militares han escalado y los plazos se estrechan.
Una conclusión analítica: Lo que ocurrió este martes no es un acuerdo, sino un paso táctico en una negociación estratégica de alto riesgo. Ambas partes están negociando desde posiciones rígidas – Irán defendiendo su programa y EE.UU. bajo presión militar y política interna – y, aunque se registró algún avance en los principios de discusión, el conflicto nuclear sigue lejos de una solución y muy cerca de un punto crítico. La diplomacia sigue abierta, pero la ventana para evitar una escalada mayor continua estrecha.