Como opera el grupo de élite de Irán y cuál era el rol en él del general Zahedi, asesinado en Damasco en un ataque atribuido a Israel.
Opinión
El complejo escenario del Medio Oriente se vio más convulsionado aún el lunes 1 de abril al anunciarse un ataque “quirúrgico” sobre la estructura edilicia del consulado iraní en Damasco que dejó un saldo no confirmado de “al menos” siete muertos, entre los cuales se encontraban dos importantes figuras del esquema militar que opera la Fuerza Quds y que según la información disponible, oficiaban de nexo con Hezbolah y comandaban esta fuerza en Siria y el Líbano.
Existe una red de grupos respaldados por Irán en todo el Medio Oriente dedicados a reducir la influencia de Estados Unidos en la región y, en última instancia, eliminar al Estado de Israel. El nombre de la red es un juego de palabras con la afirmación del expresidente George W. Bush en 2002 de que Irán, Irak y Corea del Norte formaban el “Eje del Mal”.
El Eje de la Resistencia incluye a Hamas, Hezbollah, los hutíes y otros grupos, y tanto su estrategia como sus tácticas han sido radicales durante mucho tiempo. El eslogan oficial de los hutíes, el grupo con sede en Yemen que ha atacado barcos comerciales en el Mar Rojo incluye «muerte a Estados Unidos, muerte a Israel, una maldición sobre los judíos», por ejemplo.
Sin embargo, el conflicto entre el Eje y sus enemigos había permanecido limitado durante años. A pesar de que Irán financia y apoya al Eje, otros países a menudo han tratado a sus grupos miembros como distintos de Irán. Los ataques de Hamás o Hezbollah no solían dar lugar a represalias contra Irán.
Los acontecimientos de los últimos meses amenazan con cambiar esta dinámica.
El principal punto de inflexión, por supuesto, fue el 7 de octubre. Hamas llevó a cabo el ataque terrorista más mortífero en la historia de Israel y dijo que repetiría los ataques hasta que Israel fuera destruido. Israel ha respondido prometiendo destruir a Hamas, y su guerra en Gaza ha arrasado barrios y matado a decenas de miles de palestinos.
En solidaridad con Hamás, Hezbollah ha disparado misiles contra Israel, mientras que los hutíes han interrumpido el comercio mundial.
Inicialmente, Irán permaneció algo alejado de la lucha.
Aunque sus líderes elogiaron el ataque del 7 de octubre como un paso hacia el fin de Israel, dijeron en privado que no ayudaron a planear el ataque, y los funcionarios estadounidenses están de acuerdo en que no lo hicieron. Los tres países tomaron medidas para evitar una guerra más amplia.
El último ataque dirigido a eliminar a un líder de este grupo fue en el 2020 en territorio iraquí y se trató del comandante en aquel momento de los Quds, el General Solemani. Esa vez fue Estados Unidos el responsable de la operación.
Todos tienen poderosas razones. La economía de Irán es débil y su gobierno fundamentalista está preocupado por el activismo a favor de la democracia.
Una guerra podría desestabilizar el país. Israel espera firmar un acuerdo diplomático con Arabia Saudita, como ya lo ha hecho con Bahréin, Marruecos y los Emiratos Árabes Unidos, lo que reduciría los riesgos a largo plazo para la existencia de Israel.
Una guerra sangrienta podría dificultar que los saudíes lo hagan (al igual que la guerra en Gaza ha puesto en suspenso las conversaciones saudíes). Y el presidente Biden quiere evitar una guerra más amplia.
A pesar de estos factores, una realidad básica puede empujar a Irán e Israel hacia la confrontación: la distinción entre Irán y el Eje de la Resistencia siempre ha sido turbia.
No se deben descartar acciones en cualquier parte del planeta contra blancos occidentales, lo que coloca como siempre a Latinoamérica, debido a la notoria penetración de Irán y la estructura montada de Hezbollah en la región, como un blanco de oportunidad probable.
Las redes iraníes en nuestra región son extensas y manejan mucho poder económico con presencia en la Triple Frontera y alianzas estratégicas con grupos criminales (CJNG, PCC ?).
Se espera una respuesta al menos igual y recíprocamente violenta por parte de Irán. No se sabe cuándo ni cómo ni dónde pero hay una gran certeza de que esto ocurrirá. La situación continúa siendo me delicada.
FV
- 2 abril 2024, BBC News
El ataque al consulado iraní en Damasco este lunes -que varios gobiernos atribuyen a Israel- dejó al menos siete muertos, entre ellos una importante figura militar del régimen de los ayatolás.
Se trata de Mohamed Reza Zahedi, general de brigada de 63 años con un largo historial de servicio en el CGRI (Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica), el poderoso ejército paralelo de Irán y el más numeroso dentro de sus fuerzas armadas.
Zahedi era un alto comandante de la Fuerza Quds, el brazo paramilitar de élite de la Guardia Revolucionaria a cargo de las relaciones con gobiernos y grupos aliados de Teherán.
Murió junto a su número dos, el también general Mohamed Hadi Haji-Rahimi, en el ataque sorpresa que aviones israelíes procedentes de los Altos del Golán -según el Ministerio de Exteriores de Siria- llevaron a cabo sobre el consulado iraní en el distrito de Mezzeh en Damasco.

El ataque destruyó el edificio de varias plantas situado junto a la embajada de Irán, que no sufrió daños.
El general asesinado era el comandante de la Fuerza Quds en Siria y Líbano, donde jugaba un papel crucial en la asistencia militar tanto al régimen de Bashar al Asad como a la organización político-militar Hezbolá.
Analizamos cómo opera esta temida organización y cuál era el rol de Zahedi.
Clave en la política exterior iraní
La Fuerza Quds es un importante instrumento de la política exterior iraní que muchos expertos describen como una combinación de las fuerzas de operaciones especiales y la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Surgió como la rama de asuntos exteriores de facto durante la expansión del CGRI.
Su nombre significa en farsi y árabe Jerusalén, ciudad que sus combatientes prometieron «liberar».
La organización opera de manera encubierta y a veces abiertamente en varias partes del mundo.
Se la vincula con el grupo Hezbolá del Líbano y las milicias chiitas en Irak y en Afganistán.
A la Fuerza Quds se le ha atribuido la autoría intelectual de diferentes ataques mortales, como el atentado contra los cuarteles en Beirut en 1983 en el que murieron 241 infantes de marina estadounidenses, 58 soldados franceses y 6 civiles libaneses.
Tanto EE.UU. como la Unión Europea (UE) la han acusado de distribuir armas en Siria para ayudar al régimen de Bashar al Assad a reprimir a los rebeldes en el país árabe.
Washington también los ha señalado como responsables de armar y entrenar a talibanes en Oriente Medio.
Esta organización se enfoca en apoyar y asesorar en lugar de participar directamente en incursiones militares.
Esto permite a Irán negar toda participación en operaciones militares e insurgentes, evitando un conflicto directo con EE.UU.
Entre 5.000 y 10.000 miembros
Debido a la forma en la que opera, es imposible obtener números exactos del tamaño de sus tropas. Sin embargo, existen estimaciones que van desde los 5.000 miembros hasta más de 10.000.
Se les recluta de acuerdo con sus habilidades y por su grado de lealtad a la República Islámica.
Pero como la función principal de la Fuerza Quds es ayudar a establecer milicias aliadas y fuerzas de combate en otros países, el número de reclutados no refleja sus enormes capacidades de influencia y de acción.

Desde 1979, su objetivo ha sido combatir a los enemigos de Irán y extender la influencia del país en la región.
Para intentar contrarrestar su creciente poder de acción, la administración del expresidente estadounidense Donald Trump designó a este brazo paramilitar como una Organización Terrorista Extranjera (FTO, por sus siglas en inglés).
Trump calificó a la Fuerza Quds como un «mecanismo principal de Irán para cultivar y apoyar» grupos terroristas en Medio Oriente.
El gobierno iraní, por su parte, ha negado en diversas ocasiones apoyar organizaciones criminales y acusa a EE.UU. como el culpable de las turbulencias que sacuden Medio Oriente en la actualidad.
En enero de 2020 Estados Unidos asesinó en un preciso ataque selectivo con drones al entonces comandante en jefe de la Fuerza Quds, el influyente general de división iraní Qasem Soleimani.

El asesinato de Soleimani fue un duro golpe para el régimen del ayatolá Alí Jamenei, que respondió con ataques a bases estadounidenses en el vecino Irak, elevando la tensión militar entre ambos países.
Soleimani fue reemplazado por el general de brigada Esmail Qaani, de 66 años, quien es el actual líder de la Fuerza Quds.
Mohamed Reza Zahedi
El asesinato de Zahedi es el de más alto perfil en la Fuerza Quds y la Guardia Revolucionaria desde el de Soleimani en 2020.
El general de 63 años desempeñaba un papel clave al ser el principal interlocutor entre Irán y Hezbolá, la organización político-militar libanesa considerada terrorista por la Unión Europea, EE.UU. y parte de la comunidad internacional.
Nacido el 2 de noviembre de 1960, se unió a la Guardia Revolucionaria en 1980 durante la guerra Irán-Irak (1980-88), en la que participó activamente.
Comandó la 44ª División Qamar Bani Hashem entre 1983 y 1986, y la 14ª División del Imam Hussein hasta 1991.
Entre 1998 y 2002 comandó por primera vez la fuerza Quds para Líbano, donde brindó todo tipo de asistencia a Hezbolá.
Más tarde, entre 2005 y 2008 lideró las fuerzas terrestres del CGRI y fue responsable de la base Thar-Allah en Teherán, encargada de la seguridad en la capital iraní.
En 2008 Zahedi se reincorporó a la Fuerza Quds y, hasta su asesinato este lunes, estuvo al frente de esta organización para Siria y Líbano.

Según expertos, jugó un papel crucial en el suministro de armas y experiencia técnica a Hezbolá, así como en la coordinación de operaciones contra las fuerzas israelíes en el sur de Líbano.
Además, coordinaba la asistencia militar que el brazo exterior del ejército de Irán presta al régimen de Bashar al Asad y lideraba la Unidad 18000 del CGRI, que opera en Siria en colaboración con el ejército local para el contrabando de armas, munición y equipos militares.
Desde 2010 Zahedi figuraba en la lista de terroristas y sus patrocinadores sujetos a sanciones del Departamento del Tesoro de Estados Unidos por actuar como “enlace con Hezbolá y los servicios de inteligencia sirios” y “garantizar envíos de armas” a la organización islamista radical de Líbano.