La vuelta de los militares en Brasil

Fuerzas Armadas brasileñas gozan de prestigio social y se presentan como garantes de la institucionalidad
Los militares están de vuelta en Brasil. El presidente Michel Temer les abrió la puerta al gobierno y, sustentados en el descrédito de la clase política en su conjunto y en una aceptación ascendente en la sociedad brasileña, gozan de su mayor prestigio desde el retorno de la democracia hace 33 años.
La corrupción rampante destapada en los últimos años con la operación Lava Jato hundió a los partidos políticos brasileños en la consideración de la opinión pública. Y, en ese caldo de cultivo antipolítico, una institución emergió restaurada.
Ya el año pasado una encuesta de Datafolha indicaba que los uniformados eran la institución más confiable para la ciudadanía. El 40% de la población decía tener mucha confianza en las Fuerzas Armadas y otro 43% que confiaba un poco, el nivel más elevado para un órgano estatal. En oposición, la credibilidad presidencial y del Congreso estaba en niveles por el piso.
Hoy, el presidente Michel Temer tiene una popularidad de 5% según un sondeo de Ibope realizado en marzo, mientras que el 72% de los encuestados considera su gestión “mala” o “terrible”.

Mensaje político

Una señal de la influencia militar en la vida política brasileña se dio en la víspera a que el Supremo Tribunal Federal fallara sobre el recurso de habeas corpus presentado por la defensa de Lula da Silva para evitar la prisión. El comandante del Ejército, Eduardo Villas Boas, expresó a través de un tuit su “repudio a la impunidad”, y presentó a las Fuerzas Armadas como garantes de la institucionalidad y de la Constitución.
La declaración del oficial, respaldada rápidamente por varios de sus subordinados, fue interpretada por algunos congresistas como una indebida presión sobre los miembros de la Corte y, por otros, directamente como una amenaza de golpe de Estado.
El tuit de Villas Boas acumuló más de 21 mil retuits y más de 60 mil me gusta en la red social.
“Esto definitivamente no es bueno. Si es lo que parece, otro 1964 sería inaceptable. Pero no creo en eso realmente”, escribió en Twitter el ex procurador general Rodrigo Janot, en referencia al último golpe de Estado.
Otros, como el candidato a la presidencia de extrema derecha Jair Bolsonaro –que está segundo en intención de voto detrás de Lula en la carrera a octubre–, recibieron con entusiasmo las expresiones del uniformado.
“El partido del Ejército es Brasil. Hombres y mujeres de verde sirven a la patria. Su comandante es un soldado al servicio de la democracia y la libertad. Así fue en el pasado y siempre lo será. Con orgullo: ‘estamos juntos general Villas Boas'”, escribió el legislador también en la red social.
A nivel oficial, el ministro de Seguridad Pública, Raúl Jungmann, que hasta febrero pasado era superior de Villas Boas como ministro de Defensa, fue uno de los pocos miembros del gobierno en pronunciarse y lo hizo para defender el carácter democrático del militar.
“Las palabras del general Villas Boas representan básicamente la defensa de la institucionalidad, la defensa de la Constitución y, sobre todo, la noción de que la regla del juego es para ser cumplida y que tiene que ser aceptada”, afirmó el ministro.

Temer les dio alas

Pero la influencia militar sobre el gobierno no es reciente, y tiene sustento en decisiones adoptadas por Temer desde que asumió la presidencia tras la caída de su exaliada, Dilma Rousseff, en mayo de 2016.
En la actualidad, y por primera vez desde que fue creado en 1999 el Ministerio de Defensa para unificar en un poder civil el control del Ejército, la Fuerza Aérea y la Marina brasileña, un militar dirige esa cartera. La designación del general Joaquim Silva e Luna se produjo con la creación por parte de Temer del Ministerio Extraordinario de Seguridad Pública, que llevó al presidente a poner en la flamante institución al entonces ministro de Defensa, Raul Jungmann.
Otro general, Sérgio Etchegoyen, controla en la actualidad el Gabinete de Seguridad Institucional, rehabilitado por Temer, y que tiene bajo su control a la Agencia Brasileña de Inteligencia, que antes estaba bajo control civil.
También está en manos militares la seguridad pública de la ciudad de Río de Janeiro, luego de que Temer resolviera en febrero la intervención –con apoyo del Congreso– bajo la conducción del general Walter Braga Netto.
La decisión implicó también que el presidente promoviera cambios en la legislación para permitir que los militares que cometan crímenes contra la vida durante las operaciones en las calles, sean juzgados ante estrados militares en lugar de en la Justicia civil.
Tanto Braga Netto, como Sérgio Etchegoyen y Silva e Luna son señalados como un nuevo núcleo de poder entorno al presidente.
Según Estadão, ese protagonismo militar sobre Temer está generando “incomodidad” en los pasillos de la sede presidencial de Planalto, que estiman que no es positivo para el presidente ligar su imagen a la de los uniformados.
Temer, en tanto, ha dicho públicamente que hay que terminar con el “preconcepto” que existe sobre los militares y defendió la participación activa de oficiales en puestos de gobierno.
De hecho, la cercanía del presidente con las Fuerzas Armadas es de larga data. Su primer cargo público ejecutivo fue como secretario de Seguridad Pública del estado de San Pablo en la década de 1980 y luego nuevamente en la de 1990, desde donde comenzó a cultivar su relación con los uniformados.
Ya como vicepresidente y cuando se procesaba el impeachment contra Rousseff, Temer buscó nuevamente cercanía con oficiales de alto rango.
Las acciones siguientes, ya como presidente, buscaron fortalecer ese vínculo. Según El País de Madrid, en los últimos dos años el presidente realizó al menos diez encuentros con comandantes de las Fuerzas Armadas, cuatro de las cuales se realizaron en los primeros dos meses de este año.
Todavía con aspiraciones presidenciales para octubre –pese a su baja popularidad–, la intervención militar de la seguridad de Río es también interpretada como un mensaje al electorado conservador para intentar mejorar su imagen presidencial.
Pero más allá de ese rol central como agente estabilizador que intentan asumir las Fuerzas Armadas en medio del caos político, no existe en ese protagonismo un ardid que persiga el objetivo de “retomar el poder”, evaluó la doctora en Ciencia Política y profesora de la Pontificia Universidad Católica de Río, María Celina D’Araujo, que estudió el rol de la dictadura y las relaciones entre militares y civiles. En una entrevista con Estadao, la experta afirmó que la intervención militar de Río es una “respuesta-espectáculo” de Temer al recurrir a las Fuerzas Armadas en busca de una “credibilidad que él no tiene”. Para la experta, la imagen positiva de los militares en la opinión pública se debe a que para la mayoría de la población, “los militares no están asociados con la dictadura”.
“Existe la idea de que los militares son moralmente superiores, no corrompen ni son corrompidos. Estamos viendo grupos pidiendo que vuelvan, pero son ciclos: a veces creen que hay que tener más apertura y libertad, y en otros momentos de explosión de violencia, que se necesita usar más fuerza”, explicó D’Araujo.

En el gobierno

Joaquim Silva e Luna. Ministro de Defensa.
Sérgio Etchegoyen. General, a cargo del Gabinete de Seguridad Institucional.
Roberto Ramos. General de reserva del Ejército, jefe de gabinete de la Casa Civil.
Carlos Santos Cruz. Secretario nacional de Seguridad Pública.
F
Walter Braga Netto. General del Ejército, interventor de seguridad pública de Río.

Autor: Fernando Vaccotti

Consultor Privado. Experto en Seguridad Internacional. Security Consulting Services & Solutions. Consultor Experto en Seguridad WFP (Programa Mundial de Alimentos ONU). Soluciones en Seguridad Multidimensional. Pensando soluciones fuera de la caja. Out of box thinking.

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