GEOPOLÍTICA MEDIO ORIENTE
El 30 de septiembre de 2026 marca el final de la misión militar de la coalición internacional contra ISIS en Irak. No es un hecho administrativo ni una simple retirada de tropas: representa el cierre de un ciclo iniciado con la invasión de 2003, reconfigurado tras el colapso iraquí de 2014 y sostenido durante más de una década por la lucha contra el Estado Islámico.
La cuestión estratégica no es si Irak tiene derecho a recuperar plenamente su soberanía. Lo tiene. La pregunta decisiva es otra:
¿Puede el Estado iraquí monopolizar efectivamente la fuerza, sostener capacidades de inteligencia y evitar que su territorio vuelva a convertirse en un espacio de competencia armada entre actores internos, regionales y transnacionales?
La respuesta todavía está en construcción.
Del combate contra ISIS a la transición de seguridad
La coalición liderada por Estados Unidos nació en 2014, cuando ISIS llegó a controlar cerca de un tercio del territorio iraquí y amenazó directamente a Bagdad, Erbil y las principales infraestructuras del país. Su contribución fue central: apoyo aéreo, inteligencia, vigilancia, reconocimiento, asesoramiento, logística, entrenamiento y coordinación con fuerzas iraquíes y kurdas.
La derrota territorial del “califato” no eliminó la amenaza. ISIS dejó de ser una organización con ciudades, ministerios y líneas de frente, pero preservó redes clandestinas, células durmientes, capacidad de reclutamiento y aptitud para explotar vacíos de seguridad, tensiones sectarias y áreas periféricas. La propia discusión sobre la salida de la coalición confirma esta paradoja: Irak es hoy mucho más fuerte que en 2014, pero continúa expuesto a amenazas que ninguna institución enfrenta de manera aislada.
El acuerdo de transición alcanzado entre Bagdad y Washington en 2024 preveía el fin de la misión de la coalición en las áreas federales y una fase posterior vinculada al apoyo contra ISIS desde Irak hacia Siria. La transferencia de Ain al-Asad al control iraquí, concretada en enero de 2026, fue uno de los hitos visibles de ese proceso. investing.com
Ahora, la salida de las últimas fuerzas y sistemas estadounidenses de Irak completa la dimensión física de la transición. Pero retirar una presencia militar no equivale automáticamente a sustituir las capacidades que esa presencia aportaba.
La capacidad crítica: inteligencia, no ocupación
El principal riesgo no reside en la ausencia de soldados extranjeros como tal. Está en una eventual pérdida de capacidades habilitadoras: inteligencia técnica, vigilancia aérea persistente, drones, fusión de información, alerta temprana, evacuación médica, mantenimiento especializado y coordinación transfronteriza.
Las Fuerzas de Seguridad iraquíes han demostrado progreso y profesionalización. Sin embargo, el combate contra una insurgencia residual depende menos del tamaño de una fuerza que de su capacidad para detectar, anticipar y neutralizar redes antes de que se conviertan en una campaña terrorista.
Las advertencias desde sectores iraquíes y kurdos deben leerse en esa clave. Reuters informó esta semana sobre actividad de células durmientes y sobre la preocupación de que ISIS intente explotar el momento de transición; también recogió la inquietud por la posible pérdida de inteligencia, logística y capacidades no tripuladas. Reuters
Por eso, el desafío de Bagdad no es reemplazar una bandera extranjera por otra iraquí en las bases. Es construir una arquitectura de seguridad en la que el Estado pueda integrar inteligencia nacional, coordinación con el Kurdistán, control de fronteras, respuesta antiterrorista y cooperación internacional bajo mando soberano.
El verdadero dilema: soberanía y monopolio de la fuerza
La salida de la coalición fortalece simbólicamente la narrativa de soberanía iraquí. Para las milicias alineadas con Irán, constituye además una victoria política y propagandística: desaparece un contrapeso militar estadounidense que durante años limitó su margen de acción.

Pero la soberanía no se mide solamente por la ausencia de fuerzas extranjeras. Se mide por la capacidad del gobierno de establecer reglas iguales para todos los actores armados dentro de sus fronteras.
Ese es el núcleo del problema iraquí. Existen grupos formalmente incorporados a estructuras estatales, pero con cadenas de mando, agendas políticas y vínculos externos que no siempre responden de forma plena a la autoridad central. La retirada estadounidense puede ampliar la autonomía de estos actores si no va acompañada de una política paciente, firme y realista de unificación del mando, control de arsenales y subordinación efectiva al Estado.
La fecha será presentada como “Día Nacional de la Soberanía”. Sin embargo, la soberanía se consolidará únicamente si la fuerza armada oficial se convierte en el único instrumento legítimo de defensa y seguridad. agenzianova.com
Irak como espacio de equilibrio regional
Irak mantiene una condición geopolítica excepcional: es uno de los pocos países capaces de sostener relaciones relevantes tanto con Estados Unidos como con Irán. Esa posición le da margen diplomático, pero también lo convierte en terreno de presión permanente.
La retirada ocurre en un contexto regional particularmente tenso. Teherán interpreta el movimiento como una victoria estratégica de su eje de influencia; Washington, por su parte, busca preservar una relación bilateral sin sostener el costo político y militar de una presencia directa. En medio quedan Bagdad, Erbil, las milicias, las comunidades sunníes y una frontera siria todavía frágil.
La salida de la coalición no debe leerse, entonces, como un vacío absoluto ni como el fin de la relación con Occidente. Bagdad busca sustituir el formato multilateral de guerra por acuerdos bilaterales en seguridad, economía, energía, inversión y desarrollo. La Misión de la OTAN en Irak continúa siendo una pieza relevante: no participa en operaciones de combate, sino que asesora a ministerios, policía federal, instituciones de seguridad y centros de formación profesional. NATO

Ese modelo es potencialmente más sostenible porque desplaza la cooperación desde la dependencia táctica hacia el fortalecimiento institucional. Pero solo funcionará si se mantiene el consentimiento político iraquí y si la cooperación no queda reducida a declaraciones.
La prueba de los próximos meses
Irak entra en una fase decisiva. Hay tres indicadores que conviene observar:
- La capacidad de Bagdad para impedir una reactivación de ISIS en zonas rurales, disputadas o fronterizas.
- El avance real hacia el monopolio estatal de las armas y la integración de las formaciones armadas.
- La continuidad de una cooperación internacional centrada en inteligencia, entrenamiento, aviación, defensa aérea y reforma institucional.
La idea-fuerza es clara: Irak no enfrenta un problema de retirada, sino un problema de consolidación estatal. El final de la coalición puede convertirse en un acto genuino de soberanía o en el comienzo de un nuevo ciclo de fragilidad, dependiendo de si Bagdad logra transformar la autonomía formal en capacidad efectiva.
La guerra contra ISIS dejó una lección que sigue vigente: el terrorismo no reaparece solo por la fuerza de sus combatientes. Reaparece cuando las fracturas políticas, territoriales e institucionales le devuelven espacio para respirar.
Si le resulta útil, puedo preparar una actualización mensual de Irak para mantener este análisis al día.

Ain al-Asad es una gran base aérea iraquí situada en la provincia occidental de Al Anbar, cerca del río Éufrates.
Fue una de las principales instalaciones utilizadas por Estados Unidos y la coalición contra ISIS para operaciones de inteligencia, drones, apoyo aéreo, entrenamiento y logística. Por su ubicación, es estratégica para vigilar el oeste de Irak, la frontera siria y las rutas que conectan con Siria y Jordania.
También fue objetivo recurrente de ataques con misiles y drones de milicias proiraníes, especialmente tras la muerte de Qasem Soleimani en 2020. En enero de 2026, las fuerzas iraquíes asumieron formalmente su control tras la salida estadounidense.
Principales grupos criminales armados operando en territorio irakí.
| Categoría | Actor principal | Situación y lógica operativa |
|---|---|---|
| Terrorismo yihadista | ISIS / Daesh – provincia de Irak | Es la amenaza insurgente principal. Ya no controla ciudades ni territorio continuo, pero mantiene células clandestinas, facilitadores y redes logísticas, sobre todo en áreas rurales y disputadas de Kirkuk, Diyala, Salah al-Din, Nínive y Anbar. Su ventaja es explotar vacíos entre fuerzas federales, Peshmerga y autoridades locales. La ONU advierte que Daesh sigue aprovechando la inestabilidad iraquí y siria. (Counter-Terrorism Committee (CTC)) |
| Al Qaeda | No existe hoy una filial iraquí relevante y separada comparable a ISIS | La antigua Al Qaeda en Irak (AQI), fundada por Abu Musab al-Zarqawi, evolucionó hacia el Estado Islámico de Irak y luego ISIS. Desde la ruptura entre ISIS y Al Qaeda en 2014, ISIS no es afiliado de Al Qaeda: es su rival. Puede haber facilitadores o individuos inspirados por Al Qaeda, pero no hay evidencia pública de una estructura operativa nacional significativa de Al Qaeda en Irak. |
| Milicias proiraníes | Kataib Hezbollah | Es una de las facciones más poderosas y de línea más dura. Posee capacidad de cohetes, drones y proyección político-militar; ha sido asociada por Washington con ataques contra intereses estadounidenses. Tiene influencia dentro de la constelación de las Fuerzas de Movilización Popular —Hashd al-Shaabi/PMF—, aunque no debe confundirse a toda la PMF con una sola organización. |
| Milicias proiraníes | Asaib Ahl al-Haq (AAH) | Dirigida por Qais al-Khazali, combina estructura armada, presencia política y red social. Su importancia radica en esa triple condición: fuerza militar, actor electoral y vehículo de influencia territorial. |
| Milicias proiraníes | Harakat Hezbollah al-Nujaba | Facción ideológicamente cercana a Irán y con experiencia de despliegue regional, especialmente vinculada al teatro sirio. Mantiene una postura más resistente a la subordinación plena al mando estatal. |
| Milicias proiraníes | Kataib Sayyid al-Shuhada e Imam Ali Brigades | Integran el entramado de facciones chiíes armadas. Algunas han manifestado disposición a encuadrar armas bajo autoridad estatal, pero el proceso es desigual y debe verificarse en los hechos. |
| Estructuras político-militares | Organización Badr | Es una de las organizaciones más influyentes en la seguridad y política chií iraquí. No debe ser tratada automáticamente como “grupo criminal”; es un actor institucional y político con brazo armado, peso histórico y vínculos estrechos con el aparato de seguridad. |
| Insurgencia kurda regional | PKK | El Partido de los Trabajadores del Kurdistán opera en zonas montañosas del norte, principalmente en el entorno de Qandil y Sinjar. Turquía lo considera organización terrorista; Bagdad lo enfrenta como presencia armada no estatal. Su presencia explica buena parte de la intervención militar turca en el norte iraquí. |
| Grupos locales vinculados al PKK | YBS / Unidades de Resistencia de Sinjar | Milicia yazidí surgida tras la ofensiva de ISIS de 2014. Mantiene vínculos históricos e ideológicos con el PKK. Su desarme o integración estatal es un asunto sensible en Sinjar. (apnews.com) |
| Crimen organizado | Redes flexibles, no “carteles” nacionales consolidados | Irak no presenta hoy carteles con identidad pública y estructura comparable a CJNG, PCC o Tren de Aragua. Predominan redes de contrabando, tráfico de metanfetaminas y otras drogas sintéticas, armas, trata y tráfico de personas, contrabando de combustible, corrupción aduanera y economías de frontera. La ONU registra un aumento probable de incautaciones de metanfetamina en Irak y otros países de Medio Oriente. (Data Portal UNODC) |
Irak no enfrenta solamente la persistencia de ISIS. Enfrenta un ecosistema híbrido donde células yihadistas, milicias con autonomía política, grupos armados regionales y redes criminales compiten, cooperan o se superponen en las franjas donde el Estado aún no logra monopolizar plenamente la fuerza, la frontera y la renta ilícita.