FAUDA 5: inteligencia, trauma y venganza después del 7 de octubre

La quinta temporada de la serie israelí trasciende el thriller de operaciones especiales. El 7 de octubre convierte la ficción en una ventana para analizar inteligencia, sorpresa estratégica, terrorismo, trauma operacional y una pregunta fundamental: ¿Qué ocurre cuando la necesidad de responder comienza a confundirse con la estrategia?

La quinta temporada de la serie de ficción – thriller Fauda no es simplemente una nueva entrega de una exitosa serie de acción. Para quienes trabajamos sobre inteligencia, terrorismo, seguridad y conflictos contemporáneos, ofrece algo bastante más interesante: una representación del impacto que produce una sorpresa estratégica sobre las personas, las organizaciones y los procesos de decisión de un Estado.

El 7 de octubre de 2023 cambió también a Fauda. Los guionistas ya trabajaban en la quinta temporada cuando se produjo el ataque de Hamás. Avi Issacharoff y Lior Raz decidieron replantearla porque una serie que pretendía hablar de la realidad de Israel y Medio Oriente difícilmente podía ignorar un acontecimiento de aquella magnitud.

La temporada tiene once episodios y transcurre principalmente dos años después del ataque. Dos de ellos regresan directamente al 7 de octubre. Raz ha explicado que no pretendieron realizar una reconstrucción documental, sino insertar a sus personajes dentro de aquella realidad y mostrar cómo el acontecimiento los transformó.

Pero detrás de la ficción aparece una cuestión mucho más profunda: ¿Cómo pudo una de las arquitecturas de inteligencia y seguridad más sofisticadas del mundo sufrir semejante sorpresa estratégica?

La sorpresa estratégica

La historia militar demuestra que las grandes sorpresas rara vez ocurren porque el adversario haya sido completamente invisible. Pearl Harbor en 1941, la guerra de Yom Kippur en 1973 y el 7 de octubre de 2023 fueron acontecimientos profundamente diferentes y no corresponde equipararlos histórica ni políticamente. Sin embargo, comparten una característica particularmente interesante para el estudio de la inteligencia: existían señales, capacidades de observación e información previa, pero el sistema no consiguió transformar esos elementos en una percepción adecuada de la amenaza con tiempo suficiente para impedir la sorpresa.

El problema, por tanto, no consiste únicamente en preguntarnos qué sabíamos, sino en algo bastante más complejo: qué creíamos que significaba aquello que sabíamos.

La investigación interna de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) sobre el 7 de octubre reconoció posteriormente que el aparato de defensa había subestimado las capacidades y las intenciones de Hamás. Durante años predominó la percepción de que la organización no buscaba una guerra a gran escala y que Israel dispondría de suficiente advertencia si esa situación cambiaba.

El antecedente de 1973 resulta inevitable. Entonces también existió una concepción: un marco interpretativo tan consolidado que terminó condicionando la lectura de las señales que anunciaban la guerra de Yom Kippur. Cincuenta años después, los sensores eran incomparablemente mejores, la inteligencia tecnológica infinitamente más poderosa y las capacidades de vigilancia extraordinarias. La tecnología había cambiado radicalmente. El problema cognitivo, no tanto.

Zona del ataque 7/10/ 2023

La paradoja de la inteligencia

Israel dispone de extraordinarias capacidades de SIGINT, HUMINT, vigilancia fronteriza, inteligencia tecnológica y poder militar. Sin embargo, el 7 de octubre volvió a demostrar una de las grandes paradojas de la inteligencia moderna:

«tener más información no significa necesariamente comprender mejor al adversario«.

Las organizaciones de inteligencia no fracasan únicamente porque desconocen algo. También pueden hacerlo cuando una hipótesis se transforma progresivamente en certeza institucional, cuando las señales contradictorias son interpretadas para que encajen dentro del paradigma existente o cuando el comportamiento del adversario es evaluado según nuestra propia racionalidad y no según la suya.

Las investigaciones israelíes mostraron asimismo una excesiva confianza en sistemas tecnológicos y defensas pasivas. El escenario real terminó involucrando infiltraciones simultáneas, ruptura de barreras, ataques contra sistemas de vigilancia y múltiples puntos de penetración para los cuales las fuerzas desplegadas no estaban adecuadamente preparadas.

La conclusión trasciende completamente el caso israelí: la tecnología amplifica nuestra capacidad de observar, pero no necesariamente nuestra capacidad de comprender. La inteligencia nunca elimina completamente la incertidumbre; debe reducirla hasta un nivel que permita adoptar mejores decisiones.

Del dato a la decisión: el factor humano

Aquí aparece una cuestión sobre la cual he insistido en conferencias, escritos y foros profesionales: el verdadero valor de la inteligencia se verifica cuando llega al proceso de toma de decisiones. Una enorme arquitectura de recolección pierde parte de su sentido si el conocimiento producido no modifica la percepción de quien debe decidir.

En mis exposiciones sobre inteligencia integrada y toma de decisiones he planteado precisamente la necesidad de comprender ese tránsito. HUMINT, SIGINT, OSINT, GEOINT, MASINT, sistemas no tripulados e inteligencia artificial pueden incrementar extraordinariamente nuestra capacidad de conocer el entorno. Sin embargo, entre el conocimiento y la acción continúa existiendo un elemento imposible de eliminar: el decisor humano.

Es allí donde intervienen experiencia, doctrina, cultura institucional, percepción del riesgo, presión política, sesgos cognitivos y emociones. La información puede ser correcta y, sin embargo, la decisión resultante puede ser equivocada.

Por eso, el desafío contemporáneo ya no consiste solamente en obtener más inteligencia. Consiste en integrarla, interpretarla y convertirla oportunamente en decisión.

Trauma estratégico y poder

Fauda 5 introduce además una dimensión que muchas veces desaparece de nuestros análisis: el costo humano del conflicto sobre quienes deben ejecutarlo. Sus operadores ya no aparecen simplemente como combatientes. Aparecen dañados. Lior Raz ha utilizado la expresión broken warriors, “guerreros quebrados”, para describir esa dimensión de los personajes.

Las operaciones producen efectos sobre el adversario, pero también sobre quienes las ejecutan. Inteligencia, fuerzas especiales y unidades contraterroristas trabajan durante años dentro de ambientes donde violencia, sospecha, clandestinidad y muerte pueden terminar formando parte de la normalidad operacional. El costo humano no desaparece cuando termina la misión; acompaña al operador de regreso a su casa y puede influir posteriormente sobre su percepción y sus decisiones.

Pero el trauma no afecta solamente al combatiente. Un ataque estratégico puede alterar la percepción de seguridad de toda una sociedad. Y aquí Fauda permite conectarnos directamente con una línea de pensamiento que he venido desarrollando y presentando, entre otros ámbitos, en los foros de Educa Más (México), Universidad de Morón (Argentina) y en IFPO Latinoamérica: el poder no comienza únicamente con la capacidad material de imponer una conducta. También se construye sobre la percepción que los actores tienen de la realidad.

El Ciclo Cognitivo del Poder

He representado este proceso mediante una secuencia que denomino Ciclo Cognitivo del Poder:

La realidad objetiva constituye el punto de partida, pero las personas y las organizaciones nunca actúan directamente sobre ella. Actúan sobre la percepción que construyen de esa realidad. Esa percepción genera emociones —miedo, confianza, ira, vulnerabilidad, deseo de revancha— que penetran inevitablemente el proceso de decisión. Las decisiones producen conductas y esas conductas modifican finalmente las relaciones de poder, generando a su vez una nueva realidad.

El 7 de octubre permite observar ese ciclo con extraordinaria claridad. El ataque modificó brutalmente la realidad de seguridad israelí, pero produjo además algo quizás más profundo: destruyó una determinada percepción de seguridad. Esa nueva percepción generó miedo, ira, vulnerabilidad y una fuerte necesidad social y política de respuesta.

Aquí aparece uno de los puntos centrales de mi planteo sobre toma de decisiones: entre Realidad y Poder existen varios círculos intermedios que pueden distorsionar, amplificar o incluso transformar completamente el significado inicial de un acontecimiento. Por eso el decisor estratégico debe ser capaz de reconocer no solamente qué está ocurriendo, sino también cómo está percibiendo aquello que ocurre y cuánto de su decisión responde a la razón, cuánto al paradigma institucional y cuánto a la emoción.

Es precisamente en situaciones traumáticas cuando esa distinción se vuelve más difícil.

Y más necesaria.

Tha’r: cuando la venganza entra en el proceso de decisión

Avi Issacharoff reveló que consideraron llamar a esta temporada Fauda Tha’r. Tha’r alude a la venganza de sangre: la obligación de responder cuando alguien del propio grupo ha sido asesinado. El propio creador de la serie plantea entonces una pregunta incómoda: después de conseguir la venganza, ¿cambió realmente nuestra realidad?

Esta pregunta trasciende Fauda y entra directamente en el territorio de la estrategia.

Una operación puede destruir un objetivo, eliminar un comandante, desarticular una célula, recuperar territorio, rescatar rehenes o degradar significativamente una organización. Todo ello puede constituir un éxito táctico u operacional. La estrategia, sin embargo, formula una pregunta diferente: ¿qué realidad queremos que exista cuando termine la operación?

La diferencia es fundamental. La venganza puede proporcionar satisfacción emocional y la represalia puede producir resultados militares concretos. Pero ninguna de las dos constituye, por sí misma, una estrategia.

Desde la perspectiva del Ciclo Cognitivo del Poder, el riesgo resulta evidente: cuando la emoción comienza a dominar la decisión, puede terminar modificando la conducta estratégica del Estado. El actor continúa ejerciendo poder, pero puede hacerlo progresivamente condicionado por la acción inicial de su adversario.

Ese es uno de los efectos más profundos que puede buscar una acción terrorista.

No solamente causar daño.

Obligar al adversario a reaccionar dentro del escenario emocional y estratégico que el atacante ha contribuido a crear.

La guerra después de la guerra

La propia temporada presenta a sus protagonistas enfrentándose a algo que define como “la guerra después de la guerra”. La expresión resulta particularmente adecuada para comprender los conflictos contemporáneos, porque las guerras ya no terminan necesariamente cuando finaliza una determinada operación militar.

Continúan en los servicios de inteligencia, las redes sociales, las diásporas, los circuitos financieros, la propaganda, las cárceles, los procesos de radicalización y la memoria colectiva. Muchas veces continúan incluso en la generación siguiente.

Ese es el territorio de lo que he denominado conflicto permanente: un escenario donde la frontera entre guerra y paz se vuelve progresivamente difusa y donde las dimensiones militar, económica, tecnológica, informacional, social y cognitiva interactúan constantemente.

También debemos mirar fuera del cuadro

Existe, sin embargo, una precaución indispensable. Fauda es una producción israelí, una obra de ficción y no una reconstrucción neutral del conflicto. La quinta temporada coloca el trauma israelí del 7 de octubre en el centro de su narrativa, mientras las consecuencias humanas de la posterior guerra en Gaza reciben un tratamiento diferente y considerablemente menor.

Reconocer esa asimetría narrativa no disminuye el valor analítico de la serie. Al contrario, permite introducir otro componente esencial de los conflictos contemporáneos: toda guerra es también una lucha por construir la memoria de la guerra.

Qué imágenes permanecen, qué víctimas adquieren rostro, qué acontecimientos reconstruimos, qué palabras utilizamos para describirlos y qué episodios permanecen fuera del cuadro forman parte del espacio cognitivo del conflicto. La batalla por la percepción no comienza después de la batalla militar. Ocurre simultáneamente con ella.

Cinco lecciones de inteligencia

Fauda 5 permite extraer, finalmente, cinco reflexiones que van mucho más allá de la ficción:

1. Información no es inteligencia. Datos, imágenes, interceptaciones y sensores adquieren verdadero valor cuando son interpretados, integrados y convertidos oportunamente en conocimiento útil para decidir.

2. La tecnología no sustituye al pensamiento crítico. Una arquitectura ISR extraordinariamente sofisticada puede observar prácticamente todo un territorio y, simultáneamente, interpretar de manera incorrecta las intenciones del adversario.

3. Toda organización necesita mecanismos capaces de desafiar sus propias certezas. Cuando una hipótesis deja de ser discutida y se convierte en paradigma institucional, las señales contradictorias comienzan a perder valor.

4. El adversario también aprende. Observa nuestros procedimientos, identifica dependencias tecnológicas, reconoce patrones y busca deliberadamente aquellos espacios donde nuestras capacidades son más vulnerables.

5. Inteligencia sin pensamiento estratégico puede producir éxitos tácticos sin alcanzar resultados estratégicos. Saber dónde está el adversario permite atacarlo. Comprender por qué existe, cómo se reproduce, qué condiciones sostienen su capacidad de regeneración y qué escenario pretendemos construir después pertenece a un nivel diferente del problema.

De Fauda a la realidad

Por eso considero que Fauda 5 merece ser observada mucho más allá de su extraordinaria intensidad narrativa. No explica por sí sola el conflicto israelí-palestino, ni explica completamente el 7 de octubre y mucho menos todo lo ocurrido después. Pero formula preguntas que trascienden Israel y Gaza.

¿Qué sucede cuando una arquitectura de inteligencia tecnológicamente avanzada interpreta incorrectamente al adversario? ¿Qué ocurre cuando una sociedad pierde abruptamente su percepción de seguridad? ¿Cómo afecta el trauma a quienes deben continuar tomando decisiones? ¿Dónde termina la respuesta militar y comienza la estrategia? ¿Puede la eliminación sucesiva de enemigos modificar las condiciones que continuamente producen nuevos enemigos?

La pregunta más importante puede ser: ¿qué ocurre cuando la emoción comienza a ocupar el lugar de la estrategia?

Los Estados pueden reconstruir fronteras, instalar nuevos sensores, modificar doctrinas, reemplazar comandantes y reorganizar sus servicios de inteligencia. Mucho más difícil resulta reconstruir una percepción colectiva de seguridad una vez destruida. Y todavía más difícil es impedir que el trauma determine las decisiones futuras.

Fauda 5 termina siendo interesante precisamente porque nos obliga a regresar al principio del ciclo: realidad, percepción, emoción, decisión, conducta y poder.

La guerra puede comenzar con un ataque y la venganza con una pérdida. La estrategia, en cambio, comienza con una pregunta: qué realidad queremos construir cuando la guerra termine.

Esa pregunta puede terminar siendo mucho más importante que cualquier victoria en el campo de batalla.

Por Fernando Vaccotti

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Autor: Fernando Vaccotti

Former Field Security Officer OIM AMCA Venezuela. Consultor Privado en FV Consulting. Experto en Seguridad Internacional. Security Consulting Services & Solutions. Consultor Experto en Seguridad WFP (Programa Mundial de Alimentos ONU). Field Security Officer en OIM ONU -Migración. Soluciones en Seguridad Multidimensional. Pensando soluciones fuera de la caja. Out of box thinking.

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