COLOMBIA 2026: ELECCIONES, POLARIZACIÓN Y EL VOTO DEL MIEDO

Resumen Ejecutivo

Colombia se aproxima a las elecciones presidenciales de 2026 en medio de una combinación explosiva de polarización política, inseguridad, agotamiento social y desconfianza institucional. La seguridad volvió a ocupar el centro del debate público mientras el país enfrenta el avance de estructuras criminales, violencia territorial y tensiones ideológicas cada vez más profundas.

Lejos de representar solamente una disputa electoral clásica, el escenario colombiano comienza a reflejar una tendencia que atraviesa gran parte de Latinoamérica: elecciones vividas como auténticos plebiscitos emocionales sobre supervivencia política, económica y social.

Puntos clave

  • La polarización política continúa creciendo.
  • El deterioro de la seguridad influye decisivamente en la campaña.
  • El desgaste del gobierno Petro afecta al oficialismo.
  • La derecha endurece su discurso.
  • Surgen figuras confrontativas con narrativa de “mano dura”.
  • El crimen organizado sigue condicionando territorios y dinámicas políticas.

Colombia vuelve a transformarse así en un espejo regional donde política, violencia y emociones colectivas parecen mezclarse peligrosamente.

Colombia vuelve a votar bajo la sombra de la violencia

En Colombia, la violencia nunca fue solamente un problema de seguridad.

Fue una estructura histórica que condicionó durante décadas:

  • la política,
  • la economía,
  • la vida social,
  • y la propia psicología colectiva del país.

Por eso las elecciones presidenciales de 2026 llegan cargadas de una tensión especial.

El deterioro de la seguridad, los atentados terroristas recientes, muerte de líderes políticos, la expansión territorial de grupos armados y el cansancio social frente a años de polarización están transformando nuevamente el debate político colombiano en algo mucho más profundo que una simple disputa ideológica.

Para millones de personas, la sensación ya no parece ser qué modelo de país elegir, sino cómo evitar que el país siga deteriorándose.

Y esa percepción no es menor.

Un país marcado por décadas de conflicto

Pocas sociedades latinoamericanas convivieron durante tanto tiempo con niveles tan complejos de violencia organizada.

Colombia atravesó:

  • guerrillas,
  • narcotráfico,
  • paramilitarismo,
  • terrorismo,
  • secuestros,
  • corrupción,
  • estructuras criminales híbridas capaces de combinar ideología, control territorial y economías ilícitas.

Desde Pablo Escobar y los carteles de Medellín y Cali hasta las FARC, el ELN y las posteriores bandas criminales, el país desarrolló durante décadas un ecosistema donde política, violencia y criminalidad muchas veces terminaron entrelazándose.

Y esa violencia no quedó encerrada dentro de sus fronteras.

Colombia terminó exportando metodologías criminales, rutas de narcotráfico y estructuras operativas que impactaron en buena parte de Latinoamérica.

De Uribe a Petro: la fractura política colombiana

La llegada de Álvaro Uribe en 2002 representó un giro histórico.

Su política de “Seguridad Democrática” buscó recuperar el control estatal mediante una ofensiva frontal contra las guerrillas y el narcotráfico.

Muchos colombianos recuerdan ese período como una etapa de recuperación de autoridad y reducción del miedo cotidiano.

Otros, en cambio, lo asocian a denuncias por abusos, violaciones a los derechos humanos y vínculos oscuros con sectores paramilitares.

Posteriormente, Juan Manuel Santos impulsó el acuerdo de paz con las FARC en 2016, profundizando aún más la división política nacional.

Y finalmente, en 2022, Gustavo Petro alcanzó la presidencia convirtiéndose en el primer mandatario claramente identificado con la izquierda en la historia reciente del país.

Sin embargo, las dificultades económicas, las tensiones políticas y especialmente el deterioro de la seguridad comenzaron a erosionar parte del capital político del actual gobierno.

La seguridad vuelve al centro del debate

Uno de los elementos más visibles del escenario colombiano actual es el regreso de la seguridad como eje dominante de campaña.

La expansión de grupos armados, las economías ilegales, la minería criminal, el narcotráfico y la violencia territorial volvieron a instalar en amplios sectores sociales la percepción de pérdida de control estatal.

En ese contexto, comienzan a crecer discursos políticos centrados en:

  • autoridad,
  • endurecimiento penal,
  • fortalecimiento militar,
  • recuperación territorial,
  • confrontación directa contra organizaciones criminales.

Ese fenómeno no es exclusivamente colombiano.

Se observa también en:

  • Ecuador,
  • México,
  • El Salvador,
  • Argentina,
  • Brasil,
  • e incluso en debates emergentes dentro de Uruguay.

Los candidatos y la nueva tensión política

Las elecciones de 2026 todavía están abiertas, pero ya comienzan a perfilarse algunas figuras centrales.

Iván Cepeda

Representa la continuidad del espacio progresista vinculado al petrismo.

Partido / espacio político:

  • Pacto Histórico
  • izquierda progresista
  • sector cercano al petrismo

Su discurso apuesta a:

  • reformas sociales,
  • diálogo político,
  • negociación,
  • y profundización de cambios estructurales.

Sin embargo, sectores opositores lo consideran demasiado flexible frente a actores armados y estructuras criminales.

Paloma Valencia

Una de las principales figuras del uribismo tradicional.

Partido:

  • Centro Democrático
  • uribismo

Defiende:

  • fortalecimiento institucional,
  • seguridad,
  • respaldo a Fuerzas Armadas,
  • y políticas de autoridad estatal.

Representa el núcleo duro de la derecha colombiana clásica.

Abelardo de la Espriella

Espacio político:

  • derecha conservadora
  • sector independiente cercano al uribismo
  • narrativa antiestablishment

Probablemente una de las figuras más disruptivas del actual escenario político colombiano.

Penalista mediático y de estilo confrontativo, intenta posicionarse como una alternativa de mano dura frente al deterioro del orden público.

Su crecimiento refleja algo mucho más profundo: el agotamiento emocional de sectores sociales que perciben inseguridad, descontrol y frustración institucional.

De la Espriella parece combinar elementos:

  • del uribismo,
  • de Bukele,
  • de Trump e incluso de los nuevos liderazgos populistas confrontativos que avanzan en distintas partes del continente.

Más que un simple candidato, representa un fenómeno político emergente: la búsqueda de líderes que prometen restaurar orden en sociedades emocionalmente agotadas.

Actualmente lidera las estadísticas de intención de voto en varias encuestas.

Colombia y la política emocional

Quizás uno de los fenómenos más interesantes del escenario actual sea la transformación emocional de la política latinoamericana.

Las elecciones comienzan a percibirse cada vez menos como alternancias democráticas normales y cada vez más como enfrentamientos existenciales.

En muchos sectores sociales aparece la sensación de:

  • “si gana el otro, el país colapsa”,
  • “si pierde mi espacio político, desaparece la democracia”,
  • o “si no recuperamos el orden, sobreviene el caos”.

La política deja entonces de ser solamente racional y se vuelve emocional.

Y en sociedades golpeadas por:

  • violencia,
  • inseguridad,
  • desigualdad,
  • corrupción,
  • frustración económica,
  • y agotamiento psicológico, este tipo de discursos encuentra terreno fértil.

Reflexión final

Colombia vuelve a enfrentar una elección decisiva en medio de tensiones históricas que nunca terminaron de resolverse completamente.

Pero más allá de quién gane, el proceso electoral colombiano parece reflejar una tendencia continental mucho más amplia: el crecimiento de sociedades polarizadas, emocionalmente agotadas y cada vez más influenciadas por discursos de confrontación.

En ese contexto, la seguridad deja de ser solamente una política pública.

Se transforma en una necesidad psicológica colectiva.

Y quizás allí radique una de las claves más importantes para comprender no solamente a Colombia, sino a buena parte de la Latinoamérica contemporánea: las elecciones comienzan a parecerse cada vez más a plebiscitos emocionales sobre supervivencia.

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Autor: Fernando Vaccotti

Former Field Security Officer OIM AMCA Venezuela. Consultor Privado en FV Consulting. Experto en Seguridad Internacional. Security Consulting Services & Solutions. Consultor Experto en Seguridad WFP (Programa Mundial de Alimentos ONU). Field Security Officer en OIM ONU -Migración. Soluciones en Seguridad Multidimensional. Pensando soluciones fuera de la caja. Out of box thinking.

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