Seguridad : Una guerra perdida

 

Los meses finales del 2017 y este comienzo del 2018, ya muy cerca de completar el primer semestre, encuentra al Uruguay y la región inmersos en un una no tan nueva realidad pero sí de gran impacto en la sociedad.
El miedo se ha apoderado de gran parte de la población ; la incertidumbre diaria de no saber si el que sale de su casa vuelve sano en el mejor de los casos o se convierte en un número más -en el peor de los casos- de la estadística criminal sin precedentes que se verifica en nuestro país con epicentro en la capital del país , Montevideo, pero demostrando también el alcance regional de este fenómeno.
La situación de los Departamentos de Lavalleja, Rocha, Canelones, Salto, Paysandú para mencionar alguno de los lugares del interior que sufren los efectos de la violencia criminal son alguno de los casos más notorios.
Cada día prácticamente nos enteramos de un nuevo homicidio en la capital y también en los Departamentos que conforman el llamado “interior” de nuestro territorio con llamativos incidentes de seguridad cada vez más violentos dirigidos contra la población, sus bienes y su estilo de vida.
Luego de trece años consecutivos de la administración de un solo partido político en el gobierno, el montevideano vive tras las rejas y con el sistema de alarmas centralizado a alguna de las tantas centrales privadas de seguridad que estás conectadas con la Policía. Justo es decir que no todos los ciudadanos tienen el privilegio de poder adquirir y afiliarse a una empresa de alarmas privada, en razón de los salarios existentes y de los altos precios del mercado. La seguridad ciudadana está pasando paulatinamente a manos de los privados y hasta un proyecto piloto de tercerización de la cárcel de Punta de Rieles se echó a andar. Pero con todo este panorama que supondría más policías dedicados a combatir el crimen, el resultado es negativo.
También este periodo la Policía se ha convertido en la Fuerza Pública con mayor número de funcionarios, con equipamiento de última generación y con un presupuesto que asegura el mantener operativa a una Policía alineada con los interese del gobierno y con mayor presencia posible pero con una manifiesta falta de capacidad para establecer el orden público y generar confianza en la población. Planes de patrullaje dedicados y experiencias como el PADO ven cada tanto algún tipo de éxito en las calles y sobre todo en los barrios copados por las bandas criminales.
De esa manera y con un promedio de un homicidio por día cuando no más de uno, el país va camino a batir records de homicidios cuando finalice el 2018.
El mismo criterio de observación comprende a otros dos delitos comunes a los habitantes del país pero más localizado en Montevideo: la rapiña y el robo en todas sus modalidades.
El robo no solamente ha crecido en cantidad si no que se ha visto un preocupante cambio en la violencia con la cuál se ejecuta. Se está naturalizando en virtud de la repetición, la modalidad del “ajuste de cuentas “entre integrantes de las bandas criminales que combaten por el control territorial que les permita asegurar el negocio del narcomenudeo, o la venta de pasta base, paco, porro, metanfetaminas y ácidos en lugares conocidos como “bocas” y que pululan bajo la mirada de los diferentes vecindarios.
Los delincuentes o criminales operan cada vez más organizados. está un paso adelante de las autoridades para llevar a cabo sus “trabajos”, tienen fácil acceso a las armas y a las comunicaciones; están equipados con chalecos antibala, poseen comunicaciones efectivas, vehículos y una ingeniería financiera que les permite hacer desaparecer del mercado el inmenso volumen de efectivo con el cuál se han alzado en este último período; han asaltado a policías y militares, les han quitado sus armas de reglamento, que en cualquier conflicto en el mundo son consideradas armas de guerra y han aumentado su poder de fuego. Están a su vez, entrenados. Hacen uso de las redes sociales y monitorean a sus ocasionales competidores-enemigos.
Han aprendido como manejar explosivos caseros y hacer volar cajeros automáticos utilizando elementos que están al alcance de cualquier ciudadano que los necesite pues son de venta libre.
El mercado negro de armas copó Montevideo y el producto de esta situación es que muchas armas que circulan libremente por la región llegan a la capital desde las poco controladas fronteras para ser comercializadas en sus dos modalidades : venta y / o alquiler, un negocio que va en aumento por su éxito y la ganancia que reditúa, mientras a la población civil se le exige que entregue las armas que poseen de manera privada y legal, generando un debate que ya lleva varios años y que en este momento, provoca que los ciudadanos tenedores de armas deban registrarlas siguiendo un tedioso esquema burocrático que al impulso de la improvisación y apuro por aprobar una ley y un reglamento, no previó que el Estado no tenía la capacidad burocrática de registrar efectivamente todas las armas en poder legal de los ciudadanos.
A este panorama hay que sumarle los fraudes electrónicos, secuestros express, secuestros virtuales, dinero falso, fuego indirecto durante tiroteos en la ciudad que dejan a ciudadanos herido o muertos por el simple hecho de “estar en el lugar equivocado en el momento equivocado”, una suerte de la nueva lotería uruguaya cuyo premio mayor es volver vivo cada día luego de una jornada de trabajo. Atracos a camiones blindados, sucursales de locales de pago, centros comerciales, supermercados, etc., se han convertido en moneda corriente de la vida cotidiana del uruguayo.
El efecto cascada de la violencia generada en varios países de America Central ha llegado a nuestro país. Las bandas con nexos extranjeros se han instalado. Los códigos han cambiado. El escenario de la violencia urbana también. El uruguayo debe acostumbrarse a vivir en esta situación, qué solamente va a empeorar o puede librar una batalla ? en caso de que así ocurra y se ganen batallas para recuperar el antiguo orden de un país amable y sensato, de buenas costumbres y seguro, de mientras, la guerra por la seguridad se ha perdido.

 

Autor: Fernando Vaccotti

Consultor Privado. Experto en Seguridad Internacional. Security Consulting Services & Solutions. Consultor Experto en Seguridad WFP (Programa Mundial de Alimentos ONU). Soluciones en Seguridad Multidimensional. Pensando soluciones fuera de la caja. Out of box thinking.

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