Captura de Maduro, poder fragmentado y el rol de Estados Unidos

Resumen ejecutivo

La captura de Nicolás Maduro no cerró la crisis venezolana: la desnudó.

No fue un arresto político ni un golpe simbólico, sino una operación militar de alta precisión, coherente con la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos y con la doctrina contemporánea que habilita el uso de la fuerza externa frente a regímenes autoritarios que han devenido en estructuras criminales híbridas.

La acción dejó fatalidades reportadas, degradación selectiva de infraestructura crítica utilizada por redes criminales y un impacto directo sobre los sistemas de control interno del régimen. Lejos de estabilizar el país, aceleró una fase de caos administrado, donde actores armados no estatales, colectivos y organizaciones criminales transnacionales ocupan vacíos de poder.

La operación: qué fue y qué no fue

La operación que culminó con la captura de Maduro debe entenderse como:

Una acción cinético-militar limitada.
La neutralización de un objetivo de alto valor criminal-político.
Un mensaje estratégico regional.

No fue:
Una invasión
Un cambio de régimen clásico
Una acción improvisada

Los indicios OSINT disponibles señalan un uso intensivo de inteligencia multifuente (SIGINT, HUMINT, IMINT), con reglas de empleo de la fuerza claramente delimitadas y foco en degradar capacidades criminales, no en ocupar territorio.


Infraestructura crítica: degradar sin colapsar

La lógica operativa fue clara: debilitar sin producir colapso humanitario.

La infraestructura afectada fue básicamente, pistas aéreas clandestinas vinculadas al narcotráfico; nodos logísticos y de comunicaciones usados por redes criminales y centros de enlace operativo.

La infraestructura deliberadamente evitada incluyó: hospitales, redes primarias de agua y sistemas eléctricos civiles esenciales.

Esto refuerza la lectura de que el objetivo no fue el Estado venezolano en abstracto, sino la arquitectura criminal que lo secuestró.


Seguridad interna: un poder fragmentado

Tras la operación, Venezuela no presenta un mando central efectivo. El control se fragmenta entre varios grupos de interés :

  1. restos del aparato político-administrativo
  2. sectores militares con lealtades funcionales
  3. colectivos armados urbanos
  4. organizaciones criminales transnacionales (ELN, disidencias, carteles)
  5. influencias externas operando en la sombra

El resultado es un modelo de gobernanza criminal descentralizada, inestable y violento.


Avispas Negras y la sombra cubana

El análisis previo sobre Avispas Negras: la sombra cubana que custodia a Nicolás Maduro aporta una clave central para interpretar esta fase.

La presencia documentada de fuerzas especiales cubanas de élite en la protección del núcleo del régimen explica tanto:

  • la resistencia inicial del anillo de seguridad
  • como la mención recurrente a 32 cubanos entre las fatalidades reportadas, junto a venezolanos

Estas cifras deben ser leídas como indicios operativos y no como datos judicialmente verificados, pero su sola circulación consistente en múltiples entornos OSINT refuerza la hipótesis de una dependencia real del régimen respecto a estructuras de seguridad cubanas.


El dato clave: muertos sin imágenes

Un elemento central del análisis es la ausencia total de registros visuales verificables – fotografías o videos – de las fatalidades reportadas.

La historia indica que en operaciones de esta magnitud, esa ausencia no es neutra y sugiere control estricto de la información ; apunta a protección de fuentes y métodos; y limita deliberadamente la explotación política del evento.

En Inteligencia, la falta de evidencia pública también es un dato.

Hipótesis central: quién gobierna en el caos

La hipótesis más consistente es esta:

Venezuela ya no está gobernada por un régimen, sino por un sistema criminal en proceso de descomposición.

No hay mando único.
No hay control territorial pleno.
Hay administración del caos mientras siga siendo funcional a economías ilícitas.

¿Más ataques de EE.UU.? Escenario de probabilidad

Escenario más probable

Pienso que dentro del escenario más posible habrán nuevas acciones quirúrgicas contra:

  • Bases del ELN en territorio venezolano sobre todo en la región de influencia de la frontera con Colombia.
  • Pistas clandestinas a lo largo y ancho del territorio.
  • Centros logísticos del narcotráfico en todo el territorio con foco en las zonas cercanas a los puntos de salida.
  • Nodos financieros y de enlace criminal. Dentro y fuera del país.

En este escenario no habrá ocupación territorial.
Se dará con narrativa de seguridad hemisférica

Escenario menos probable

Una intervención militar convencional.
La administración directa del territorio.

Estados Unidos no busca gobernar Venezuela; busca neutralizar amenazas regionales concretas.

Fronteras y región: Colombia y Brasil

La frontera colombo-venezolana sigue siendo santuario de grupos armados; corredor de narcotráfico y un punto de fricción permanente.

Brasil, por su parte y fiel a su doctrina diplomática característica evita confrontación pública ; refuerza frontera norte; y coopera silenciosamente en inteligencia.

No lidera la crisis, pero se prepara para sus efectos.

Conclusión

La captura de Maduro marca un punto de no retorno, pero no inaugura estabilidad. Inaugura una fase de reconfiguración violenta y opaca del poder.

La soberanía dejó de ser un escudo automático.
La legitimidad ya no protege a regímenes criminales.

Venezuela ya no es un debate ideológico ni un problema interno: es un caso de seguridad regional en plena mutación.

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Autor: Fernando Vaccotti

Former Field Security Officer OIM AMCA Venezuela. Consultor Privado en FV Consulting. Experto en Seguridad Internacional. Security Consulting Services & Solutions. Consultor Experto en Seguridad WFP (Programa Mundial de Alimentos ONU). Field Security Officer en OIM ONU -Migración. Soluciones en Seguridad Multidimensional. Pensando soluciones fuera de la caja. Out of box thinking.

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