ONU 2026: el mundo vuelve a Nueva York

La 81.ª Asamblea General ante un sistema internacional en transformación

Cada septiembre, durante algunos días, Nueva York se convierte en el centro político del mundo. Presidentes, primeros ministros, cancilleres y delegaciones de prácticamente todos los Estados se concentran alrededor de un edificio a orillas del East River que representa, desde hace más de ocho décadas, una de las mayores apuestas de la humanidad por administrar colectivamente sus diferencias: las Naciones Unidas.

Este año el encuentro adquiere una dimensión particular. La 81.ª sesión de la Asamblea General comenzó formalmente el 8 de septiembre y se extenderá hasta septiembre de 2027. Su momento de máxima visibilidad comenzará el martes 22, cuando se abra el Debate General, previsto hasta el 26 de septiembre y nuevamente el día 28. Cerca de 130 jefes de Estado y de Gobierno tienen prevista su presencia en Nueva York. (Organización de las Naciones Unidas)

Pero la Asamblea de 2026 se reúne en un escenario considerablemente diferente al de apenas unos años atrás. Guerras prolongadas, enfrentamientos en Medio Oriente, Ucrania, tensiones alrededor de Irán, crisis humanitarias, competencia entre grandes potencias, aceleración de la inteligencia artificial, cambio climático y una creciente discusión sobre la capacidad del multilateralismo para responder a un sistema internacional en transformación conforman el telón de fondo.

Hay un elemento particularmente interesante dentro del primer pilar: la Presidencia de la AG ha incluido expresamente entre sus iniciativas al crimen organizado transnacional, mencionando narcotráfico, trata de personas, criminalidad forzada vinculada a centros de estafas digitales y lavado de activos. (Organización de las Naciones Unidas⁠)

El propio secretario general, António Guterres, describió en vísperas de la reunión una era de “profunda incertidumbre” e identificó tres amenazas existenciales: una inteligencia artificial fuera de control, la crisis climática y el crecimiento de las desigualdades. Al mismo tiempo, volvió a reclamar desescalada y diplomacia en Medio Oriente y un alto el fuego entre Rusia y Ucrania. (Organización de las Naciones Unidas)

La pregunta que sobrevolará Nueva York, por lo tanto, probablemente será más profunda que cualquiera de los conflictos individuales: ¿continúa teniendo el sistema internacional construido después de 1945 capacidad suficiente para administrar el mundo de 2026?

Qué es realmente Naciones Unidas

La ONU nació oficialmente el 24 de octubre de 1945, después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial. Su arquitectura respondió inevitablemente a la distribución de poder existente en aquel momento.

Actualmente reúne a 193 Estados miembros y posee seis órganos principales: la Asamblea General, el Consejo de Seguridad, el Consejo Económico y Social —ECOSOC—, la Corte Internacional de Justicia, la Secretaría y el Consejo de Administración Fiduciaria, que suspendió sus operaciones regulares en 1994.

Alrededor de esta estructura funciona además el enorme Sistema de Naciones Unidas: fondos, programas y organismos especializados que intervienen en desarrollo, salud, alimentación, refugiados, educación, infancia, migraciones, asistencia humanitaria y numerosas otras áreas.

Es importante hacer esta distinción porque frecuentemente hablamos de “la ONU” como si fuera un actor único. No lo es.

La Asamblea General, el Consejo de Seguridad, la Secretaría, la Corte Internacional de Justicia o las diferentes agencias poseen competencias y capacidades diferentes. Cuando escuchamos que “la ONU decidió” algo, la primera pregunta debería ser siempre: ¿qué órgano de Naciones Unidas lo decidió?

La Asamblea General: 193 Estados, 193 votos

La Asamblea General es el principal órgano deliberativo, representativo y de formulación política de Naciones Unidas. En ella están representados los 193 Estados miembros y cada uno dispone de un voto.

Estados Unidos tiene un voto. China tiene un voto. Uruguay tiene un voto. Tuvalu también.

Esa igualdad jurídica entre Estados constituye una de las características esenciales de la Asamblea y explica buena parte de su legitimidad política. Su trabajo se desarrolla en sesiones plenarias y a través de seis comisiones principales que abarcan Desarme y Seguridad Internacional; asuntos Económicos y Financieros; cuestiones Sociales, Humanitarias y Culturales; Política Especial y Descolonización; asuntos Administrativos y Presupuestarios; y cuestiones Jurídicas. (Organización de las Naciones Unidas)

Pero igualdad jurídica no significa igualdad de poder.

Y allí aparece una de las grandes contradicciones del sistema.

Asamblea General y Consejo de Seguridad

La Asamblea puede debatir prácticamente cualquier cuestión comprendida dentro de la Carta, aprobar resoluciones, establecer posiciones políticas, aprobar el presupuesto, elegir integrantes de determinados órganos y contribuir al desarrollo progresivo de normas internacionales.

Sin embargo, sus resoluciones generalmente no poseen la misma fuerza jurídica vinculante que determinadas decisiones adoptadas por el Consejo de Seguridad conforme a la Carta.

El Consejo tiene solamente quince miembros. Cinco son permanentes —Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido— y disponen del derecho de veto en las decisiones sustantivas. Los otros diez son elegidos por períodos de dos años.

Aquí encontramos una de las tensiones estructurales que acompañan a Naciones Unidas desde hace décadas: la Asamblea representa la universalidad del sistema; el Consejo de Seguridad refleja en buena medida la distribución del poder surgida de la Segunda Guerra Mundial.

Cuando las grandes potencias logran acuerdos, el sistema puede actuar. Cuando sus intereses estratégicos colisionan, especialmente dentro del Consejo, aparecen bloqueos que proyectan sobre toda la Organización una sensación de impotencia.

No necesariamente significa que Naciones Unidas haya dejado de funcionar. Significa también que Naciones Unidas refleja las fracturas del propio sistema internacional.

Lo que realmente ocurre en Nueva York

Reducir la Asamblea General a la sucesión de discursos pronunciados desde el famoso podio verde sería un error.

El Debate General es solamente la parte visible.

Durante la Semana de Alto Nivel, Nueva York se transforma en una gigantesca plataforma diplomática. Se producen reuniones bilaterales, encuentros regionales, negociaciones, cumbres paralelas, contactos entre adversarios, conversaciones reservadas, construcción de coaliciones y coordinación de posiciones.

Muchas veces, una reunión de treinta minutos realizada en una habitación secundaria puede resultar estratégicamente más significativa que un discurso de veinte minutos pronunciado ante la Asamblea.

La 81.ª sesión estará presidida por Khalilur Rahman, de Bangladesh, bajo un lema que parece cuidadosamente elegido para el momento histórico: “Restaurar la confianza, gestionar la transformación: unas Naciones Unidas que cumplan para todos”. (Organización de las Naciones Unidas)

Seis grandes ejes para 2026

La Presidencia de la Asamblea estructuró su programa alrededor de seis pilares interconectados: paz, seguridad y justicia; desarrollo sostenible; resiliencia climática; derechos humanos y protección humanitaria; innovación, gobernanza digital e inteligencia artificial; y renovación del multilateralismo y reforma de Naciones Unidas.

Hay un elemento particularmente interesante dentro del primer pilar: la Presidencia ha incluido expresamente entre sus iniciativas al crimen organizado transnacional, mencionando narcotráfico, trata de personas, criminalidad forzada vinculada a centros de estafas digitales y lavado de activos. (Organización de las Naciones Unidas)

No es un detalle menor.

Durante demasiado tiempo el crimen organizado fue tratado fundamentalmente como un problema interno de seguridad pública. Hoy las organizaciones criminales atraviesan fronteras, utilizan mercados financieros, criptomonedas, puertos, cadenas logísticas y plataformas digitales y explotan las diferencias jurisdiccionales entre Estados.

La seguridad internacional del siglo XXI ya no puede analizarse exclusivamente mediante guerras entre Estados.

Una agenda formal y otra geopolítica

La agenda oficial de la Semana de Alto Nivel será extensa.

El 18 de septiembre se realizó el Momento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El Debate General comenzará el 22. El día 23 habrá encuentros sobre el Derecho al Desarrollo y acción climática y transición justa; el 24 se abordará la amenaza del aumento del nivel del mar; el 25 tendrá lugar una reunión de alto nivel sobre prevención y respuesta frente a pandemias; el 28 se conmemorarán los 25 años de la Declaración y Programa de Acción de Durban; y el 29 tendrá lugar la reunión dedicada a la eliminación total de las armas nucleares. (Organización de las Naciones Unidas)

Pero sobre esa agenda institucional se superpondrá inevitablemente otra: la agenda del poder.

Ucrania seguirá siendo uno de sus grandes escenarios. También Medio Oriente, Gaza y la cuestión palestina, las tensiones vinculadas a Irán y la seguridad de las grandes rutas marítimas. La propia participación palestina ya llegó a la Asamblea antes de comenzar el Debate General: el 17 de septiembre fue aprobado un mecanismo que permite la participación virtual de la delegación palestina en determinadas actividades de alto nivel ante las restricciones que impiden su participación presencial. (Prensa de la ONU)

A ello deberán agregarse la competencia estratégica entre Estados Unidos y China, el futuro del control de armamentos, la proliferación nuclear, la transformación tecnológica y la discusión sobre quién establecerá las reglas internacionales de la inteligencia artificial.

La IA, en particular, comienza a adquirir una dimensión comparable a los grandes debates regulatorios del pasado. La tecnología está avanzando a una velocidad muy superior a la capacidad de los Estados y las organizaciones internacionales para construir mecanismos comunes de gobernanza.

El problema de fondo: 1945 frente a 2026

Quizás allí se encuentre el verdadero debate de esta Asamblea.

La ONU no solamente enfrenta una acumulación excepcional de crisis. Enfrenta una transformación del sistema internacional.

La arquitectura institucional de 1945 nació de un mundo dominado por las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial. Ochenta años después existen nuevos centros de poder, nuevas potencias económicas y demográficas, nuevas coaliciones y un llamado cada vez más intenso a una mayor representación del llamado Sur Global.

India, África, Brasil y otras potencias emergentes plantean desde diferentes perspectivas la necesidad de adaptar las instituciones internacionales. Paralelamente, organizaciones y agrupamientos alternativos adquieren mayor protagonismo.

La discusión sobre la reforma del Consejo de Seguridad es, por ello, mucho más que una cuestión burocrática. Es una discusión acerca de quién tiene representación, quién decide y cómo se distribuye el poder dentro del sistema internacional.

La propia agenda de la Presidencia reconoce esta cuestión y coloca la renovación del multilateralismo y la reforma denominada UN80 entre sus seis pilares fundamentales. (Organización de las Naciones Unidas)

¿Qué debemos esperar?

Sería probablemente un error esperar de Nueva York una gran solución inmediata a las guerras que atraviesan el planeta.

La Asamblea General no es un gobierno mundial.

Pero tampoco debería medirse exclusivamente por su capacidad de detener una guerra.

Durante algunos días estarán reunidos prácticamente todos los centros de decisión política del planeta. Allí podremos observar qué conflictos concentran la atención internacional, qué alianzas se fortalecen, qué diferencias aparecen, qué países buscan mayor protagonismo y qué conceptos comienzan a instalarse en el lenguaje internacional.

Y quizá allí esté la verdadera importancia de la 81.ª Asamblea General.

Nueva York será durante una semana mucho más que el escenario de una sucesión de discursos. Será una fotografía excepcional del poder mundial en movimiento.

El desafío para Naciones Unidas será demostrar que puede hacer algo más que fotografiarlo.

Porque la pregunta que comienza a instalarse ya no es solamente cómo resolver Ucrania, Gaza, las crisis humanitarias, la carrera tecnológica o el cambio climático.

Es mucho más incómoda:

¿puede una arquitectura internacional concebida en 1945 gobernar las transformaciones estratégicas de 2026?

Durante los próximos días, en Nueva York, comenzaremos a conocer algunas de las respuestas.

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Autor: Fernando Vaccotti

Former Field Security Officer OIM AMCA Venezuela. Consultor Privado en FV Consulting. Experto en Seguridad Internacional. Security Consulting Services & Solutions. Consultor Experto en Seguridad WFP (Programa Mundial de Alimentos ONU). Field Security Officer en OIM ONU -Migración. Soluciones en Seguridad Multidimensional. Pensando soluciones fuera de la caja. Out of box thinking.

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