Hoy se cumplen cuatro años del inicio de la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia.
El 24 de febrero de 2022, Vladimir Putin anunció una “operación militar especial”. Lo que muchos creyeron sería una campaña breve se transformó en una guerra de desgaste que redefinió el equilibrio europeo, expandió la OTAN y aceleró la fragmentación del orden internacional.
Algunos analistas hablan de que actualmente se necesitarían 800.000 millones de dólares y 40 años de trabajo para reconstruir Ucrania.
No es solo un conflicto territorial.
Es la fractura más profunda del sistema de seguridad europeo desde 1945.
Pero mientras Europa vive una guerra convencional, nuestro hemisferio atraviesa otra forma de conflicto: una zona gris donde se mezclan geopolítica, crimen organizado y disputas de influencia.
Aquí reaparece un concepto histórico: la Doctrina Monroe.
Formulada en 1823, estableció que América no debía ser escenario de injerencias externas. En el siglo XIX fue un mensaje a Europa; en el XX, una contención al bloque soviético. En el siglo XXI, aunque no se invoque formalmente, su lógica sigue operando: cada vez que una potencia extrahemisférica intenta consolidar influencia en la región, Washington observa y reacciona.
En ese marco se inscriben los lazos entre Irán y Cuba. Cooperación energética, tecnológica y diplomática entre dos Estados bajo sanciones, en un contexto donde el Caribe vuelve a adquirir centralidad estratégica.
Al mismo tiempo, México enfrenta una configuración criminal de alta intensidad. El Cártel Jalisco Nueva Generación se consolidó como una organización con capacidad paramilitar y proyección transnacional.
La caída de Nemesio Oseguera Cervantes no implica necesariamente estabilidad. El narcotráfico no es una persona: es una estructura. Y ya sigue funcionando.
Lo que estamos viendo no son hechos aislados. Hay un hilo conductor y se trata de una convergencia de varios factores.
– Guerra convencional entre potencias.
– Expansión de actores sancionados en el hemisferio.
– Militarización de la seguridad interior.
– Crimen organizado transnacional con capacidad cuasi estatal.
Cabe preguntarse en este momento si estamos ante una versión adaptada de la Doctrina Monroe en un mundo fragmentado ? O estamos entrando en un hemisferio definitivamente multipolar donde Estados Unidos ya no puede imponer condiciones como antes?
Latinoamérica ya no es un espacio periférico. Es un tablero.
Y entender cómo se conectan Ucrania, Irán, Cuba y México en este mundo transformado es clave para no analizar el presente con categorías del pasado.