Hace tiempo venimos señalando que el problema de la seguridad en Uruguay no puede analizarse únicamente a partir de la cantidad de homicidios, rapiñas o incautaciones.
También debemos observar cómo están cambiando las capacidades de quienes delinquen.
Una cámara de seguridad registró esta semana en Capurro a delincuentes durante una rapiña. Uno de ellos portaba lo que distintos medios uruguayos han identificado como un fusil de asalto.
La imagen merece atención.
No porque un fusil aislado transforme por sí solo el escenario de seguridad nacional (van varios en el último lustro) , sino porque no estamos ante un episodio completamente aislado.
A fines de julio, después de una balacera en Marconi, la Policía detuvo a un adolescente de apenas 14 años que portaba un AR-15.


Hace tiempo venimos advirtiendo prospectivamente sobre tres fenómenos que considero especialmente relevantes:
1. mayor disponibilidad de armas de alto poder
2. circulación ilícita de armamento
3. incremento progresivo de las capacidades criminales.
Cuando formulamos escenarios prospectivos no estamos intentando predecir exactamente dónde o cuándo ocurrirá el próximo episodio.
Intentamos identificar tendencias antes de que se consoliden.
Y algunas señales comienzan a materializarse.
Uruguay todavía está a tiempo de impedir que la presencia de armas largas en manos criminales pase de ser excepcional a convertirse en una nueva normalidad.

El interrogante estratégico ya no debería ser solamente cuántas armas incautamos.
Deberíamos preguntarnos:
¿De dónde vienen? ¿Cómo ingresan? ¿Quién las distribuye? ¿Quién las compra? ¿Qué organizaciones están aumentando su poder de fuego? ¿Y qué capacidad de trazabilidad e inteligencia tenemos para anticiparnos?

Ya hemos escrito y hablado sobre las rutas y los orígenes de las armas del mercado negro.
El problema no es solamente el fusil de Capurro.
El problema sería descubrir dentro de algunos años que Capurro, Marconi y otros episodios eran las primeras señales visibles de una transformación que ya estaba ocurriendo.