Latinoamérica ante el nuevo esquema estratégico de Estados Unidos

RESUMEN EJECUTIVO

El hemisferio occidental vuelve a adquirir centralidad en la planificación estratégica estadounidense en un contexto de competencia global creciente. El nuevo esquema no responde a una restauración hegemónica clásica, sino a una adaptación pragmática frente a un orden internacional fragmentado. La región ya no es periferia: es espacio de disputa geopolítica.

Claves centrales:

Estados Unidos redefine su enfoque hemisférico ante la expansión china, rusa e iraní. El crimen organizado transnacional se consolida como variable geopolítica. Energía, minerales críticos y nearshoring adquieren dimensión estratégica. La debilidad institucional regional condiciona cualquier realineamiento. Países como Chile pueden convertirse en nodos confiables dentro del nuevo esquema.

La pregunta estratégica es clara: ¿Latinoamérica actuará como sujeto o continuará siendo objeto de competencia global?

El sistema internacional atraviesa una fase de transición estructural caracterizada por competencia entre grandes potencias, fragmentación normativa y debilitamiento de regímenes multilaterales. La rivalidad estratégica entre Estados Unidos y China, la persistencia de la guerra en Europa oriental y la proliferación de conflictos híbridos han consolidado un escenario multipolar competitivo.

En ese contexto, el hemisferio occidental vuelve a ocupar un lugar central en la planificación estratégica estadounidense. No como periferia política, sino como espacio crítico de seguridad.

Del “pivot to Asia” al redescubrimiento hemisférico

Durante más de una década, la política exterior de Washington priorizó el Indo-Pacífico bajo el paradigma del “pivot to Asia”. Latinoamérica quedó relegada an agendas sectoriales – migración, comercio o cooperación antinarcóticos- sin una visión estratégica integral.

Sin embargo, la expansión económica y tecnológica china en la región, la presencia diplomático-militar rusa y la articulación de redes vinculadas a actores como Irán han reconfigurado la ecuación geopolítica hemisférica.

El hemisferio dejó de ser zona de influencia incuestionada. Es ahora un espacio de competencia estratégica.

El nuevo esquema estadounidense parece estructurarse en cuatro ejes principales:

Contención de actores extrahemisféricos en sectores críticos, seguridad de cadenas de suministro y nearshoring industrial, control de flujos migratorios irregulares y reconfiguración de la cooperación en seguridad y defensa.

Esta agenda responde a una lógica de seguridad nacional ampliada, donde economía, tecnología y crimen organizado convergen.

Crimen organizado transnacional como amenaza estratégica

Uno de los cambios conceptuales más relevantes es la creciente percepción del crimen organizado transnacional como variable geopolítica.

Organizaciones con capacidad de control territorial, penetración institucional y proyección regional no solo generan violencia local. Erosionan soberanía, degradan gobernanza y crean vacíos de poder explotables por actores externos.

La región enfrenta una etapa avanzada del crimen organizado transnacional: estructuras con capacidad de articulación transfronteriza, sofisticación financiera y aprovechamiento de economías ilícitas diversificadas (narcotráfico, minería ilegal, trata, contrabando, ciberdelito).

La cooperación en inteligencia estratégica, control financiero y fortalecimiento institucional se convierte así en elemento central del nuevo esquema hemisférico.

Energía, minerales críticos y resiliencia estratégica

Latinoamérica concentra activos esenciales para la transición energética global: litio, cobre, hidrocarburos no convencionales y corredores marítimos estratégicos.

Para Estados Unidos, garantizar acceso estable y confiable a estos recursos implica reducir vulnerabilidades frente a la dependencia asiática en minerales críticos y tecnologías sensibles.

La seguridad energética y la resiliencia de cadenas de suministro adquieren así dimensión geopolítica. El nearshoring industrial no es solo relocalización productiva; es reconfiguración estratégica.

La región presenta heterogeneidades significativas: democracias consolidadas, regímenes híbridos y Estados con debilidad estructural. Esta asimetría condiciona la profundidad de los realineamientos.

Seguridad interna, Fuerzas Armadas y gobernabilidad

El deterioro de la seguridad pública en varios países ha impulsado la creciente participación de Fuerzas Armadas en tareas de apoyo a la seguridad interna.

Si bien la cooperación en defensa puede intensificarse bajo el nuevo esquema estadounidense —entrenamiento, interoperabilidad, intercambio de inteligencia—, el desafío central permanece en la reconstrucción institucional.

La militarización táctica sin reformas estructurales en sistemas judiciales, inteligencia financiera y control territorial no garantiza sostenibilidad. La seguridad hemisférica depende tanto de capacidades operativas como de legitimidad institucional.

Chile y el Cono Sur: nodos de estabilidad en un entorno volátil

En un entorno regional marcado por fragmentación y violencia criminal, países con tradición institucional sólida pueden desempeñar un rol estratégico relevante.

Chile se posiciona como potencial socio confiable dentro del nuevo esquema hemisférico, siempre que consolide visión estratégica de largo plazo.

El desafío no radica en alineamientos automáticos, sino en diseñar estrategias nacionales que maximicen autonomía relativa dentro de un sistema competitivo.

Entre la fragmentación y la oportunidad estratégica

Latinoamérica se encuentra ante una encrucijada histórica.

El nuevo esquema estadounidense no implica restauración hegemónica tradicional, sino adaptación pragmática a un orden internacional en transición. La competencia estratégica global se proyecta sobre el hemisferio mediante variables económicas, tecnológicas y criminales.

La región puede optar por permanecer fragmentada y reactiva, convertirse en escenario pasivo de disputa entre potencias o fortalecer su masa crítica institucional para negociar desde cohesión y previsibilidad.

La seguridad, la energía y el crimen organizado ya no son agendas separadas. Constituyen un entramado estratégico único.

Comprender esa interconexión será decisivo para determinar si Latinoamérica actúa como sujeto estratégico o continúa siendo objeto de competencia global.

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Autor: Fernando Vaccotti

Former Field Security Officer OIM AMCA Venezuela. Consultor Privado en FV Consulting. Experto en Seguridad Internacional. Security Consulting Services & Solutions. Consultor Experto en Seguridad WFP (Programa Mundial de Alimentos ONU). Field Security Officer en OIM ONU -Migración. Soluciones en Seguridad Multidimensional. Pensando soluciones fuera de la caja. Out of box thinking.

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