LA MULTINACIONAL DE LA COCAÍNA

Las mafias balcánicas y la nueva arquitectura del narcotráfico en Latinoamérica

Durante décadas construimos una imagen relativamente sencilla del narcotráfico latinoamericano. La cocaína se producía principalmente en Colombia, Perú y Bolivia; grandes organizaciones criminales controlaban las rutas; México constituía una plataforma fundamental hacia Estados Unidos y los carteles aparecían como enormes estructuras verticales capaces de dominar territorios, corromper instituciones y administrar prácticamente toda la cadena del negocio.

Ese modelo no desapareció. Pero está dejando de explicar por sí solo lo que está ocurriendo.

Como venimos exponiendo reiteradamente, el narcotráfico del siglo XXI comienza a parecerse menos a un cartel tradicional y mucho más a una corporación criminal transnacional organizada en red.

Un reciente trabajo del periodista de investigación Arturo Torres para Diálogo Político, titulado Redes con poder: ¿Cómo opera la mafia albanesa en Latinoamérica?, permite observar con claridad esa transformación.

En menos de una década, organizaciones vinculadas con Albania, Serbia y Montenegro incrementaron significativamente su presencia en Latinoamérica y lograron establecer conexiones directas entre las zonas productoras de cocaína y los grandes mercados europeos.

No vinieron solamente a comprar droga. Vinieron a integrarse al negocio.

Ecuador: la plataforma perfecta

El caso ecuatoriano es probablemente uno de los mejores ejemplos para comprender la transformación.

Ecuador no es uno de los grandes productores mundiales de cocaína. Su importancia deriva fundamentalmente de otra condición: su posición geográfica y su infraestructura logística.

Está situado entre Colombia y Perú, dos de los principales productores mundiales, dispone de una importante industria exportadora y posee puertos conectados con las grandes rutas comerciales internacionales.

Banano, camarones y otros productos salen diariamente hacia Europa. Y dentro de ese enorme flujo legal también puede viajar cocaína.

Las redes balcánicas comprendieron rápidamente el valor estratégico de esta infraestructura. Empresarios vinculados con el narcotráfico comenzaron a establecerse en Ecuador, desarrollar empresas, generar contactos locales y conectarse con organizaciones criminales capaces de garantizar almacenamiento, transporte, seguridad y acceso a los puertos.

El resultado fue una transformación profunda.

Ecuador pasó progresivamente de ser un país de tránsito a convertirse en uno de los principales nodos logísticos del narcotráfico internacional.

El caso Gjika

Uno de los ejemplos más significativos es el del albanés Dritan Gjika.

Las autoridades ecuatorianas lo han señalado como líder de una poderosa estructura dedicada al tráfico de cocaína y lavado de activos. Tras permanecer prófugo, fue detenido en Abu Dabi en mayo de 2025.

Las investigaciones permiten observar algo mucho más importante que la trayectoria individual de un narcotraficante. Permiten observar el modelo de negocio.

Según investigaciones judiciales y periodísticas, la organización vinculada a Gjika utilizaba empresas legales para exportar productos desde Ecuador hacia Europa mientras mantenía conexiones con proveedores colombianos y estructuras ecuatorianas encargadas de mover, almacenar e introducir cocaína en contenedores.

La investigación alcanzó además a los Emiratos Árabes Unidos, señalados como parte del circuito utilizado para el lavado de dinero.

La geografía criminal resultante resulta reveladora: Colombia – Ecuador – Europa – Emiratos Árabes Unidos – sistema financiero y economía legal.

Ya no estamos frente a un problema estrictamente latinoamericano, estamos frente a una cadena global de valor criminal.

Del cartel a la red

Aquí aparece probablemente el cambio más importante. Los grandes carteles tradicionales intentaban controlar buena parte de la cadena: producción, transporte, territorio, violencia, distribución y protección política. Las nuevas redes criminales pueden funcionar de otra manera. Un productor colombiano suministra la cocaína. Una organización ecuatoriana transporta la mercancía y otra estructura controla depósitos.

Un operador corrupto facilita el acceso al puerto, un empresario aparentemente legal proporciona una exportación y una organización balcánica financia la operación.

Otra célula recibe el cargamento en Rotterdam, Amberes, Hamburgo o Algeciras.

Especialistas financieros lavan posteriormente las ganancias.

Ninguno necesita controlar todo.

Cada actor controla una parte del sistema y eso vuelve a estas organizaciones particularmente resistentes. Cuando una célula cae, la red puede reemplazarla. Cuando un puerto aumenta los controles, aparece otro. Cuando una ruta se vuelve peligrosa, el flujo se desplaza. Cuando una organización local pierde territorio, otra puede asumir el servicio.

Esto conforma una lógica empresarial aplicada al crimen organizado.

La economía explica buena parte de la expansión

También existe una razón elemental: el dinero.

El informe de Torres señala que un kilogramo de cocaína que puede costar aproximadamente 2.500 dólares en Ecuador alcanza alrededor de 35.000 dólares en Europa y puede llegar a unos 150.000 dólares en Australia.

La distancia multiplica el riesgo,pero también multiplica extraordinariamente la rentabilidad.

Por eso el mercado mundial de cocaína ya no puede analizarse exclusivamente desde la tradicional relación Sudamérica–Estados Unidos. Europa se convirtió en un enorme mercado y las organizaciones criminales comprendieron que podían aumentar sus márgenes eliminando intermediarios.

Los grupos balcánicos fueron particularmente eficientes en ese proceso. En lugar de esperar la llegada de la cocaína a Europa, fueron hacia la fuente y se instalaron en Latinoamérica, construyeron relaciones con productores, crearon empresas, identificaron puertos, desarrollaron redes de corrupción, y comenzaron a controlar segmentos completos de la cadena logística.

Una multinacional criminal

Existe otra característica que merece atención. No estamos hablando exclusivamente de albaneses. El éxito de las redes balcánicas está atrayendo también organizaciones vinculadas con otros países europeos y euroasiáticos. Las investigaciones internacionales han documentado la presencia o interés de organizaciones italianas, turcas, rusas y de otras procedencias en los mercados latinoamericanos de cocaína.

La histórica ‘Ndrangheta italiana constituye quizás el ejemplo más conocido de una organización europea capaz de establecer relaciones directas con proveedores latinoamericanos. Pero el fenómeno está creciendo y eso genera una estructura criminal cada vez más parecida a un ecosistema empresarial internacional. Hay productores, transportistas, intermediarios, financistas, especialistas en lavado, operadores portuarios, empresas legales, funcionarios corruptos, sicarios y expertos tecnológicos.

Cada uno presta un servicio dentro de una enorme economía criminal.

Por eso probablemente debamos abandonar progresivamente una pregunta que durante décadas dominó el análisis: ¿Cuál es el cartel que controla el narcotráfico?

La pregunta correcta comienza a ser otra: ¿Qué redes están conectadas entre sí y qué función cumple cada una dentro del sistema?

Ecuador como advertencia regional

La experiencia ecuatoriana contiene además una advertencia para el resto de Latinoamérica.

El crimen organizado internacional no necesita necesariamente conquistar un país.

Le alcanza con identificar vulnerabilidades. Un puerto permeable. Una empresa exportadora. Un funcionario corruptible. Una zona fronteriza poco controlada. Un sistema financiero atractivo. Una organización criminal local dispuesta a prestar servicios. Una infraestructura logística eficiente.

La paradoja es evidente: las mismas estructuras que permiten funcionar a la economía global pueden ser utilizadas por la economía criminal global.

Carreteras, puertos, aeropuertos, zonas francas, empresas de logística, contenedores y sistemas financieros constituyen simultáneamente infraestructura económica y potencial infraestructura criminal.

La globalización no solamente conectó mercados. También conectó organizaciones criminales.

La próxima frontera

Aquí aparece una pregunta que Latinoamérica debería comenzar a formularse.

Si las organizaciones balcánicas pudieron instalarse en Ecuador y establecer corredores directos hacia Europa; si organizaciones brasileñas como el Primeiro Comando da Capital expandieron sus conexiones internacionales; si los grandes puertos sudamericanos forman parte de las cadenas logísticas globales; y si la cocaína continúa buscando rutas alternativas cada vez que aumenta la presión sobre un corredor conocido, entonces resulta difícil imaginar que esta transformación termine en Ecuador.

La verdadera cuestión es hacia dónde se desplazará ahora la red.

Brasil aparece inevitablemente en el mapa. También Paraguay, Argentina, la Hidrovía Paraná–Paraguay y los puertos del Atlántico Sur.

Y finalmente Uruguay.

No porque Uruguay deba ser presentado automáticamente como un gran centro internacional del narcotráfico. Ese tipo de afirmaciones requiere evidencia.

Pero precisamente por eso corresponde formular la pregunta antes de que la respuesta resulte evidente.

Montevideo posee puerto, zonas francas, conexiones internacionales, servicios financieros, infraestructura logística y proximidad con dos de las mayores economías sudamericanas. Al norte se encuentra Brasil, donde operan organizaciones criminales con creciente capacidad transnacional. Más arriba aparece Paraguay, pieza relevante de diferentes mercados ilícitos regionales.

La geografía existe, la infraestructura existe, las redes regionales existen. Lo que debemos determinar es hasta dónde han comenzado a conectarse.

Porque quizás el próximo capítulo del narcotráfico latinoamericano ya no consista en estudiar únicamente a los grandes carteles.

Consista en comprender una enorme red donde productores sudamericanos, organizaciones brasileñas, operadores portuarios, mafias europeas, intermediarios financieros y empresas aparentemente legales pueden encontrarse a miles de kilómetros de distancia sin pertenecer a una misma organización.

Una verdadera multinacional de la cocaína.

Y allí surge inevitablemente la siguiente pregunta: ¿Qué lugar ocupa el Cono Sur – y particularmente Uruguay – dentro de esta nueva arquitectura criminal?

Ese será el tema del próximo análisis.

Fernando Vaccotti

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Autor: Fernando Vaccotti

Former Field Security Officer OIM AMCA Venezuela. Consultor Privado en FV Consulting. Experto en Seguridad Internacional. Security Consulting Services & Solutions. Consultor Experto en Seguridad WFP (Programa Mundial de Alimentos ONU). Field Security Officer en OIM ONU -Migración. Soluciones en Seguridad Multidimensional. Pensando soluciones fuera de la caja. Out of box thinking.

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