Con el correr de las primeras horas luego de la operación militar que terminó con la captura y muerte de Nemesio Oseguera, mundialmente conocido como el Mencho y el narcotraficante más buscado por las autoridades norteamericanas junto al líder narco venezolano Diosdado Cabello, sigue trayendo imágenes de una realidad que no se puede esconder: México está bajo el sometimiento de las bandas criminales.
Como dijimos en nuestro anterior artículo «La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del CJNG, no es solo un golpe criminal: es un síntoma estructural. México vuelve a demostrar que la línea entre Defensa Nacional y Seguridad Interior se ha desdibujado de forma irreversible.»
La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del CJNG, no es solo un golpe criminal: es un síntoma estructural. México, como ya expusimos, vuelve a demostrar que la línea entre Defensa Nacional y Seguridad Interior se ha desdibujado de forma irreversible.
La intervención directa de Fuerzas Armadas en la neutralización del principal jefe narco del país confirma una tendencia regional que anticipamos: el crimen organizado transnacional ya no es un problema policial, sino un desafío híbrido.
El Ejército mexicano ejecutó el operativo que terminó con la vida de El Mencho. La reacción violenta posterior evidenció capacidad cuasi-militar del CJNG. La militarización de la seguridad pública se consolida como política estructural. La tercera y cuarta ola del crimen organizado se manifiestan en su forma más cruda. México funciona hoy como laboratorio estratégico para Latinoamérica.
La pregunta más que nunca no es si esto es excepcional. La pregunta es: ya entramos en una fase permanente?
En México, la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, ‘El Mencho’, abre una pregunta mayor: ¿estamos frente al debilitamiento del CJNG o ante una mutación del crimen organizado hacia estructuras más fragmentadas, más impredecibles y posiblemente más violentas? La muerte de ‘El Mencho’ no garantiza menos droga ni menos violencia. Puede significar exactamente lo contrario: fragmentación, guerra interna y avance de actores rivales.
Porque cuando cae una cabeza, el poder no desaparece. Se redistribuye.
El crimen organizado no funciona por emociones, funciona por estructuras.
Cuando un líder cae, la pregunta no es quién celebró. La pregunta es quién ocupa el vacío.
Ayer en EL OJO analizamos no solo qué pasó, sino lo qué se viene.
¿Estamos frente a una sucesión ordenada o ante el inicio de una anarquía criminal?
Desde México nos acompañó la analista de seguridad y excelente profesional Mercedes Escudero para analizar el escenario. Ella ha planteado una tesis interesante: esto podría no ser el fin de un imperio criminal, sino el inicio de una metástasis.
Mercedes Escudero es Consultora internacional con más de 25 años de experiencia en integración de soluciones en seguridad patrimonial, seguridad pública, nacional ciudadana y humana; prevención de violencias, reconciliación social, transparencia y rendición de cuentas. Con más de 100 intervenciones en distintas entidades de México con prácticas exitosas como el Programa Nacional de Prevención de la Violencia y la Delincuencia. En formación policial ha logrado reconciliar a los policías con su comunidad. Implementando la metodología de Prevención del Crimen mediante el Diseño Ambiental (CPTED) con los lineamientos de la norma ISO 22341. Actualmente desarrolla con éxito Escuelas Seguras con Educación Ambiental y Ciudad Mujer CPTED.