El Corolario Trump y la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU.

Cuando el Hemisferio Occidental deja de ser periferia y vuelve a ser centro

Por Fernando Vaccotti

Diciembre de 2025

Durante décadas, Latinoamérica fue presentada – y en muchos casos asumida – como un espacio estratégico secundario dentro de la arquitectura global de seguridad de Estados Unidos. Salvo excepciones puntuales, la región fue desplazada del centro del debate estratégico hacia un plano de gestión diplomática, cooperación limitada o abordajes fragmentados en materia de narcotráfico y migración.

La publicación de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSS 2025) marca, sin embargo, un quiebre conceptual y operativo con ese enfoque. Por primera vez desde comienzos del siglo XXI, el Hemisferio Occidental reaparece en el corazón de la narrativa estratégica estadounidense, no como un problema residual, sino como un teatro prioritario de competencia geopolítica.

La NSS 2025 no solo consolida la lógica iniciada en 2017 – competencia entre grandes potencias, centralidad de la soberanía nacional y rechazo del multilateralismo liberal como garante de estabilidad – sino que introduce una formulación doctrinaria explícita: el llamado “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe (White House, National Security Strategy, 2025).

Este corolario no surge en el vacío. Se apoya en una tradición histórica de más de dos siglos, reinterpretada a la luz de amenazas contemporáneas que ya no se expresan únicamente en términos militares clásicos, sino también a través de infraestructura, finanzas ilícitas, crimen organizado transnacional, control de nodos logísticos y presencia híbrida de actores extra-hemisféricos.

La Doctrina Monroe de 1823 fue, en esencia, una declaración defensiva: impedir nuevas formas de colonización europea en el continente americano. El Corolario Roosevelt de 1904 transformó ese principio en una legitimación de la intervención directa, bajo la idea de Estados Unidos como “policía del hemisferio”. El Corolario Trump, en cambio, se inscribe en una lógica distinta: no colonial ni imperial clásica, sino geopolítica, securitaria y tecnológica.

La NSS 2025 afirma explícitamente que Estados Unidos no tolerará que potencias extra-regionales consoliden posiciones estratégicas en el Hemisferio Occidental. China, Rusia e Irán son identificados como actores que buscan erosionar la primacía estadounidense mediante inversiones en infraestructura crítica, acuerdos militares, control de puertos, telecomunicaciones, energía y alianzas con regímenes autoritarios (White House, NSS 2025).

En este marco, la región deja de ser analizada país por país y comienza a ser entendida como un sistema interconectado de riesgos. El Caribe vuelve a ocupar un lugar central como espacio de disputa naval y aérea; los corredores marítimos y fluviales adquieren una nueva relevancia estratégica; y el Crimen Organizado Transnacional deja de ser tratado como un fenómeno estrictamente policial para integrarse al concepto ampliado de amenaza a la seguridad nacional (UNODC; U.S. Department of Defense, Hemispheric Security Assessments).

Este cambio doctrinario explica la creciente intensidad de las operaciones de interdicción marítima, el aumento de la presencia naval estadounidense en el Caribe y el endurecimiento del discurso hacia Estados que combinan gobernanza autoritaria, captura institucional y vínculos con actores extra-hemisféricos. Venezuela aparece, en este contexto, como un caso paradigmático.

Desde la perspectiva del Corolario Trump, Venezuela no es únicamente un problema interno ni un conflicto político doméstico. Es presentada como una plataforma híbrida, donde convergen redes criminales, narcotráfico estatalizado, presencia de actores externos y utilización del territorio como nodo logístico y financiero. Esta caracterización habilita un enfoque que supera la diplomacia tradicional y justifica una presión estratégica multidimensional (U.S. Southern Command, Posture Statements; Atlantic Council).

El mensaje implícito de la NSS 2025 es claro: la tolerancia estratégica que caracterizó buena parte de las últimas décadas ha llegado a su límite. En un contexto de competencia global, Estados Unidos redefine prioridades, reduce zonas grises y vuelve a trazar líneas rojas en su espacio geopolítico inmediato.

Para Latinoamérica, esto supone un escenario más exigente. La ambigüedad estratégica, el juego pendular entre potencias o la neutralidad declarativa pierden margen de maniobra. La región vuelve a estar bajo observación directa, no por nostalgia doctrinaria, sino por necesidad estratégica percibida.

El Corolario Trump no es un eslogan político ni una provocación retórica. Es una doctrina de poder, con traducción operativa, que reubica al Hemisferio Occidental en el centro del tablero global y obliga a repensar, desde el Sur, las nociones de soberanía, alineamiento y seguridad en un mundo cada vez más fragmentado y competitivo. Un Mundo Transformado.

Referencias

White House (2017). National Security Strategy of the United States of America. White House (2025). National Security Strategy of the United States of America. U.S. Southern Command. Posture Statements to Congress (varios años). Atlantic Council. Informes sobre competencia estratégica en el Hemisferio Occidental. UNODC. Transnational Organized Crime and Regional Security. Farah, D. (diversos trabajos sobre amenazas híbridas y redes criminales en Latinoamérica).

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Autor: Fernando Vaccotti

Former Field Security Officer OIM AMCA Venezuela. Consultor Privado en FV Consulting. Experto en Seguridad Internacional. Security Consulting Services & Solutions. Consultor Experto en Seguridad WFP (Programa Mundial de Alimentos ONU). Field Security Officer en OIM ONU -Migración. Soluciones en Seguridad Multidimensional. Pensando soluciones fuera de la caja. Out of box thinking.

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