Cuando termina la guerra y comienza la política

Reflexiones primarias sobre el acuerdo entre Estados Unidos e Irán y las lecciones estratégicas de un conflicto que mantuvo al mundo en vilo

(Escrito antes de la firma del acuerdo)

El anuncio de un acuerdo preliminar entre Estados Unidos e Irán marca probablemente el fin de la fase militar más intensa del conflicto iniciado meses atrás. Sin embargo, las preguntas más importantes no son militares sino políticas. Como ocurre con frecuencia en los conflictos contemporáneos, el resultado no se medirá por la cantidad de objetivos destruidos, sino por la capacidad de cada actor para alcanzar sus objetivos estratégicos y sobrevivir al nuevo equilibrio regional que emerge tras la guerra.

Durante más de cien días, el mundo observó con preocupación una escalada que parecía conducir inevitablemente a una guerra regional de grandes proporciones. El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán transformó al Estrecho de Ormuz en el principal centro de gravedad geopolítico del planeta, afectando mercados, cadenas logísticas, seguridad energética y estabilidad regional.

Hoy, con un acuerdo inicial sobre la mesa, una pregunta comienza a dominar el debate estratégico:

¿Quién ganó?

La respuesta depende de la métrica utilizada.

Si el análisis se limita a capacidades militares destruidas, infraestructura dañada o cantidad de ataques ejecutados, las conclusiones serán parciales. Las guerras modernas rara vez terminan cuando dejan de dispararse las armas. Terminan cuando se consolidan nuevos equilibrios políticos.

Y es precisamente allí donde comienza el verdadero análisis.

El error de medir una guerra únicamente por sus daños

En los últimos años hemos desarrollado una tendencia a observar los conflictos desde una lógica táctica: cuántos misiles fueron lanzados, cuántos drones fueron interceptados o qué objetivos fueron destruidos. Sin embargo, los estrategas saben que la pregunta relevante no es quién golpeó más fuerte.

La pregunta es quién consiguió modificar la conducta del adversario para acercarse a sus objetivos políticos. La diferencia parece sutil, pero es enorme. Estados Unidos demostró una capacidad militar abrumadora. Irán demostró capacidad de resistencia política.

Estados Unidos evitó una guerra regional prolongada. Irán evitó un colapso del régimen.

Israel degradó capacidades estratégicas iraníes. Pero Irán continúa siendo un actor central en la arquitectura de seguridad de Medio Oriente.

Ninguno obtuvo una victoria absoluta. Ninguno sufrió una derrota absoluta.

La supervivencia como forma de victoria

Uno de los errores más frecuentes en el análisis estratégico consiste en asumir que la destrucción material equivale automáticamente a una derrota política.

La historia demuestra exactamente lo contrario.

Vietnam, Afganistán, Irak y múltiples conflictos contemporáneos muestran que los actores más débiles pueden sobrevivir militarmente deteriorados pero políticamente vigentes.

La supervivencia del sistema puede convertirse en una forma de victoria.

Eso parece haber ocurrido con Irán.

A pesar de los daños sufridos, el régimen mantiene capacidad de negociación, influencia regional y control interno suficiente para sentarse en una mesa de negociación sin haber desaparecido como actor estratégico.

Desde esta perspectiva, la expresión que mejor resume el momento actual es sencilla:

Derrota material. Supervivencia política.

El verdadero centro de gravedad: Ormuz

Más que una guerra territorial, este conflicto fue una guerra sobre flujos.

Flujos de energía. Flujos comerciales. Flujos financieros. Flujos de percepción.

Durante meses, el Estrecho de Ormuz funcionó como una herramienta de coerción estratégica capaz de afectar simultáneamente a Asia, Europa y América.

El acuerdo alcanzado busca restablecer la navegación y reducir la incertidumbre que afectó al comercio marítimo internacional. Más allá de las cláusulas específicas que finalmente entren en vigor, la crisis dejó una lección difícil de ignorar:

En el siglo XXI, controlar un flujo puede ser más importante que controlar un territorio.

La misma lección que vemos en el crimen organizado

Existe una conexión conceptual entre este conflicto y muchos de los fenómenos que analizamos habitualmente en materia de seguridad y crimen organizado.

Durante años, gobiernos de todo el mundo concentraron enormes esfuerzos en capturar líderes criminales creyendo que la eliminación de una persona resolvería el problema.

La realidad demostró otra cosa. Las organizaciones sobrevivían porque el sistema permanecía intacto. Con los conflictos internacionales ocurre algo similar. La eliminación de capacidades militares no necesariamente modifica las estructuras políticas, económicas y sociales que sostienen una confrontación.

La verdadera pregunta ya no es quién destruyó más objetivos.

La verdadera pregunta es qué sistema emergió después del conflicto.

Esta misma lógica inspiró recientemente una reflexión que publiqué sobre la lucha contra el crimen organizado: el error más costoso no es prepararse para la amenaza actual, sino seguir preparándose para la amenaza anterior mientras la próxima ya está tomando forma.

La geopolítica, como el crimen organizado, es un fenómeno de adaptación permanente.

La próxima guerra ya comenzó

El acuerdo entre Estados Unidos e Irán reduce significativamente el riesgo inmediato de una confrontación regional mayor.

Pero sería un error interpretar este acuerdo como el final de la crisis. Los elementos estructurales permanecen. El programa nuclear iraní continúa siendo objeto de negociación. Las sanciones siguen formando parte de la ecuación estratégica.

Israel mantiene preocupaciones sobre la proyección regional iraní. Las alianzas regionales continúan reconfigurándose. Las capacidades militares serán reconstruidas.

Los aprendizajes operacionales serán estudiados. Las doctrinas evolucionarán. Los sistemas se adaptarán.

Por eso, la verdadera conclusión no es que la guerra terminó.

La verdadera conclusión es que la fase militar terminó.

Ahora comienza la fase política.

Y como ocurre con frecuencia en la geopolítica contemporánea, el resultado final no dependerá de quién ganó la última batalla. Dependerá de quién sea capaz de construir el sistema que sobreviva a la próxima. Porque la historia demuestra que destruir capacidades puede ganar batallas.

Modificar sistemas es lo que gana guerras.


Fernando Vaccotti

Capitán de Navío (R) | PhD en Ciencias Políticas

Analista en Seguridad, Inteligencia y Geopolítica

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“Entender el presente para anticipar el futuro y proteger lo que realmente importa: las personas.”

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Autor: Fernando Vaccotti

Former Field Security Officer OIM AMCA Venezuela. Consultor Privado en FV Consulting. Experto en Seguridad Internacional. Security Consulting Services & Solutions. Consultor Experto en Seguridad WFP (Programa Mundial de Alimentos ONU). Field Security Officer en OIM ONU -Migración. Soluciones en Seguridad Multidimensional. Pensando soluciones fuera de la caja. Out of box thinking.

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