Bandas, fronteras y corredores: el mapa criminal ya no termina en Montevideo
Por Fernando Vaccotti
Durante años, hablar de bandas criminales en Uruguay conducía casi automáticamente hacia algunos barrios de Montevideo. Cerro Norte, Marconi, Villa Española, Casabó, La Teja o Malvín Norte aparecían reiteradamente asociados a disputas entre grupos, bocas de drogas, homicidios y ajustes de cuentas.
Ese mapa quedó chico.
La información presentada recientemente por Gabriel Pereyra sobre el despliegue territorial de diferentes organizaciones criminales, cruzada con investigaciones policiales, operaciones recientes y fuentes abiertas, permite observar un fenómeno considerablemente más complejo: Uruguay comienza a mostrar una geografía criminal de alcance nacional, con características diferentes según el territorio.
Ya no alcanza con preguntar qué banda opera en determinado barrio. Hay que observar territorios, fronteras, corredores, cárceles, centros logísticos y conexiones transnacionales.
Los datos oficiales permiten dimensionar el fenómeno: Inteligencia Policial identifica 137 estructuras criminales activas y 2.723 personas vinculadas a ellas, clasificadas en nueve organizaciones criminales complejas, 43 grupos, 21 bandas y 64 clanes familiares.
MONTEVIDEO: EL NÚCLEO MÁS FRAGMENTADO
La capital continúa concentrando la mayor diversidad de estructuras. El mapa es dinámico: las organizaciones nacen, se fragmentan, construyen alianzas, pierden liderazgos y desplazan sus actividades hacia otros territorios.
Entre los nombres que aparecen reiteradamente en investigaciones policiales y periodísticas se encuentran estructuras vinculadas a Suárez, Fernández Albín, Puglia, Bartolo, Colorados, Chineppe y Rocha, junto con numerosos grupos menores o sin una denominación pública estable.
También existe una geografía reconocible: Cerro Norte, Cerro, Casabó, La Paloma, Santa Catalina, Villa Española, Marconi, Nuevo Ellauri, Piedras Blancas, Manga, Jardines del Hipódromo, Malvín Norte, La Teja y Punta de Rieles, entre otras zonas.
Esto no convierte a esos lugares en “barrios criminales”. Allí viven miles de ciudadanos completamente ajenos al delito. Lo que significa es que determinadas estructuras han encontrado en algunos sectores mercados, relaciones familiares, infraestructura o espacios donde desarrollar actividades ilícitas.
Montevideo representa fundamentalmente fragmentación, mercado interno, competencia territorial y conexión logística.
Pero ya no explica por sí solo el fenómeno nacional.
ARTIGAS: OS MANOS Y LA FRONTERA NORTE
Artigas constituye uno de los puntos más sensibles del nuevo mapa.
En enero de 2026, la Operación Pollux realizó 22 allanamientos y detuvo inicialmente a 16 personas. La investigación identificó integrantes de Os Manos, organización originaria de Brasil que, según el Ministerio del Interior, pretendía expandir territorialmente la venta de drogas en los barrios Progreso, Cerro Ejido, Ayuí y Rampla de la ciudad de Artigas.
La investigación detectó además utilización de violencia e intimidación y reclutamiento de menores para la comercialización de drogas.
En septiembre, la Operación Algol, desarrollada en coordinación con la Policía Civil de Quaraí, realizó otros doce allanamientos e incautó drogas, armas y municiones. La investigación se relacionó con episodios violentos a ambos lados de la frontera.
Ese mismo mes, la Operación Polux expuso otra dimensión: más de 400 kilos de droga ingresados por vía aérea en una zona rural próxima a Baltasar Brum. Participaron la Dirección General de Represión al Tráfico Ilícito de Drogas, las jefaturas de Artigas y Salto, Guardia Republicana, Fuerza Aérea y la División de Investigaciones de la Prefectura Nacional Naval.
Artigas reúne así tres variables particularmente importantes:
frontera + organizaciones brasileñas + logística internacional.

RIVERA: EL CONTACTO CON LAS FACCIONES BRASILEÑAS
Rivera constituye otro espacio estratégico.
Investigaciones policiales han documentado la incidencia de organizaciones brasileñas y particularmente de Os Manos, considerada una de las principales facciones criminales de Rio Grande do Sul.
La frontera Rivera-Santana do Livramento presenta además una característica excepcional: la continuidad urbana prácticamente elimina la separación física entre ambas ciudades.
Para las actividades legales es una enorme oportunidad de integración.
Para las actividades criminales también.
La Operación Ares permitió observar otra dimensión del corredor norte: el tráfico de armas. La Policía realizó 35 allanamientos simultáneos en Rivera, Tranqueras, Vichadero, Minas de Corrales y Artigas, incautando casi 100 armas y más de 3.500 municiones. La investigación apuntó a una estructura transnacional dedicada a comercializar armas y municiones.
Aquí la variable ya no es solamente droga.
Es también armamento.
CERRO LARGO: EL PRIMER COMANDO DE LA FRONTERA
El eje Río Branco-Brasil introduce otro actor: el Primer Comando de la Frontera (PCF).
En marzo de 2026, un operativo coordinado entre la Policía uruguaya y la Policía Federal brasileña detuvo en Río Branco a un hombre identificado oficialmente por Interior como uno de los líderes del PCF.
Era requerido por una investigación vinculada con aproximadamente 50 kilos de pasta base y también investigado por su presunta relación con otro procedimiento en el que habían sido incautados unos 130 kilos de droga ocultos en un camión.
Río Branco no puede observarse aisladamente.
Forma parte de una geografía que conecta Brasil con Cerro Largo, Treinta y Tres, Lavalleja, Rocha y Maldonado, antes de alcanzar otros mercados y centros logísticos.
LAVALLEJA, ROCHA Y MALDONADO: EL CORREDOR DEL ESTE
La Operación Santa II resulta particularmente interesante porque conecta varios puntos del este del país.
Las actuaciones buscaban desarticular estructuras investigadas por sus posibles vínculos con el PCF y produjeron procedimientos en Río Branco, Chuy y José Pedro Varela.
Investigaciones relacionadas habían permitido incautar más de 70 kilos de cocaína y armas. Los procedimientos posteriores derivaron en condenas por suministro de drogas y tráfico interno de armas y municiones.
La geografía resulta significativa:
RÍO BRANCO → JOSÉ PEDRO VARELA → CHUY → MALDONADO.
Esto no significa que una única organización controle ese corredor.
Significa algo más preciso: las investigaciones permiten observar movilidad de personas, drogas, armas y recursos entre diferentes departamentos.
Ese es precisamente el concepto de corredor criminal.
TACUAREMBÓ Y EL CENTRO-NORTE
Tacuarembó aparece como otro espacio de conexión entre la frontera y el interior.
La Operación Polonio descubrió una estructura dedicada al contrabando entre Artigas y Tacuarembó. Se realizaron siete allanamientos, ocho detenciones y fueron incautados once vehículos, mercaderías por varios millones de pesos, dinero, un arma y municiones. Hubo condenas por contrabando, lavado de activos y defraudación tributaria.
No todo contrabando constituye narcotráfico ni crimen organizado. Pero los corredores históricos son relevantes porque proporcionan rutas, depósitos, transportistas, contactos y conocimiento logístico potencialmente reutilizables por diferentes economías ilícitas.
TREINTA Y TRES: EL MICROTRÁFICO EN EL INTERIOR
La geografía criminal tiene también una dimensión estrictamente local.
En septiembre, la Operación Gotham atacó puntos de venta de estupefacientes situados en distintos barrios de Treinta y Tres y terminó con diez personas condenadas.
El episodio recuerda algo fundamental: no todo el fenómeno consiste en grandes organizaciones transnacionales.
Existe simultáneamente una extensa capa de microtráfico departamental y redes locales de distribución.
COLONIA: OTRA GEOGRAFÍA CRIMINAL
Ya iniciado octubre, la Operación Golfo incorporó otro territorio al mapa.
Más de cien policías realizaron 32 allanamientos en Colonia, Canelones y Montevideo dentro de una investigación por narcotráfico, lavado de activos y otros delitos. Fueron incautadas armas, drogas, vehículos, teléfonos y dinero. La operación terminó con 35 personas condenadas.
Existe además un elemento particularmente relevante: parte de la investigación alcanzó a personas que ya se encontraban recluidas.
Otra vez aparece la cárcel como nodo.
La prisión puede contener físicamente a un delincuente sin necesariamente neutralizar su capacidad de comunicación, articulación o mando.
MONTEVIDEO Y EL GRAN TRÁFICO: OPERACIÓN TRAZADOR
En septiembre, la Operación Trazador volvió a mostrar la convergencia entre drogas, dinero y armamento.
Procedimientos realizados en Montevideo permitieron incautar más de 265 kilos de drogas, más de tres millones de pesos, US$ 42.564, vehículos, armas y municiones, incluyendo 236 cartuchos calibre 7,62.
La operación fue desarrollada conjuntamente por la Policía Nacional y la División de Investigaciones de la Prefectura Nacional Naval.
La participación de Prefectura resulta particularmente relevante cuando las investigaciones alcanzan cadenas logísticas, narcotráfico internacional y posibles conexiones con los espacios marítimo-portuarios.
DEL MAPA DE BANDAS AL MAPA DE CORREDORES
Cuando superponemos estas investigaciones comienza a aparecer otro Uruguay.
En el norte, Artigas y Rivera muestran presencia documentada de estructuras brasileñas y tráfico transfronterizo.
En el noreste, Cerro Largo aparece conectado con investigaciones sobre el Primer Comando de la Frontera.
Hacia el este, Treinta y Tres, Lavalleja, Rocha y Maldonado muestran circulación de drogas, armas y personas.
En el centro-norte, Tacuarembó aparece conectado con antiguas y nuevas rutas de contrabando.
En el suroeste, Colonia exhibe estructuras capaces de extenderse entre departamentos.
Finalmente, Montevideo y Canelones concentran mercados internos, organizaciones territoriales, logística, cárceles, dinero y conexiones hacia circuitos internacionales.
El Ministerio del Interior informó que durante 2026 fueron afectadas 22 estructuras criminales mediante 24 operaciones específicas. Entre enero y agosto se realizaron 870 allanamientos vinculados a esta estrategia, con 418 armas y 66.195 cartuchos incautados y 695 personas condenadas o formalizadas.
No estamos frente a un Uruguay dividido territorialmente entre grandes carteles.
La realidad parece considerablemente más compleja.
Existen estructuras de diferente dimensión, nodos y corredores cuyos integrantes pueden competir, asociarse circunstancialmente, tercerizar funciones o utilizar las mismas rutas sin necesariamente formar parte de una única organización.
Por eso necesitamos dejar de observar exclusivamente un mapa de bandas para comenzar a construir un mapa de funciones criminales:
FRONTERA → INGRESO → CORREDOR → ACOPIO → DISTRIBUCIÓN → TERRITORIO → CÁRCEL → LAVADO → EXPORTACIÓN.
Esta arquitectura ayuda a comprender una transformación fundamental:
el crimen organizado uruguayo ya no puede explicarse exclusivamente desde Montevideo.
La frontera norte, el corredor noreste, el este, el litoral, las rutas interiores, las cárceles, el área metropolitana y los accesos marítimos constituyen diferentes piezas de un escenario que exige una mirada nacional.
El nuevo mapa criminal de Uruguay ya no se dibuja solamente con nombres de bandas. Se dibuja siguiendo territorios, rutas, drogas, armas, dinero, cárceles, fronteras y conexiones.
Fernando Vaccotti
RADAR de Seguridad | Uruguay
Octubre de 2026