ELN: LA BATALLA POR EL SISTEMA

Catatumbo, Venezuela y la nueva ofensiva del Estado colombiano

El problema del ELN ya no puede explicarse solamente como una insurgencia que desafía al Estado colombiano. Tampoco alcanza con definirlo como una organización criminal financiada por el narcotráfico. El escalón siguiente obliga a observar algo más complejo: un sistema de poder territorial, económico y transfronterizo que aprendió a sobrevivir a gobiernos, negociaciones, operaciones militares y cambios en el escenario regional. La ofensiva iniciada por el gobierno de Abelardo De La Espriella abre ahora una pregunta diferente: ¿puede Colombia destruir el sistema que hace posible al ELN?

De combatir una organización a desmontar un sistema

Durante décadas, buena parte de la discusión sobre el Ejército de Liberación Nacional estuvo condicionada por una pregunta esencialmente militar: cuántos hombres tiene, dónde están sus frentes, quiénes son sus comandantes y cuál es su capacidad de combate.

La pregunta sigue siendo necesaria, pero resulta insuficiente.

El ELN contemporáneo combina insurgencia, economía criminal, control territorial, coerción sobre comunidades, redes logísticas y capacidad de operar a través de una frontera internacional. Su estructura descentralizada, que en determinados momentos dificultó incluso sus propios procesos de negociación, constituye también una importante fuente de resiliencia.

Por eso abatir combatientes no necesariamente destruye la organización; eliminar un comandante no elimina automáticamente la red; destruir un campamento no neutraliza un corredor; incautar cocaína no termina con la economía que la produce; recuperar temporalmente un territorio tampoco significa gobernarlo.

La secuencia es más compleja:

ECONOMÍA CRIMINAL – TERRITORIO – CORREDORES – GOBERNANZA – FINANCIACIÓN – CAPACIDAD ARMADA – PODER

Es ese sistema, y no solamente sus combatientes, el que Colombia comienza nuevamente a enfrentar.

Catatumbo: mucho más que territorio

Catatumbo es probablemente uno de los mejores lugares para comprender esta transformación.

Su importancia no surge exclusivamente de la presencia del ELN. Allí convergen cultivos de coca, narcotráfico, contrabando, rutas clandestinas, estructuras armadas, comunidades sometidas a diferentes formas de presión y una frontera venezolana que multiplica las posibilidades de movilidad y supervivencia.

El territorio se convierte así en infraestructura.

Quien controla caminos, pasos fronterizos, economías ilegales y poblaciones no necesita ejercer soberanía en el sentido clásico. Necesita disponer de suficiente capacidad para decidir quién circula, quién produce, quién paga, quién comercia y quién puede permanecer.

Eso también es poder.

La Agencia de Asilo de la Unión Europea estimó recientemente que el ELN dispone de entre 6.000 y 8.000 combatientes y definió la frontera Colombia–Venezuela como su corredor estratégico más importante para su financiación, supervivencia y proyecto político-militar. La organización mantiene además una presencia relevante del lado venezolano, particularmente en Zulia, Táchira, Apure y Amazonas. (European Union Agency for Asylum)

Catatumbo, por tanto, no debería observarse como una periferia conflictiva de Colombia.

Es un nodo estratégico de un sistema transfronterizo.

El regreso de la iniciativa militar

El gobierno de Abelardo De La Espriella parece haber decidido modificar la ecuación.

Durante su primer mes, la Fuerza Pública incrementó las operaciones contra estructuras armadas y economías criminales. Dentro de ellas aparece la Operación Beta contra el ELN en Catatumbo, desarrollada mediante inteligencia previa, despliegue de tropas y ataques aéreos de precisión, según el balance oficial del Gobierno. También se ejecutaron operaciones contra otras estructuras armadas en Guaviare y diferentes regiones del país. (Presidencia)

Pero quizás más significativa que las cifras sea la definición política del objetivo.

Después del reciente ataque del ELN contra instalaciones militares en Ocaña, De La Espriella anunció una nueva estrategia para Catatumbo orientada explícitamente contra estructuras, cabecillas, finanzas y economías ilícitas. (Presidencia)

El lenguaje importa.

Si esa definición se transforma efectivamente en doctrina operacional, Colombia estaría intentando pasar de la persecución del actor armado al ataque simultáneo contra los componentes que permiten su reproducción.

Las operaciones desarrolladas durante agosto ya ofrecen algunas señales. En Putumayo y Norte de Santander, acciones contra estructuras del ELN y otros grupos permitieron incautar o destruir más de 4,5 toneladas de cocaína, además de base de coca e infraestructura asociada. (Presidencia)

La batalla comienza entonces a desplazarse del combatiente hacia el ecosistema.

Tecnología y adaptación

Pero el ELN tampoco permanece inmóvil.

El ataque contra el cantón militar El Trapiche, en Ocaña, constituye una advertencia. El Ejército atribuyó al ELN una acción realizada con drones y posteriormente acompañada por un enfrentamiento armado, que provocó la muerte de militares y varios heridos. (AP News)

El episodio importa más allá de su resultado táctico.

La incorporación de UAVs comerciales adaptados, explosivos, comunicaciones modernas y estructuras dispersas reduce parcialmente algunas ventajas tradicionales de las fuerzas regulares. Un pequeño grupo puede observar, hostigar o atacar una posición militar sin concentrar grandes cantidades de combatientes.

La asimetría cambia.

Frente a inteligencia, ISR, aviación, operaciones especiales y capacidad de ataque de precisión del Estado aparece un adversario que responde mediante dispersión, conocimiento territorial, redes clandestinas, explosivos, drones y economías ilegales.

La confrontación comienza a adquirir características propias de las guerras contemporáneas: sensores contra ocultamiento, precisión contra dispersión, tecnología contra adaptación y Estado contra redes.

Venezuela: la profundidad del problema

Aquí aparece probablemente la variable más difícil.

Colombia puede aumentar operaciones en Norte de Santander. Puede bombardear campamentos, neutralizar comandantes, destruir laboratorios y recuperar corredores. Pero la frontera introduce una profundidad estratégica que ningún análisis serio sobre el ELN debería ignorar.

No se trata únicamente de refugio.

El espacio fronterizo permite movilidad, abastecimiento, financiación, economías ilícitas, conexiones sociales y capacidad para absorber presión militar de un lado desplazándose hacia otro. Informes recientes describen precisamente esa dimensión binacional adquirida por la organización. (European Union Agency for Asylum)

Por eso aparece la pregunta incómoda:

¿Puede Colombia desarticular completamente un sistema armado transfronterizo actuando fundamentalmente sobre uno de los lados de la frontera?

Probablemente allí se encuentre uno de los mayores desafíos estratégicos de la nueva ofensiva.

Washington vuelve a la ecuación

Existe además un cambio externo que no puede separarse del escenario.

La visita del secretario de Estado Marco Rubio a Colombia confirmó una rápida profundización de la cooperación entre Bogotá y Washington. Estados Unidos anunció alrededor de US$1.000 millones en asistencia de seguridad, mientras ambos gobiernos estudian una cooperación más intensa contra el narcotráfico y organizaciones armadas como el ELN y remanentes de las FARC. Rubio señaló que el apoyo estadounidense estará centrado en inteligencia, entrenamiento y equipamiento, no en el despliegue de tropas estadounidenses. (Reuters)

Esto introduce otra dimensión.

La batalla por Catatumbo deja progresivamente de ser exclusivamente colombiana. Inteligencia, vigilancia, tecnología, cooperación regional y presión sobre las economías ilícitas pueden transformar la capacidad estatal para identificar y atacar nodos críticos.

Pero también aumenta la complejidad geopolítica de una confrontación desarrollada sobre una frontera históricamente sensible.

La batalla por el sistema

La nueva estrategia colombiana tendrá probablemente resultados militares. La superioridad material del Estado permite anticipar golpes contra campamentos, mandos, laboratorios y concentraciones armadas.

La cuestión estratégica comienza después.

Colombia podría ganar una sucesión de enfrentamientos y no ganar la guerra por el territorio.

Porque superioridad militar no significa automáticamente control territorial; control territorial no significa gobernanza; y gobernanza no existe si el Estado abandona nuevamente los espacios recuperados.

El verdadero desafío será reemplazar aquello que se pretende destruir.

Carreteras, justicia, policía, educación, inversión, inteligencia territorial, oportunidades económicas y presencia institucional permanente forman parte de la misma campaña. Si después del Ejército queda nuevamente un vacío, alguna estructura terminará ocupándolo.

Por eso Catatumbo puede convertirse en el laboratorio de la nueva política de seguridad colombiana.

No se trata solamente de comprobar cuánto puede golpear el gobierno de De La Espriella. Se trata de comprobar cuánto territorio puede recuperar, cuánto tiempo puede conservarlo y qué capacidad posee para transformar presencia militar en autoridad estatal sostenible.

El ELN aprendió durante décadas a sobrevivir al conflicto.

Ahora Colombia intenta cambiar las condiciones que hicieron posible esa supervivencia.

La batalla decisiva no será por destruir al combatiente. Será por destruir el sistema que lo reproduce y reemplazar el poder que ese sistema ejerce.

Ahí comienza otra guerra.

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Autor: Fernando Vaccotti

Former Field Security Officer OIM AMCA Venezuela. Consultor Privado en FV Consulting. Experto en Seguridad Internacional. Security Consulting Services & Solutions. Consultor Experto en Seguridad WFP (Programa Mundial de Alimentos ONU). Field Security Officer en OIM ONU -Migración. Soluciones en Seguridad Multidimensional. Pensando soluciones fuera de la caja. Out of box thinking.

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