Actualización con nota de Pablo Zeballos
Con el correr de las primeras horas luego de la operación militar que terminó con la captura y muerte de Nemesio Oseguera, mundialmente conocido como el Mencho y el narcotraficante más buscado por las autoridades norteamericanas junto al líder narco venezolano Diosdado Cabello, sigue trayendo imágenes de una realidad que no se puede esconder: México está bajo el sometimiento de las bandas criminales.
Como dijimos en nuestro anterior artículo «La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del CJNG, no es solo un golpe criminal: es un síntoma estructural. México vuelve a demostrar que la línea entre Defensa Nacional y Seguridad Interior se ha desdibujado de forma irreversible.»
La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del CJNG, no es solo un golpe criminal: es un síntoma estructural. México, como ya expusimos, vuelve a demostrar que la línea entre Defensa Nacional y Seguridad Interior se ha desdibujado de forma irreversible.
La intervención directa de Fuerzas Armadas en la neutralización del principal jefe narco del país confirma una tendencia regional que anticipamos: el crimen organizado transnacional ya no es un problema policial, sino un desafío híbrido.
El Ejército mexicano ejecutó el operativo que terminó con la vida de El Mencho. La reacción violenta posterior evidenció capacidad cuasi-militar del CJNG. La militarización de la seguridad pública se consolida como política estructural. La tercera y cuarta ola del crimen organizado se manifiestan en su forma más cruda. México funciona hoy como laboratorio estratégico para Latinoamérica.
La pregunta más que nunca no es si esto es excepcional. La pregunta es: ya entramos en una fase permanente?
En México, la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, ‘El Mencho’, abre una pregunta mayor: ¿estamos frente al debilitamiento del CJNG o ante una mutación del crimen organizado hacia estructuras más fragmentadas, más impredecibles y posiblemente más violentas? La muerte de ‘El Mencho’ no garantiza menos droga ni menos violencia. Puede significar exactamente lo contrario: fragmentación, guerra interna y avance de actores rivales.
Porque cuando cae una cabeza, el poder no desaparece. Se redistribuye.
El crimen organizado no funciona por emociones, funciona por estructuras.
Cuando un líder cae, la pregunta no es quién celebró. La pregunta es quién ocupa el vacío.
Ayer en EL OJO analizamos no solo qué pasó, sino lo qué se viene.
¿Estamos frente a una sucesión ordenada o ante el inicio de una anarquía criminal?
Desde México nos acompañó la analista de seguridad y excelente profesional Mercedes Escudero para analizar el escenario. Ella ha planteado una tesis interesante: esto podría no ser el fin de un imperio criminal, sino el inicio de una metástasis.
Mercedes Escudero es Consultora internacional con más de 25 años de experiencia en integración de soluciones en seguridad patrimonial, seguridad pública, nacional ciudadana y humana; prevención de violencias, reconciliación social, transparencia y rendición de cuentas. Con más de 100 intervenciones en distintas entidades de México con prácticas exitosas como el Programa Nacional de Prevención de la Violencia y la Delincuencia. En formación policial ha logrado reconciliar a los policías con su comunidad. Implementando la metodología de Prevención del Crimen mediante el Diseño Ambiental (CPTED) con los lineamientos de la norma ISO 22341. Actualmente desarrolla con éxito Escuelas Seguras con Educación Ambiental y Ciudad Mujer CPTED.
Publicación de Pablo Zeballos, IBI Consultants, LinkedIn, 22 de febrero de 2026.
La caída del Mencho.
Junto a mi colega Douglas Farah en IBI Consultants, LLC estamos convencidos que la caída del Mencho continuará moldeando el nuevo mapa del crimen organizado en la región.
Hoy, 22 de febrero de 2026, Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, «El Mencho», fue abatido durante un operativo de la Secretaría de la Defensa Nacional en Tapalpa, Jalisco. Esta es, la noticia reciente más significativa en materia de crimen organizado en el continente americano —mayor incluso que la captura de El Chapo.
Esta operación no ocurre en el vacío. Ocurre semanas después de que Estados Unidos ejecutara una controvertida pero exitosa operación en Venezuela que culminó con la captura de Nicolás Maduro y cilla Flores. En ese marco, Washington advirtió a las autoridades mexicanas que los líderes del narcotráfico estaban en la mira. El operativo fue coordinado entre fuerzas federales mexicanas y el Joint Interagency Task Force-Counter Cartel, que ha trabajado con el ejército mexicano a través del Comando Norte de EE.UU. El mensaje es claro: México respondió antes de que Washington actuara por cuenta propia en su territorio.
Tras la muerte del Mencho se desataron narcobloqueos en Jalisco, Michoacán, Colima, Tamaulipas, Guanajuato y Aguascalientes. Son el último recurso de una organización que perdió a su figura máxima, no una demostración de fortaleza. La caída se suma a un desmantelamiento familiar sistemático: su hijo y heredero natural El Menchito fue sentenciado a cadena perpetua y cumple prision en una Cárcel de máxima seguridad en Estados Unidos; su hija Jessica se declaró culpable de operaciones financieras vinculadas al CJNG; su esposa Rosalinda fue condenada. El cártel llega a este vacío sin herederos claros.
El CJNG es una exitosa y rentable federación criminal de grupos locales que juraban lealtad al Mencho. Sin su figura, es probable una fractura interna que dispare la violencia en Jalisco, Colima, Michoacán, Guanajuato y también fuera del pais, allí donde el cartel de las cuatro letras tiene operaciones y alianzas. El portafolio criminal —fentanilo, metanfetamina, extorsión, trata, contrabando— no desaparece con el líder; se convierte en botín para aliados y rivales. El Cártel de Sinaloa intentará recuperar territorios. Entre los posibles sucesores destaca Gonzalo Mendoza Gaytán, «El Sapo», descrito por el Tesoro de EE.UU. como un operador de expansión y reclutamiento, no un líder carismático y vertical.
Eso anticipa un CJNG más horizontal, más fragmentado: potencialmente más difícil de perseguir pero más vulnerable a disputas internas.
Los vacíos de poder en el crimen organizado no producen paz: producen guerras de sucesión. Esa violencia no se librará en despachos gubernamentales, sino en los barrios periféricos de Guadalajara, en comunidades rurales de Michoacán, en municipios donde el Estado es una ausencia o una complicidad. La caída del Mencho es un hito histórico. Pero en muchos sentidos, el capítulo más turbulento que apenas comienza.