Durante décadas el crimen organizado fue percibido como un problema policial. Un fenómeno asociado a bandas, narcotráfico, violencia o territorios periféricos donde el Estado encontraba dificultades para ejercer control.
Sin embargo, esa visión resulta hoy insuficiente.
Las organizaciones criminales contemporáneas ya no operan únicamente en los márgenes del sistema. Se han transformado en actores económicos capaces de aprovechar la globalización, las nuevas tecnologías, las finanzas internacionales y las vulnerabilidades institucionales para expandir su influencia mucho más allá de las fronteras tradicionales.
Esta fue precisamente la reflexión central de la conferencia que tuve el honor de presentar recientemente (09 junio 2026) en la Facultad de Derecho de la Universidad de la República (UDELAR), en el marco de las actividades académicas vinculadas al cuadragésimo aniversario de la creación de la carrera de Relaciones Internacionales y el estudio de la economía del crimen organizado.
La pregunta fundamental que intenté plantear a los estudiantes fue simple:
¿Qué ocurre cuando el crimen organizado deja de ser solamente un problema de seguridad y comienza a convertirse en un fenómeno capaz de influir sobre economías, instituciones y sociedades completas?
La respuesta obliga a ampliar la mirada.
Hoy observamos organizaciones criminales que funcionan como verdaderas estructuras empresariales transnacionales. Gestionan cadenas logísticas, diversifican actividades ilícitas, utilizan herramientas tecnológicas avanzadas y desarrollan mecanismos sofisticados de lavado de activos e infiltración económica.
El fenómeno ya no puede analizarse únicamente desde la óptica policial. Requiere comprender dinámicas vinculadas a la gobernanza global, la resiliencia institucional, la cooperación internacional y la transformación social.
La experiencia reciente de países como Ecuador demuestra cómo determinadas vulnerabilidades acumuladas pueden acelerar procesos de expansión criminal y alterar profundamente la vida política y social de una nación.
Al mismo tiempo, espacios complejos como la Triple Frontera evidencian que las economías criminales modernas suelen prosperar en zonas grises donde convergen comercio legítimo, informalidad y actividades ilícitas.
Incluso países que mantienen elevados niveles de estabilidad institucional, como Uruguay, enfrentan nuevos desafíos derivados de su inserción en redes logísticas, financieras y comerciales cada vez más globalizadas.
Pero quizás el aspecto más importante de esta discusión no sea económico ni policial, si no social. Las crisis contemporáneas rara vez comienzan con grandes explosiones. Muchas veces empiezan con pequeñas erosiones de la confianza, la legitimidad institucional y la percepción de control.
Las sociedades comienzan a cambiar mucho antes de que los indicadores logren reflejarlo.
Por eso, comprender el crimen organizado implica también comprender cómo evolucionan las comunidades, cómo se transforma la relación entre ciudadanos e instituciones y cómo determinadas economías ilícitas pueden disputar espacios de pertenencia, autoridad y legitimidad.
La cooperación internacional constituye una de las principales herramientas disponibles para enfrentar estos desafíos. Iniciativas como PACCTO 2.0, el trabajo de organismos multilaterales y los esfuerzos desarrollados por instituciones especializadas muestran que la respuesta ya no puede ser exclusivamente nacional.
Las redes criminales operan globalmente por lo tanto la cooperación también debe hacerlo.
Comparto a continuación la presentación completa utilizada durante esta conferencia.
En ella encontrarán los principales conceptos, mapas, casos de estudio y reflexiones desarrolladas durante la exposición.
Más que una presentación académica, pretende ser una invitación a pensar uno de los fenómenos más relevantes de nuestro tiempo.
Porque el verdadero desafío contemporáneo probablemente no sea solamente combatir organizaciones criminales.
El verdadero desafío será sostener cohesión social, legitimidad institucional y capacidad democrática en sociedades sometidas a presiones cada vez más complejas.
Y porque, en definitiva, cuando una sociedad comienza a perder control, también empieza lentamente a cambiar la forma en que vive, confía y se relaciona.
Presentación completa: «La economía del crimen organizado» – UDELAR 2026